00:05
Hola a todos y bienvenidos de nuevo a Historias de Terror. Sé que muchos de ustedes utilizan estos episodios para quedarse dormidos, así que, antes de que se entreguen al sueño, me encantaría que dejaran un comentario diciéndome desde dónde están escuchando en el mundo. Además, no olviden darle me gusta y suscribirse si están disfrutando de los episodios.
00:28
Gracias por estar aquí.
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Historia 1 Esto ocurrió hace unos 16 años, allá por el 2005.
00:42
Yo tenía apenas 10 años. Incluso ahora, siendo adulto, no me entusiasma el Halloween.
00:48
Entrego dulces, observo los disfraces, pero jamás adorno mi casa.
00:54
Simplemente no puedo hacerlo.
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Todo se remonta a aquella noche.
00:59
Unos días antes de Halloween, estaba en la escuela conversando con mi amiga, llamémosla Olivia.
01:06
Olivia era una chica completamente normal. Éramos compañeros de clase, compartíamos el almuerzo, intercambiábamos bocadillos, cosas típicas de niños de 10 años.
01:17
Mientras hablábamos sobre los disfraces que usaríamos, yo estaba emocionado, pero de repente ella cambió su expresión. Su rostro se puso serio, Muy serio, me miró fijamente y dijo, este año, en Halloween, tu vida va a cambiar.
01:36
Recuerdo que solté una risa, pensando que era una broma. ¿Qué podría pasar? ¿Acaso iba a ganar una barra de chocolate de un millón de dólares? Pero no, ella no sonreía. «Hablo en serio», me dijo. «Todo va a cambiar para ti».
01:54
Yo me encogí de hombros. Era raro, claro, pero los niños suelen decir cosas extrañas.
02:01
No le di más vueltas.
02:03
No volví a pensar en eso, al menos no hasta más tarde.
02:08
Llegó la noche de Halloween y todo parecía completamente normal.
02:13
Mi mamá llevó a mi hermano pequeño y a mí a pedir dulces por el vecindario. Era 2005, así que todavía existía Blockbuster.
02:22
Cuando terminamos con las bolsas llenas de caramelos, mi mamá decidió darnos un pequeño premio. Ir a rentar una película.
02:30
Recuerdo perfectamente el aroma de las cajas de plástico y del popcorn en aquel Blockbuster.
02:36
En ese entonces teníamos un Nissan Maxima azul oscuro, un sedán bastante nuevo para nosotros, que aún conservaba ese inconfundible olor a auto recién comprado.
02:47
De regreso a casa, íbamos conversando sobre qué película veríamos.
02:52
Habíamos rentado un par, pero la que elegimos fue La leyenda del zorro.
02:57
Al llegar, mi mamá decidió que sería mejor verla en su habitación.
03:01
Todos nos acomodamos en su cama, pero algo andaba mal con el reproductor de DVD.
03:07
Hacía un ruido raro, un chasquido continuo y la película no arrancaba.
03:12
Después de varios intentos, mi mamá se rindió.
03:16
Está bien, dijo.
03:18
Vamos a verla en la sala. Así que nos levantamos y fuimos a la sala de estar. Nuestra sala tenía un diseño abierto, conectaba con el comedor, y desde ahí se veía la cocina.
03:31
Teníamos una perrita mestiza, una pequeña terrier llamada Peggy.
03:36
Su camita y sus platos estaban en un rincón de la cocina, desde donde podía vigilarnos.
03:42
Colocamos el disco en el reproductor de la sala de estar y esta vez funcionó. Nos acomodamos en el sofá, volcamos las bolsas de dulces y comenzamos a ver la película.
03:52
Estaríamos a mitad de la historia, justo durante una gran escena de esgrima, cuando Peggy empezó a ladrar sin parar.
04:00
No era su ladrido habitual, ese que usaba cuando alguien tocaba la puerta.
04:05
Era un sonido agudo, frenético, insistente.
04:10
Intentamos mandarla callar. «Peggy, basta», le dijo mi mamá. Ella se levantó para mirar por la ventana delantera, pero no había nadie afuera.
04:21
Quizás sintió a un gato, dijo al volver a sentarse.
04:25
Pero Peggy no dejaba de ladrar. Estaba parada en su sitio, mirando la pared que daba al garaje.
04:33
Fijaba la vista ahí, como si viera algo invisible para nosotros. Y ladraba desesperada, como si su vida dependiera de ello.
04:42
No le dimos importancia. Como solía ladrar por cualquier cosa, simplemente subimos un poco el volumen del televisor.
04:50
Finalmente, la película terminó. Mientras pasaban los créditos, mi mamá se levantó, ya molesta pero con un toque de preocupación. —¿Qué te pasa, Peggy? —dijo, caminando hacia la cocina para revisar a la perrita.
05:07
Yo estaba concentrado juntando los envoltorios de mis dulces en una pila, cuando escuché el tono de pánico en su voz. ¡Ay, Dios mío, hay humo!
05:17
Alcé la vista. Ella señalaba la puerta del garaje. Una delgada línea negra de humo se filtraba por debajo.
05:25
Mi mamá no lo dudó ni un segundo.
05:28
Agarró a Peggy, la metió bajo su brazo y gritó, «Salgan, salgan de la casa, corran a la casa de al lado».
05:37
Y eso hicimos.
05:39
Ni siquiera me dio tiempo de ponerme los zapatos. Salimos disparados por la puerta principal y corrimos hasta el césped de los vecinos. Mi mamá golpeaba desesperada su puerta mientras gritaba que llamaran al 911.
05:52
En medio de todo el caos, Peggy se asustó. Logró zafarse del brazo de mi madre. Cayó al suelo y salió corriendo hacia la oscuridad. «¡Peggy!», grité.
06:04
Intenté correr tras ella, pero mi mamá me sujetó con fuerza.
06:09
«Tenemos que quedarnos aquí», me dijo llorando. «Yo solo tenía diez años, así que lo que vino después se siente como un sueño borroso, una pesadilla confusa.
06:21
Recuerdo estar dentro de la casa de los vecinos, mirando por la ventana hacia la nuestra.
06:27
Ya no era solo humo, llamas anaranjadas salían del garaje iluminando la noche».
06:33
Fue aterrador.
06:34
El fuego comenzó cerca de la medianoche. Aunque los bomberos llegaron rápido, a mí me pareció una eternidad.
06:42
Se escuchaban los cristales de las ventanas explotando por el calor. Tardaron unas cuatro horas en apagarlo todo por completo.
06:51
Mi papá no vivía con nosotros en ese tiempo, así que tardó un par de horas en llegar después de que mi mamá lo llamara.
06:58
Cuando finalmente apareció, se quedó junto a nosotros en la acera, observando cómo los bomberos rociaban agua sobre el esqueleto ennegrecido de lo que había sido nuestra casa.
07:09
Yo solo podía pensar en Peggy. Estaba convencido de que jamás la volvería a ver.
07:15
Sentado en la parte trasera del coche de mi papá, envuelto en una manta que los vecinos me habían prestado, me invadía el sueño.
07:23
Pero no podía dejar de llorar por mi perrita.
07:27
Cuando por fin el fuego se extinguió del todo, uno de los bomberos se acercó a hablar con mi papá.
07:33
Le preguntó si había algo importante dentro de la casa, algo que pudieran intentar recuperar.
07:39
mi papá asintió sí dijo dejé mi chaqueta buena en el armario del salón cuando estuve aquí ayer podrían buscarla el bombero asintió y junto a otro compañero entró con linternas pasaron unos minutos antes de que mi papá fuera a hablar con ellos cerca de la puerta principal yo seguía mirando por la ventana del coche con la mente completamente en blanco Entonces, de pronto, lo vi acercarse.
08:09
Abrió la puerta trasera del coche. En una mano traía su chaqueta, empapada y con un olor horrible a humo.
08:16
En la otra, tenía a Peggy. Estaba cubierta de ceniza y hollín, temblando de miedo.
08:23
Pero viva.
08:25
¡Viva!
08:26
Estallé en lágrimas de nuevo, abrazándola con todas mis fuerzas. ¿Dónde la encontraste? Preguntó mi mamá con la voz quebrada. En el sofá, respondió mi papá.
08:39
El sofá del salón estaba completamente calcinado.
08:43
Dijo que la había hallado acurrucada en una esquina, entre los resortes, justo donde solía dormir.
08:50
Había regresado al interior de la casa en llamas. pasando entre los bomberos para esconderse en el único lugar donde se sentía a salvo nuestro sofá no podía creerlo en medio de toda aquella tragedia ella estaba bien y aún con sólo 10 años supe que nos había salvado si no hubiera empezado a ladrar hacia el garaje habríamos ido a dormir sin notar nada el fuego se habría extendido al resto de la casa mientras dormíamos y habríamos quedado atrapados Mientras estábamos sentados dentro del coche, tratando de asimilar todo, una frase me golpeó la mente como un eco.
09:30
Este año, en Halloween, tu vida va a cambiar. Sentí un frío terrible en el estómago. Olivia había tenido razón. Mi vida había cambiado por completo.
09:43
Habíamos perdido la casa, todas nuestras cosas, todo, excepto la ropa que llevábamos puesta y nuestra perrita.
09:52
Pasaron unos días. Nos hospedábamos en un hotel mientras los investigadores del incendio terminaban su trabajo.
09:59
Los peritos ya habían inspeccionado la casa y llegaron a una conclusión escalofriante.
10:05
No había sido un accidente. El fuego había sido provocado. Alguien había rociado gasolina a lo largo de la puerta del garaje y luego la había prendido.
10:15
Era un incendio intencional. Una tarde, mientras hablaba con mi papá, No sé por qué. Le conté lo que Olivia me había dicho en la escuela. Al principio me miró confundido, como si pensara que era una ocurrencia infantil, pero seguí insistiendo. «Papá, te juro que me lo dijo. Me dijo que mi vida iba a cambiar en Halloween».
10:38
Entonces vi cómo su expresión cambiaba.
10:41
Algo se encendió en su mirada, como si una pieza del rompecabezas acabara de encajar.
10:47
resulta que hacía poco mi papá había instalado un nuevo sistema de cámaras de seguridad en la casa en 2005 eso era bastante inusual eran cámaras con cable en blanco y negro y él estaba muy orgulloso de su inversión el fuego había destruido casi todo el equipo pero el disco duro estaba guardado en una caja ignífuga dentro de su estudio que estaba en la parte opuesta del incendio Los investigadores lograron recuperar el disco. Días después, mi papá me contó lo que habían visto.
11:20
Se sentó conmigo y tenía el rostro completamente pálido.
11:25
Dijo que revisaron la grabación de la cámara que apuntaba hacia la entrada del garaje.
11:30
A eso de las once y treinta de la noche, mientras nosotros veíamos la leyenda del zorro, la cámara captó la silueta de una persona.
11:39
No se distinguía el rostro, la imagen era oscura y borrosa, pero se veía claramente que llevaba una botella en la mano.
11:48
La figura se acercó a nuestro garaje, dio una vuelta alrededor de la casa, observando, y luego regresó frente a la puerta.
11:56
Desenroscó la tapa de la botella y comenzó a verter el líquido, gasolina, por toda la base del portón.
12:04
Instantes después se vio un destello brillante cuando el fuego se encendió y la persona salió corriendo calle abajo.
12:12
Mi papá informó a la policía sobre lo que yo le había contado de Olivia y su inquietante predicción.
12:18
Los agentes fueron a su casa, la interrogaron en presencia de sus padres y, finalmente, lo confesó todo.
12:26
Olivia tenía 13 años. Admitió que estaba celosa de mí.
12:31
¿Celosa de qué exactamente?
12:33
No lo sé. De mi familia. De nuestro coche nuevo.
12:38
Aún hoy no tengo respuesta.
12:41
Primero dijo que solo quería que un amigo mayor suyo nos asustara un poco. Pero cuando los policías la presionaron, terminó revelando toda la verdad.
12:51
Le había pedido a ese adolescente que incendiara nuestra casa y que nos quemara vivos.
12:56
Esas fueron sus palabras exactas.
12:59
Quemarlos vivos.
13:01
La policía arrestó tanto a ella como al muchacho que encendió el fuego.
13:05
Nunca volví a ver a Olivia. Después de aquello, mi familia se mudó a otra ciudad.
13:12
Logramos reconstruir nuestras vidas, pero nada volvió a ser igual.
13:16
A veces, aún pienso en todo lo que ocurrió aquella noche.
13:20
En cómo, si el reproductor de DVD de mi mamá hubiera funcionado, habríamos estado en otra habitación, quizá dormidos, sin escuchar a Peggy ladrar, y probablemente jamás hubiéramos despertado.
13:34
Pienso también en cómo mi perrita percibió el peligro que nosotros no podíamos ver.
13:40
Y, sobre todo, pienso en que el monstruo de aquella noche no era un extraño enmascarado.
13:46
sino una niña normal, una compañera con la que compartía el almuerzo y reía en clase.
13:52
Eso es lo que realmente me persigue hasta hoy. No el fuego, no las llamas, sino saber que la verdadera amenaza no venía de una pesadilla, sino de una amiga.
14:09
Historia 2 He sido cabo de la policía estatal durante unos 15 años, la mayor parte del tiempo trabajando en una ciudad mediana de Michigan.
14:20
Mi nombre es Jeff Oldham, y sí, es probable que hayas visto ese nombre en algunos reportajes antiguos sobre este caso.
14:28
No suelo hablar mucho de lo que ocurrió, pero ya que preguntas, lo contaré tal como pasó, sin adornos, sin dramatismo inventado, solo lo que vi y sentí aquel día.
14:41
Era época de Halloween, finales de octubre, y todavía hoy todo aquello me perturba cuando las hojas empiezan a cambiar de color.
14:50
Primero déjame contarte algo sobre mis hijos. Tengo dos, Hazel, de ocho años, y Max, de cinco.
14:59
Ellos se vuelven locos con Halloween. Hazel adora los disfraces. Ese año quería ser una bruja, con todo el conjunto. Escoba y sombrero puntiagudo que compramos en una tienda de dólar.
15:12
Max, en cambio, tiene una obsesión con las calabazas.
15:16
Las dibuja por todas partes y me suplica cada noche, después de cenar, que tallamos una más.
15:23
Vivimos en un vecindario tranquilo, de esos donde todos decoran sus jardines con arañas falsas, lápidas de plástico y fantasmas inflables.
15:33
Ese año planeaba terminar mi turno temprano, alrededor de las cuatro de la tarde, para llevarlos a pedir dulces.
15:40
Le había prometido a Hazel que iríamos primero a las casas grandes de Elm Street, las que dan barras de chocolate tamaño completo. Y para Max tenía preparada una sorpresa, un disfraz de esqueleto fosforescente.
15:54
Después volveríamos a casa, veríamos una película de miedo para niños, tal vez Casper, y devoraríamos montones de risas. Iba a ser una noche divertida, familiar, para desconectar un poco del trabajo.
16:09
Aquel día, 29 de octubre.
16:12
No, espera, en realidad fue el 28, aunque ya todo estaba cubierto de decoraciones.
16:19
Comencé mi turno a las seis de la mañana, como de costumbre.
16:24
Pasé por la estación a buscar un café. Me registré con el despacho y salí a patrullar.
16:30
Era un típico día otoñal frío, con niebla baja sobre la carretera y hojas crujiendo bajo las llantas.
16:36
Nada fuera de lo normal.
16:39
Durante las primeras horas, todo transcurrió tranquilo.
16:43
Entregué un par de multas por exceso de velocidad y ayudé a un anciano a cambiar una llanta pinchada.
16:50
Pero a las nueve de la mañana, recibí una llamada desde County Road 12.
16:55
Una vía con bastante tránsito, casas a un lado y bosque al otro.
17:00
La voz al teléfono sonaba aterrada.
17:03
Hay un cuerpo colgando de un árbol frente a mi casa, dijo el vecino. Pensé que era una decoración, pero no se mueve como una de esas cosas.
17:13
Avisé por radio que me dirigía allí.
17:16
Encendí las luces del patrullero, pero no la sirena.
17:20
No quería causar un alboroto si al final resultaba ser otra decoración exagerada.
17:25
County Road 12 no es una autopista, pero tiene flujo constante.
17:30
Conductores que van al trabajo, autobuses escolares, camiones de reparto.
17:37
La gente pasa rápido, a unos 40 o 50 millas por hora, sin prestar demasiada atención al paisaje.
17:45
Al acercarme, entendí de inmediato lo que el vecino había querido decir.
17:50
En un gran roble junto al camino, a unos cuatro o cinco metros de altura, colgaba lo que parecía un maniquí suspendido de una rama gruesa con una cuerda al cuello.
18:01
El cuerpo se balanceaba levemente con la brisa. Estaba colocado en un punto visible, sin hojas que lo ocultaran. Imposible no verlo.
18:10
Detuve el coche, activé las luces de emergencia y me acerqué.
18:15
Incluso yo dudé por un segundo.
18:18
Faltaban pocos días para Halloween, y en esta zona la gente se esmera con las decoraciones.
18:24
Había visto montajes con cuerpos falsos, sogas, sangre artificial, hachas de plástico, de todo.
18:32
Pero algo no cuadraba.
18:34
El supuesto maniquí vestía ropa normal, jeans, sudadera gris con capucha, zapatillas. No tenía sangre falsa ni una expresión exagerada. Y la forma en que colgaba era demasiado real. El tono de la piel no brillaba como el plástico. se veía pálido a su lado grité hola hay alguien ahí nadie respondió me acerqué más y vi que la cuerda era auténtica de cáñamo con un nudo profesional no un adorno barato el estómago se me hundió avisé por radio para pedir refuerzos y la presencia del forense Trepé un poco por las ramas bajas para mirar de cerca.
19:18
Era una mujer.
19:20
Calcularía unos cuarenta y tantos años. Tenía los ojos abiertos. Una mirada vacía, sin pulso. El cuerpo frío. Llevaba horas allí. Aseguré la zona. Coloqué cinta policial para bloquear el paso y empecé a hablar con los vecinos mientras llegaba el equipo forense.
19:40
El primero con quien hablé fue el hombre que había hecho la llamada. Se llamaba Tom. Vivía justo enfrente, en una casa azul de un solo piso. Cuando me acerqué, estaba sacando un cigarrillo de su paquete con las manos temblando.
19:56
La vi mientras desayunaba, me dijo. Eran como las siete y media. Estaba comiendo mis huevos, mirando por la ventana.
20:05
Pensé que era una de esas decoraciones, ya sabe, como las que venden en Home Depot.
20:11
Su esposa incluso se había reído al verla.
20:14
Dijo que era espeluznante, pero buena para Halloween, añadió.
20:19
Asentí mientras tomaba notas. ¿Y no pensó en revisar? Le pregunté.
20:25
Él se encogió de hombros. ¿Para qué? Es la época del año. Los coches pasaban y nadie se detenía.
20:33
Si fuera real, alguien ya habría llamado antes. Y tenía razón. Varias personas la habían visto esa mañana. County Road 12 recibe bastante tráfico.
20:44
Padres dejando a sus hijos en la escuela. Trabajadores yendo a la fábrica del centro.
20:50
Todos pasaron frente a ese árbol sin detenerse.
20:53
Más tarde entrevisté a otra vecina, llamada Ami, que vivía a dos casas de distancia.
21:00
Ella también la había visto temprano, mientras paseaba a su perro al amanecer.
21:05
Pensé que era una broma, me dijo. A mis hijos les encantan esas cosas. Nosotros también tenemos un esqueleto colgado en el jardín. Otro testigo, un camionero que pasó por allí alrededor de las ocho de la mañana, se detuvo cuando vio mi patrulla.
21:22
Le toqué la bocina, admitió con vergüenza.
21:25
Pensé que era divertido, como asustar al muñeco.
21:29
Fue entonces cuando me golpeó la realidad de lo que estaba viendo. ¿Qué tan enfermo era todo aquello?
21:36
La mujer, luego identificada como Linda, de 42 años, vivía en un complejo de apartamento cercano.
21:45
Según la investigación, había trepado al árbol en algún momento entre la noche del martes y la madrugada del miércoles.
21:52
Ató la cuerda, saltó y se quedó colgando allí durante horas, mientras la gente desayunaba, escuchaba la radio y los niños iban a la escuela.
22:03
Imaginar eso me heló la sangre. Seguramente algunos chicos, desde los autobuses, habrán señalado riendo. «Mira, mamá, un fantasma de Halloween».
22:15
Y nadie se detuvo porque encajaba con la temporada.
22:19
Con el tiempo, reunimos más información a partir de su identificación y los registros de su teléfono.
22:26
Supimos que Linda estaba pasando por una etapa difícil.
22:30
Se había divorciado, había perdido su empleo en un pequeño restaurante local y sufría de depresión.
22:37
No dejó nota alguna, pero su hermana confirmó que había mencionado la idea de acabar con su vida.
22:43
Vivía sola, sin hijos.
22:46
Quizá eligió ese lugar porque era público, o tal vez simplemente porque le resultaba fácil llegar. El árbol, antiguo y robusto, tenía acceso sencillo desde la parte del bosque.
22:59
Para cuando el forense llegó, alrededor de las 10 y 30 de la mañana, ya habíamos cortado el tráfico en ambas direcciones. Ellos bajaron el cuerpo con cuidado, guardaron la cuerda como evidencia y declararon la causa como suicidio.
23:14
No había signos de violencia ni participación de terceros.
23:18
Sin embargo, mientras observaba cómo colocaban su cuerpo en la camilla, me recorrió un escalofrío que nada tenía que ver con el frío otoñal.
23:28
No era sólo la muerte en sí. En este trabajo he visto muchas. Accidentes, sobredosis, cosas terribles.
23:37
Era la indiferencia.
23:39
cómo algo tan horrible podía pasar desapercibido ante los ojos de todos, cómo podía estar allí, a plena vista, y nadie darse cuenta.
23:49
Pensé en mis hijos, y si alguno de ellos hubiera pasado por ahí, y si nadie hubiese llamado nunca, podría haber colgado allí hasta la noche, camuflada entre los adornos de Halloween.
24:02
Terminé de asegurar la escena cerca del mediodía, Presenté el informe inicial. Hablé brevemente con los medios y mantuve el relato estrictamente profesional.
24:13
Suicidio aparente.
24:15
Cuerpo confundido con una decoración de Halloween.
24:18
No mencioné lo que realmente me estaba carcomiendo por dentro.
24:23
Conduje de regreso a la estación, pero no podía dejar de pensar en ello. La imagen se repetía una y otra vez en mi mente.
24:31
El cuerpo balanceándose, los ojos vacíos y todos esos autos pasando de largo. ajenos a lo que colgaba frente a ellos.
24:40
Mi turno terminó a las cuatro de la tarde, justo como había planeado.
24:45
Me dirigí a casa intentando sacudirme el peso del día. Al llegar, Hazel y Max me esperaban en la puerta, rebotando de emoción.
24:55
«Papá, ya podemos ir», gritó Hazel apenas crucé el umbral. Mi esposa, Karen, me lanzó una mirada cómplice. Ella sabe cuándo un caso me afecta más de lo normal. «¿Día difícil?», preguntó en voz baja.
25:12
Asentí, sin querer entrar en detalles. No quería arruinarles la noche.
25:18
Ayudamos a los niños a vestirse. Hazel, con su disfraz de bruja, sombrero y escoba incluidos, Max con su traje de esqueleto brillante, yo me puse un bigote falso y un sombrero de vaquero, nada elaborado, salimos a recorrer el vecindario, las calles estaban vivas, calabazas encendidas, niños corriendo y riendo, padres sacando fotos, el aire lleno de risas y olor a dulce, Pero, en mi cabeza, todo se veía distinto.
25:51
Cada decoración me producía un nudo en el estómago.
25:54
Una telaraña falsa me recordaba una cuerda.
25:58
Un fantasma de tela colgando me hizo estremecer. Pasamos frente a una casa con un muñeco colgado de una soga en el porche y tuve que apartar la vista.
26:08
«¡Qué genial!», dijo Max, señalando la figura.
26:12
Forcé una sonrisa. «Sí, hijo, muy genial», respondí, tragando saliva.
26:20
La ronda de trick-or-treating comenzó bien.
26:23
Los niños llenaron sus cubetas de dulces. Cumplí mi promesa y fuimos a las grandes casas de Elm Street. Hazel cambió chocolates con una amiga, y Max no soltaba su paleta.
26:35
Pero a medida que oscurecía, la niebla volvió, espesa, como aquella mañana. Las farolas proyectaban sombras raras entre los árboles, y yo no podía evitar mirar hacia las ramas, esperando ver algo real colgando allí.
26:50
Karen se dio cuenta. ¿Estás bien? Me preguntó, tomándome la mano. Le conté, por encima, lo que había pasado en el turno.
27:01
Sin detalles, solo lo esencial. Ella apretó mi mano con fuerza.
27:07
Eso es horrible, dijo, pero estamos aquí ahora. Cuando volvimos a casa, volcamos todo el botín de dulces sobre la mesa y los niños empezaron a clasificarlos mientras Kasper sonaba en la televisión.
27:21
Discutían quién tenía más sneakers, riendo, con la inocencia intacta.
27:27
Yo intentaba sonreír, pero mi mente se desviaba. ¿Y si Linda hubiese elegido otro día?
27:34
Habría alguien que la notara antes.
27:36
Y si algo así ocurriera en nuestro vecindario, frente a nuestros hijos, sin que nadie se diera cuenta, todo eso hacía que Halloween me pareciera equivocado.
27:47
No por los disfraces o los dulces, sino por cómo convertimos la muerte en un juego. en un adorno más.
27:55
Esa noche, después de acostar a los niños, no pude dormir. Me quedé mirando el techo, escuchando el viento golpear las ramas afuera. Karen, medio dormida, me preguntó si quería hablar.
28:09
Es solo que todos la vieron y nadie hizo nada, dije, porque parecía parte de la fiesta.
28:16
En la estación, los compañeros comentaban lo ocurrido. ¡Qué locura! ¡Qué tristeza! ¡Pobre mujer! Pero para mí fue algo más profundo, algo que se quedó conmigo. Desde entonces, cada Halloween salgo con mis hijos, tallamos calabazas y vemos películas, pero reviso las decoraciones dos veces.
28:39
En nuestro jardín no cuelgo nada que parezca demasiado real. Hazel tiene ahora trece años.
28:45
y sigue disfrutando disfrazarse.
28:48
Max está obsesionado con los zombies. Este año planeo hacer una fogata en el patio trasero, con malvaviscos y cuentos, pero nada que dé miedo.
28:58
Sólo momentos en familia, mirando atrás.
29:02
Sé que aquel caso no tuvo nada sobrenatural.
29:05
No hubo fantasmas ni asesinos.
29:08
Sólo una tragedia real que pasó inadvertida porque coincidió con la temporada.
29:13
Y eso, precisamente, es lo más aterrador. ¿Cómo la vida cotidiana puede ignorar algo tan roto justo frente a sus ojos?
29:22
Así que, si este año estás decorando tu casa, piénsalo dos veces antes de colgar algo.
29:30
Y si ves algo que no parece del todo bien, aunque sea solo un poco, haz la llamada. Nunca sabes a quién podrías estar salvando.
29:44
Historia 3 Siempre me ha encantado Halloween, quiero decir, de verdad me apasiona.
29:52
Es la única noche del año en la que puedes ser cualquier cosa, o cualquiera que quieras ser.
29:58
En 2008, yo tenía 19 años, y el mundo entero estaba obsesionado con una sola cosa, The Dark Knight.
30:07
La interpretación de Heath Ledger como el Joker no fue solo un papel cinematográfico, fue un fenómeno cultural.
30:15
Así que, naturalmente, cuando llegó Halloween, ya sabía exactamente de qué me iba a disfrazar.
30:22
Pasé semanas preparando el disfraz. No compré una máscara barata. No, señor. Conseguí el abrigo largo morado, el chaleco con patrón extraño y la camisa de figuras hexagonales. Me pasé horas practicando el maquillaje, intentando lograr ese efecto manchado, caótico, con apariencia desgastada.
30:43
Incluso me teñí el cabello de verde enfermizo y grasiento, en lugar de usar una peluca.
30:50
Cuando llegó el 31 de octubre, estaba convencido de que me veía increíble.
30:56
El plan era simple, reunirme con mis amigos David y Harper, pasar por algunas fiestas en casas y luego ir al gran concurso de disfraces en un club del centro llamado The Asylum.
31:08
Cursey, lo sé, pero era el lugar donde había que estar esa noche.
31:14
La noche comenzó tal como uno espera.
31:17
La ciudad estaba eléctrica. No podías caminar ni tres metros sin toparte con algún personaje del universo Batman. Me crucé con al menos una docena de hombres murciélago distintos, desde el clásico Adam West de los 60 hasta el táctico Christian Bale de negro completo.
31:35
todos gritándome en broma. ¿Dónde está ella? ¿O por qué tan serio? Fue genial.
31:42
Cada encuentro era como una pequeña escena de teatro improvisada en la calle.
31:47
Intercambiaba risas maniáticas falsas con otros jokers, saludaba con reverencia a las Harley Quinn que pasaban y abucheaba a cada policía que veía.
31:56
Me sentía seguro, confiado y me encantaba la energía del ambiente.
32:02
Cerca de las once de la noche estábamos en una fiesta en una casa de un barrio que no conocía muy bien.
32:09
El lugar estaba lleno, caluroso, ruidoso.
32:13
Fui a la cocina por otra bebida y, cuando regresé, David y Harper habían desaparecido.
32:20
Pensé que habrían ido al baño o salido un momento a tomar aire. Esperé diez minutos, veinte.
32:28
Intenté llamarlos, pero la música estaba tan alta que no escuchaba nada, y sus teléfonos mandaban mis llamadas directo al buzón.
32:36
La fiesta empezó a perder su encanto. Ya no era divertida, solo agobiante.
32:42
Me molesté.
32:44
Decidí irme y encontrarlos directamente en el club. The Asylum quedaba a unas 10 cuadras, pero estaba en una zona residencial desconocida para mí.
32:54
Saqué mi viejo teléfono plegable, era 2008, ¿recuerdas? Y abrí Google Maps.
33:01
La ruta que mostraba daba muchas vueltas por calles pequeñas.
33:05
Pero noté un atajo, un callejón largo y estrecho que corría detrás de unos edificios y desembocaba directamente en la calle principal donde estaba el club.
33:15
Me ahorraría la mitad del camino.
33:18
Si lo pienso ahora, siempre son esas decisiones impulsivas y tontas las que te meten en problemas.
33:25
Pero en ese momento me convencí.
33:27
Está bien, es Halloween. Toda la ciudad está en la calle. ¿Qué podría pasar?
33:34
El callejón era oscuro y angosto, con olor a cerveza rancia y basura vieja. Todo un cliché.
33:41
La única luz provenía de una lámpara de seguridad naranja que parpadeaba a mitad del camino y del resplandor lejano de la avenida al final.
33:51
Mis pasos resonaban sobre el pavimento húmedo.
33:54
Iba justo por la mitad del callejón, pasando bajo la luz intermitente, cuando lo vi.
34:01
Un hombre de pie, inmóvil, bloqueando el paso. Estaba vestido de Batman y no era un disfraz barato. Llevaba una armadura moldeada, cinturón de utilidades realista y una capucha rígida con orejas puntiagudas.
34:17
Era un tipo grande, de hombros anchos y alta estatura.
34:21
Parecía el mismísimo personaje.
34:24
Mi primer pensamiento, incluso entonces, fue genial.
34:29
Todavía estaba en modo fiesta.
34:31
Sonreí, preparando una frase. «Bueno, bueno», dije con voz más aguda, imitando al Joker. «Mira lo que tenemos aquí. Estás lejos de casa, murciélago».
34:46
no se movió no dijo nada sólo se quedó allí de espaldas a mí mirando hacia la pared del callejón una pequeña irritación me recorrió buen disfraz amigo dije con tono normal pero estás bloqueando el camino intenté pasar por su lado izquierdo «Con permiso», agregué.
35:10
En cuanto quedé a su altura, su brazo se movió como un resorte. No me tomó del hombro. Me agarró del cuello. Fue tan rápido que ni lo vi venir.
35:20
En un solo movimiento me levantó y me estampó contra la pared de ladrillos del otro lado.
35:25
Mi cabeza golpeó el muro.
35:28
No lo suficiente para desmayarme, pero sí para que el mundo se volviera blanco por un instante.
35:34
Un estallido de luz, un zumbido en los oídos. El aire se me escapó del pecho. Intenté gritar, pero sólo salió un jadeo ahogado. Su agarre era brutal. Aquello no era una broma. No era un borracho jugando. Era violencia pura, concentrada.
35:54
que alcancé a balbucear tratando de soltarme me incliné hacia atrás arañando su guante blindado buscando aire él se inclinó sobre mí la capucha cubría su rostro pero pude ver sus ojos abiertos enrojecidos completamente desquiciados entonces llegó el olor no sólo a cerveza sino a whisky barato ácido y penetrante me revolvió el estómago y no gritaba frases de batman no decía dónde está rachel ni soy la justicia sólo gruñía un sonido animal gutural desde lo más profundo del pecho y empezó a apretar más fuerte mi mente entró en pánico absoluto una mezcla de terror y confusión aquello no era una broma no era una actuación me estaba matando por favor alcancé a jadear No, puedo.
36:54
Respirar. Su otra mano subió de repente y me empujó el abdomen con fuerza, aplastándome contra la pared con una brutalidad seca.
37:03
No fue un golpe, fue una presión constante, despiadada.
37:08
Era tan fuerte.
37:10
Mis pies apenas tocaban el suelo. Intenté patearlo, pero mis zapatos apenas raspaban sus piernas acorazadas.
37:18
Rasguñé su máscara tratando de alcanzar sus ojos. Cualquier parte vulnerable, pero no se movía.
37:26
No reaccionaba.
37:28
Era como si ni siquiera sintiera dolor.
37:31
El mundo comenzó a oscurecerse. Manchas negras danzaban ante mis ojos. El resplandor del final del callejón parecía cada vez más lejano. Pensé, voy a morir aquí, en este asqueroso callejón, vestido de payaso.
37:49
Mis pulmones ardían, mi cabeza palpitaba. Tal vez me quedaban diez segundos antes de desmayarme. Y entonces, en un último acto desesperado, mi cerebro hizo lo único que se le ocurrió.
38:02
Dejé de resistirme, solté sus manos, dejé mi cuerpo flácido y con la última burbuja de aire que quedaba en mis pulmones, me reí.
38:13
No fue una risa de Joker, fue un sonido horrible, corgoteante, roto, como si alguien se ahogara en su propia garganta.
38:23
era el sonido de un hombre a punto de morir pero funcionó vi el cambio en sus ojos por un instante el delirio se quebró pasó del frenesí a la confusión qué demonios parecía pensar el tipo al que estaba matando se estaba riendo esa fracción de segundo fue mi oportunidad no lo golpeé en la entrepierna ni hice nada heroico sólo levanté la mano derecha con toda la fuerza que pude y le hundí el pulgar en el ojo el grito que soltó fue inhumano un rugido de puro dolor Sus manos se abrieron al instante y me dejó caer.
39:04
Caí al suelo, sobre algo húmedo y repugnante, pero no me importó.
39:10
Solo respiré, desesperado, tragando el aire sucio del callejón como si fuera fuego.
39:17
Levanté la vista. Él se sujetaba la cara, encorvado, pero ya empezaba a girarse hacia mí de nuevo. no escapaba estaba furioso dio un paso hacia mí y metió la mano en su cinturón no estaba sacando un accesorio de utilería lo vi con claridad era un cuchillo uno real de unos 15 centímetros de hoja de combate no pensé corrí me puse de pie a trompicones las piernas temblando como gelatina la garganta ardiendo y eché a correr hacia la luz del final del callejón Detrás de mí escuché el golpeteo de sus botas sobre el asfalto mojado.
39:59
Venía tras de mí.
40:01
Podía oír su respiración agitada, ese mismo gruñido animal, alimentado por el whisky y la locura.
40:09
Estaba a sólo unos pasos detrás. Salí disparado del callejón y choqué de lleno contra un grupo de personas en la acera. Caí al suelo, arrastrando a dos de ellas conmigo. Eran chicas disfrazadas, una de bruja, otra de enfermera. No estoy seguro.
40:27
Yo estaba histérico, de rodillas, con el cabello verde pegado a la frente por el sudor y quién sabe qué más.
40:35
El maquillaje se me había corrido, mezclando lágrimas, pintura y mugre. «Tiene un cuchillo», grité con voz ronca, casi irreconocible.
40:46
Batman intentó matarme.
40:49
Las chicas se quedaron paralizadas mirándome.
40:52
Algunas personas que pasaban también se detuvieron.
40:56
Me miraban a mí, este Joker destrozado y llorando en plena calle.
41:01
Luego miraron hacia el callejón.
41:04
No había nadie. Había desaparecido.
41:08
Batman se había esfumado entre las sombras. «Wow, amigo», dijo un tipo disfrazado de pirata, ayudándome a levantarme. «Parece que bebiste demasiado, eh».
41:20
«No, no entiendes», supliqué, la voz quebrada.
41:25
Tenía un cuchillo. Intentó ahorcarme. La gente me miraba con una mezcla de pena y molestia.
41:32
Para ellos, no era una víctima. Era el borracho con el disfraz corrido que arruinaba la fiesta.
41:39
«Claro, claro», dijo el pirata, dándome una palmada en la espalda. «Batman es un tipo malo, ya sabes. Tómate un poco de agua». Las chicas a las que había tirado al suelo ya se alejaban, riendo.
41:53
«Está loco», alcancé a oír que una murmuraba.
41:57
Me quedé allí, temblando, con la garganta cerrándoseme de nuevo, pero esta vez por la impotencia.
42:04
Estaba rodeado de gente y nunca me había sentido tan solo en mi vida.
42:10
No fui al club.
42:11
Caminé sin rumbo durante casi una hora, hasta encontrar un diner abierto las 24 horas.
42:18
Me senté en una cabina, aún con el disfraz completo, y me quedé bebiendo café hasta que amaneció.
42:25
Mis amigos me llamaron una docena de veces.
42:29
No contesté. ¿Qué podía decirles?
42:32
Al día siguiente fui a la comisaría. Todavía tenía el pelo teñido de verde apagado y una colección de moretones púrpura alrededor del cuello, marcas redondeadas donde sus dedos habían apretado.
42:45
El policía en el mostrador trató de mantener la compostura, profesional, pero vi el destello en su mirada.
42:52
Incredulidad.
42:54
Un chico con la cara pintada, vestido de Joker, que venía a denunciar que un tipo disfrazado de Batman lo había atacado en un callejón la noche de Halloween.
43:04
Me tomaron la declaración, anotaron los detalles, hicieron algunas preguntas. «Veremos qué podemos averiguar», dijeron.
43:14
nunca volví a saber de ellos los días pasaron luego los meses y después los años pero aquella noche jamás se borró de mi cabeza ya no amo Halloween ni siquiera puedo disfrutar de esas películas porque ahora sé la verdad las máscaras no son sólo diversión para algunas personas son una excusa una licencia para ocultarse para dejar salir lo que realmente son cuando nadie puede reconocerlos.
43:45
Ese hombre no estaba jugando a ser Batman. No estaba interpretando un papel. Simplemente estaba aprovechando la única noche del año en la que podía ser su verdadero yo monstruoso a plena vista. Y nadie sospecharía.
44:00
no sé si fui su primera víctima o si ya lo había hecho antes solo sé que tuve suerte que mi risa absurda desesperada probablemente me salvó la vida pero lo más aterrador lo que todavía me quita el sueño después de tanto tiempo es esto esa noche casi me asesina batman y nadie absolutamente nadie se dio cuenta Historia 4.
44:33
Era la noche de Halloween de hace unos años. Sí, lo sé.
44:38
Fecha cliché para que pase algo inquietante. Pero jamás voy a olvidar cómo se desarrolló esa noche.
44:45
Yo estaba cubriendo un turno tarde en un centro comercial grande, a una hora de mi casa.
44:50
La tienda cerraba a las 10.00, pero entre limpiar y cuadrar las cajas, normalmente no salía hasta casi las 11.00.
45:00
El último autobús pasaba cada hora, así que si perdía uno me tocaba esperar hasta medianoche.
45:06
Y aun si lograba tomarlo, Solo me dejaba unas dos terceras partes del camino, lo que significaba caminar los últimos veinte minutos sola por calles residenciales silenciosas. Aquella noche no fue la excepción. Hacía frío. Estaba rendida y lo único que quería era mi cama.
45:26
Alcancé el bus atestado por los pelos, encajada entre gente que todavía llevaba maquillaje de Halloween y otros medio dormidos con el móvil en la mano.
45:35
Me puse los auriculares y me quedé mirando por la ventana, desconectándome de todo.
45:41
No lo vi, ni cuando subió ni en todo el trayecto, pero él sí me vio a mí.
45:46
Cuando por fin llegamos a mi parada, me abrí paso entre la gente y salí al aire helado, aliviada de haber bajado.
45:54
Unos cuantos más se bajaron también, y como siempre empecé a subir la cuesta hacia mi calle.
46:01
La carretera se alargaba un buen rato, una hilera de tiendas cerradas y algunas farolas fundidas, con un talud de césped al otro lado que subía hasta las casas.
46:12
Siempre se sentía desolado después de anochecer, pero había caminado por ahí tantas veces que ni lo pensaba.
46:19
A los pocos minutos me di cuenta de que alguien venía detrás de mí.
46:23
Al principio, nada raro. Mucha gente vivía por la zona. Pero cuando pasamos las primeras calles laterales y él no se desvió, algo me empezó a inquietar.
46:34
El sonido de sus pasos se mantenía constante, calcando mi ritmo.
46:38
Llegué a la pequeña clínica al pie de mi colina y crucé por el aparcamiento como hacía siempre.
46:44
Es un atajo que lleva directo a la cuesta que sube a mi edificio.
46:48
Ahí fue cuando supe que, si me seguía más allá de ese punto, no era simplemente otra persona yendo a casa.
46:56
Y me siguió.
46:57
Se me encogió el estómago.
47:00
Más allá de esa colina la calle queda totalmente desierta de noche.
47:04
No hay tiendas abiertas, ni bares, ni autobuses tardíos.
47:08
Mi edificio está en lo más alto, rodeado por una valla metálica y con una pequeña pendiente de césped que lleva a la entrada.
47:17
Nadie que no viva allí tiene motivo para ir en esa dirección.
47:21
Empecé a caminar más rápido, fingiendo no percatarme de él, pero escuché que aceleraba también.
47:27
El eco de sus botas retumbaba detrás de mí y se me erizó hasta el último vello del cuerpo.
47:34
Sabía que si intentaba abrir la verja y la puerta en ese momento me alcanzaría antes de entrar. Así que crucé la calle de golpe, caminé por detrás de una fila de coches estacionados y saqué las llaves del bolso.
47:47
Esperé el instante adecuado. Cuando oí sus pasos acercándose por detrás, eché a correr de vuelta, cruzando la calzada hacia mi edificio.
47:57
Tiré de la verja y la cerré de un portazo con toda mi fuerza.
48:01
No me detuve a comprobar si había encajado.
48:04
Solo corrí. La bajada hasta la puerta del edificio estaba resbaladiza por la lluvia.
48:10
Casi me caigo dos veces, pero conseguí llegar a la entrada.
48:14
Golpeé el lector con mi tarjeta, empujé la puerta y ya iba a mitad de la escalera cuando lo oí.
48:20
La puerta se abrió de golpe de nuevo. Él estaba dentro. Me giré y lo vi venir hacia mí.
48:26
Algo en mí se activó en modo supervivencia.
48:30
Le solté un mochilazo con todas mis fuerzas. La mochila le dio en el pecho y él retrocedió tambaleándose, agarrándose a la barandilla para no caer. Le grité, ¿qué carajos estás haciendo? Mi voz rebotando en las paredes de hormigón. Ya bajo la luz del hueco de la escalera pude verlo bien. Era mayor, quizá de unos cuarenta y tantos, con canas asomando entre el pelo.
48:55
Llevaba un abrigo oscuro, ceroso, y botas pesadas, de las pensadas para mal tiempo.
49:02
Por un momento su cara quedó vacía.
49:05
Luego intentó empequeñecerse, parecer inofensivo, balbuceando algo sobre que iba a visitar a su hijo.
49:12
Supe que mentía.
49:14
Nadie en mi edificio encajaba con esa descripción. Le grité que se fuera una y otra vez, hasta que oí movimiento detrás de algunas puertas.
49:24
una vecina entreabrió la suya en la planta baja con la cadena puesta y preguntó si estaba bien el hombre se volvió hacia ella sobresaltado y otro vecino abrió su puerta más abajo del pasillo exigiendo saber qué pasaba me siguió hasta casa Grité, no lo conozco, no quiere irse.
49:46
Eso pareció bastar. Mi vecino empezó a gritarle que se largara, con una voz más fuerte y autoritaria que la mía.
49:54
El hombre se volvió hacia la salida, trasteando con el picaporte.
49:59
Claramente no sabía que había que pulsar el botón de liberación para abrir.
50:03
Esa fue toda la prueba que necesitaba. Él no vivía ahí.
50:08
mientras forcejeaba subí corriendo el resto de los escalones entré en mi piso y cerré con llave arrastré la aspiradora delante de la puerta una tontería quizá pero me hizo sentir más segura me quedé despierta casi toda la noche cualquier ruidito me hacía saltar hacia las seis cero cero de la mañana me despertó el sonido de voces y puertas abriéndose en el pasillo Miré por la mirilla y vi agentes de policía revisando los cuartos de basura y los trasteros.
50:39
Algún vecino debió llamarlos.
50:42
Nunca pregunté qué encontraron y ellos nunca sacaron el tema de nuevo.
50:46
No he vuelto a ver a ese hombre. No sé qué quería ni cuánto tiempo llevaba observándome. A veces todavía me siento culpable por no haber llamado yo misma a la policía.
50:57
Y si desde entonces se lo ha hecho alguien más.
51:00
Pero esa noche, lo único que quería era sobrevivir y olvidarlo.
51:09
Historia 5 Crecí en un pueblito donde había una casa que todo el mundo ubicaba en Halloween. Cada año sus dueños la convertían en algo sacado de una atracción de terror profesional.
51:22
No exagero, estaba a otro nivel.
51:25
Creo que fue por 1999 o 2000, porque recuerdo que ese año iba disfrazado de Darth Maul, con el sable doble del que me sentía absurdamente orgulloso.
51:35
En años anteriores me había muerto de miedo con esa casa.
51:39
Pero pensé que quizá, si yo me veía lo bastante aterrador, por fin tendría el valor de atravesarla.
51:46
Habían colgado lonas negras para cerrar zonas del jardín, estrobos parpadeando detrás de lápidas falsas y máquinas de humo escupiendo tanta neblina que apenas se veía por donde pisabas.
51:58
Había zombies saliendo de retretes, esqueletos colgados de los árboles y extremidades dispersas por el césped de mentira.
52:06
Aunque iba temblando la mitad del tiempo, no podía evitar admirar el trabajo que aquello debía haber llevado.
52:13
Era sangriento y grotesco, pero perfecto.
52:16
Los propietarios se sentaban siempre en el porche a contemplar el caos, riéndose y repartiendo caramelos mientras los niños gritaban y salían corriendo calle abajo.
52:27
Esa era un poco la tradición. Todos los conocían y les encantaba hasta donde llegaban cada Halloween.
52:33
Recuerdo caminar despacio entre los montajes, apretando mi sable láser de plástico, intentando no parecer asustado aunque el corazón me golpeaba el pecho.
52:44
Entonces, casi al final del recorrido, vi lo que llamaban el pozo sin fondo.
52:50
Básicamente era una caja grande iluminada desde dentro, que creaba una ilusión extraña como si bajara directo al centro de la tierra. La luz interior era tenue y anaranjada, como el resplandor de un fuego agonizante, y le daba a toda la zona una calidez inquietante que hacía que lo de alrededor pareciera aún más oscuro.
53:11
me quedé mirándolo tratando de descifrar cómo lograban que se viera tan real cuando de pronto escuché a alguien toser y después una voz ronca y áspera diciendo algo como ven un segundo pensé que era parte del show quizá uno de los dueños queriendo asustarme giré la cabeza a la derecha y vi el portón abierto que daba al lateral de la casa allí estaba oscuro apenas llegaba a luz más allá de la cerca pero tras unos segundos alcancé a distinguir la silueta de alguien quieto justo detrás.
53:45
Al principio creí que era otro muñeco.
53:47
El tipo no se movía nada, y supuse que era uno de esos maniquíes realistas que a veces se escondían en las sombras para saltar después. Pero la voz volvió a sonar, rasposa y, esta vez, supe que venía de aquella sombra. «Eh, chico», dijo en voz baja, como si no quisiera que nadie más oyera.
54:09
Por alguna razón empecé a acercarme.
54:12
Creo que tenía la cabeza saturada y ya no procesaba bien nada. Llevaba diez minutos rodeado de monstruos de mentira, así que nada me parecía real.
54:22
Pero a medida que me aproximaba, el resplandor tenue del falso pozo iluminó parte de su cara. Ahí me quedé helado.
54:31
No era un muñeco, no era parte del montaje, era un hombre de verdad, mayor con una barba canosa y descuidada y el pelo grasiento, hecho un desastre.
54:43
Su ropa estaba hecha trizas, como si hubiera dormido con ella varios días, y sus dientes eran de un amarillo horrible cuando sonreía.
54:52
Esa sonrisa se me grabó a fuego.
54:55
Incluso entonces no encajaba con su rostro.
54:59
No encajaba con el momento. Se sentía mal. Había algo desajustado que mi mente infantil no sabía explicar.
55:07
En cuanto mi cerebro registró que él no pertenecía a ese lugar, pegué un alarido y salí disparado hacia la salida.
55:14
No me detuve a mirar atrás. No me importó si los otros niños me miraban.
55:20
Solo quería volver con mis padres. Cuando los alcancé cerca de la acera, iba temblando y tratando de contar lo que había pasado.
55:28
Uno de los dueños se acercó, preocupado, y preguntó qué ocurría. Le dije, «Hay un señor mayor junto al portón». Me estaba hablando.
55:39
El hombre frunció el seño. «¿Qué señor?», preguntó.
55:43
Me quedé mirándolo, intentando encontrar las palabras, pero lo único que pude repetir fue que estaba ahí mismo.
55:51
Él miró hacia el lateral de la casa y luego volvió a mirarme, claramente desconcertado.
55:57
Algunos niños seguían paseando por el jardín, pero ninguno parecía notar nada raro.
56:03
El hombre negó apenas con la cabeza y les dijo a mis padres que lo comprobaría.
56:08
Pero incluso mientras caminaba hacia el portón, yo notaba que no esperaba encontrar a nadie.
56:13
Intentaron tranquilizarme, pero no conseguí sacudirme esa sensación. El sonido de su voz, lo inmóvil que estaba, y esa sonrisa alargada y extraña que parecía demasiado amplia.
56:27
Nunca volví a esa casa, aunque los demás siguieron hablando cada año de lo increíble que era su montaje.
56:34
Ahora que soy mayor, a veces pienso en ese Halloween y en lo fácil que algo verdaderamente aterrador puede camuflarse dentro de algo pensado para divertir.
56:45
Tal vez solo era un desconocido que se coló, o quizá estaba esperando a que algún niño se acercara lo suficiente antes de que alguien se diera cuenta.
56:53
Supongo que nunca lo sabré de verdad.
57:01
Historia 6.
57:03
Esto ocurrió por allá por 2008, quizás un año antes o después. Acababa de terminar la preparatoria y seguía viviendo en casa de mis padres junto con mi hermano menor y mi hermana.
57:15
Mi hermano estaba aún en la secundaria y mi hermana cursaba la escuela intermedia.
57:20
Era la noche previa a Halloween y los tres dormíamos en nuestras habitaciones.
57:25
Nuestro vecindario no era exactamente peligroso, pero la ciudad sí tenía sus lados ásperos. Venta de drogas, actividad de pandillas y de vez en cuando...
57:36
Algún disparo que resonaba demasiado cerca para estar tranquilos.
57:40
Con el tiempo te acostumbrabas. Al fin y al cabo era ahogar, incluso con el desorden.
57:47
Debían de ser alrededor de las cuatro cero cero de la madrugada cuando me despertó algo que sonó como un tiro en nuestro porche.
57:54
Un instante después se oyó a alguien golpear la puerta principal con tanta fuerza que las paredes vibraron, y luego comenzaron los gritos, al principio apagados y después más nítidos.
58:06
Me quedé inmóvil en la cama unos segundos, intentando decidir si lo había soñado.
58:12
Como no cesaba, me levanté y me deslicé hasta la ventana que daba al jardín delantero.
58:19
Desde ese ángulo sólo alcanzaba a ver una parte del porche, pero los alaridos se escuchaban con claridad.
58:26
No lograba distinguir palabras, sólo un flujo constante de ruido furioso y puñetazos contra la puerta que parecían no terminar nunca.
58:35
Tras quizá quince o veinte minutos, mi hermano irrumpió en mi cuarto, jadeando y con los ojos desorbitados.
58:42
«¿Estás bien?», preguntó.
58:44
Asentí, aún tratando de entender qué estaba pasando. «¿Qué ocurre?», le solté, y entonces me lo contó todo.
58:53
Al parecer un tipo había aparecido en nuestro porche, golpeando la puerta como un desquiciado.
58:59
Mi papá, más valiente que cualquiera que conozca, bajó a ver qué sucedía.
59:05
Miró a través del panel de vidrio de la puerta y vio a un hombre allí plantado.
59:10
Cuando le preguntó qué pasaba, el sujeto repetía, «Me vienen siguiendo».
59:16
Una y otra vez, girando la cabeza para mirar detrás de sí como si alguien realmente lo persiguiera.
59:22
La calle estaba vacía, solo el brillo amarillento y tenue de las farolas y unos cuantos autos estacionados.
59:30
Mi papá, intentando mantener la calma, le ofreció usar el teléfono para llamar a alguien.
59:36
El hombre dijo que sí, así que mi papá entreabrió lo justo para alcanzarle el teléfono de la casa.
59:42
Pero en lugar de tomarlo, el tipo se lanzó hacia adelante intentando meterse a la fuerza.
59:48
Mi papá cerró de golpe y echó el seguro antes de que lograra entrar.
59:53
Llamó a la policía de inmediato. Mientras afuera el hombre empezaba a gritar y a tirar del picaporte como si quisiera arrancarlo.
60:01
Fue más o menos entonces cuando mi hermano vino a ver cómo estaba. Los dos podíamos oír ya al tipo berreando abajo, golpeando la puerta con los puños, soltando maldiciones y pateando las paredes.
60:14
De pronto, sin aviso, llegó el sonido de un vidrio estallando.
60:18
Había agarrado una de las sillas del porche y la lanzó directo contra la ventana del dormitorio de mis padres.
60:24
Recuerdo el estruendo y la sensación de que el corazón se me detenía.
60:28
Estaba convencido de que ya había entrado y, honestamente, pensé que era el final, que iba a matar primero a mis padres y luego subiría por nosotros».
60:39
No recuerdo mucho de ese instante aparte de llorar e intentar captar qué estaba ocurriendo abajo. Por suerte en ese momento llegaron los policías.
60:48
Las luces rojas y azules parpadearon contra mi ventana y, en cuestión de segundos, pude oír a los agentes gritar órdenes.
60:56
Entraron en la casa y poco después todo volvió a quedar en silencio.
61:00
Cuando terminó, supimos que el hombre se había metido por la ventana rota y se había cortado feo con el vidrio. Se arrastró por la habitación de mis padres, avanzó por el pasillo y llegó a la sala, donde finalmente se desplomó en el suelo y se quedó ahí, desangrándose sobre la alfombra.
61:19
No llevaba arma de fuego ni ningún otro tipo de arma. Por lo visto, ni siquiera intentaba lastimar a nadie.
61:26
La policía supuso que iba drogado, alucinando y que creía que alguien lo perseguía. Se lo llevaron en una ambulancia y nunca lo volvimos a ver.
61:35
Mi papá limpió lo que pudo antes de que amaneciera y de algún modo después de todo eso regresamos a la cama.
61:43
La parte graciosa, o quizá lamentable, la descubrimos después, cuando caímos en cuenta de que olvidamos verificar cómo estaba mi hermanita.
61:53
Su cuarto quedaba en la planta baja, en la parte trasera de la casa.
61:58
Nadie fue a verla cuando pasó todo, y nadie le contó qué había sucedido una vez que terminó.
62:04
Pasó la noche entera escondida bajo las cobijas, convencida de que el tipo seguía dentro.
62:10
Cuando por la mañana le dijimos que ya había acabado, estaba furiosa y muerta de miedo.
62:16
Nos disculpamos, claro, pero hasta hoy de vez en cuando nos lo recuerda.
62:21
Esa noche es de esas memorias que no te abandonan nunca.
62:25
Aún puedo oír el estallido inicial, los martillazos contra la puerta y esa sensación de que el aire se volvía pesado de puro miedo.
62:33
Han pasado años, pero cada vez que escucho un ruido brusco afuera en la noche, mi cabeza vuelve directo a ese momento, pensando que hay alguien ahí fuera intentando entrar.
62:49
Historia 7 Tendría unos 12 años cuando pasó esto, la noche de Halloween.
62:56
Mi mejor amigo y yo decidimos que, en lugar de pedir dulces ese año, íbamos a hacer lo que nos parecía más cool, aventar huevos a las casas.
63:07
Le dimos a varias, casi todas al azar, y luego fuimos por el gran objetivo, mi vecina.
63:14
Era de esas señoras que les gritaban a los niños por pisar el pasto, Así que cuando vimos que la puerta del patio trasero quedaba entreabierta, no pudimos resistirnos.
63:24
Un par de huevos directo a la cocina. Misión cumplida.
63:29
Nos creíamos leyendas. Conforme avanzó la noche, sin embargo, las calles empezaron a vaciarse. Cada vez quedaban menos niños pidiendo dulces y el aire tomó ese silencio raro que solo aparece a altas horas en Halloween.
63:43
Las decoraciones seguían titilando en los jardines, pero las risas y el bullicio ya se habían desvanecido.
63:50
Fue entonces cuando le dije a mi amigo que yo ya quería volver a casa, pero claro, él tenía otros planes. Quería reunirse con un colega para seguir con la noche.
64:00
La idea no me gustaba, algo me daba mala espina, pero no quería ser el miedoso, así que acepté.
64:08
Su amigo vivía apenas un par de cuadras, aunque se sintió mucho más lejos.
64:13
Los postes de luz estaban muy separados, dejando largos tramos de sombra entre uno y otro.
64:19
Algunas bombillas estaban tenues o parpadeaban, y cada vez que cruzábamos uno de esos parches oscuros, se me encogía un poco más el estómago.
64:28
A la izquierda había un callejón que parecía pura negrura. A la derecha, una calle vacía.
64:35
Silencio absoluto. Solo nosotros dos y el golpeteo de nuestras zapatillas en el asfalto.
64:42
Íbamos como a mitad del camino cuando escuché el chirrido de unas llantas.
64:46
Un sonido agudo, con eco, que llegó desde la calle a nuestro costado.
64:52
Nos quedamos clavados.
64:54
Se me vino el alma al piso, y al girar vi una Ford Pickup vieja y destartalada detenida en medio de la vía.
65:01
la pintura descolorida, la carrocería oxidada, como si no la hubieran lavado ni arreglado en años.
65:08
Se bajaron dos hombres, llevaban ropa oscura y pasamontañas negros, avanzando hacia nosotros con rapidez.
65:16
El conductor sonrió, una mueca amplia, antinatural, y dijo, «¿Qué tal, muchachos?».
65:23
Tenía la voz áspera y ronca, de esas que suenan a una vida entera fumando y gritando.
65:29
Me miró directo y yo me quedé completamente congelado.
65:34
Mi amigo no perdió ni un segundo. Me agarró del brazo y me jaló hacia atrás. «Corre», me ciseó.
65:42
Salimos disparados hacia la siguiente calle, girando a la izquierda y pasando a toda velocidad frente a las casas, golpeando puertas, gritando pidiendo ayuda.
65:52
Nadie contestó. Todas las viviendas estaban a oscuras y cada porche por el que pasábamos se sentía como un callejón sin salida.
66:01
El corazón me retumbaba en el pecho y lo único que podía pensar era en el motor de la camioneta volviendo a encender.
66:09
Y sí, lo escuchamos rugir.
66:11
Los faros se encendieron detrás de nosotros y la pícap se lanzó calle abajo.
66:16
No creí que realmente fueran a intentar atropellarnos, pero eso era exactamente lo que parecía.
66:22
Entonces vimos una casa al otro lado de la calle con la luz del porche encendida.
66:27
Ese pequeño detalle que suele significar «aún hay dulces» para nosotros significó otra cosa.
66:34
Hay alguien despierto. Alguien podría ayudarnos. Cruzamos corriendo justo cuando la camioneta pasó a toda velocidad tan cerca que sentí el aire cortarme la piel.
66:45
Nos libramos por segundos.
66:48
Subimos al porche y empezamos a aporrear la puerta, gritando desesperados.
66:53
Tras lo que se sintió eterno, una mujer abrió. Tenía en la cara una mezcla de confusión y alarma.
67:01
Los dos intentamos hablar a la vez, explicando que dos hombres enmascarados nos estaban persiguiendo.
67:07
Ella no se lo pensó. Nos dejó entrar, echó el cerrojo y agarró el teléfono.
67:13
Mi amigo llamó a su papá mientras yo me quedé junto a la ventana, vigilando la calle.
67:18
Estaba completamente vacía.
67:21
Sin camioneta, sin hombres, sin el más mínimo movimiento.
67:26
Solo silencio.
67:28
La mujer volvió a la sala y nos dijo que su esposo era policía. Ya lo había llamado para contarle lo que pasó.
67:35
Escuchar eso fue como sentir que me quitaban un peso del pecho.
67:39
Unos minutos después, el papá de mi amigo llegó en su auto y salimos a encontrarlo.
67:45
Me dejó en mi casa y les conté todo a mis padres. Ellos llamaron a la policía y pasaron agentes a hacer preguntas, pero no pude darles mucho.
67:54
Era un crío, estaba aterrado y apenas recordaba algo más que esas máscaras dentro de esa camioneta.
68:01
Nunca supimos nada más, sin novedades, sin detenciones, sin pistas de quiénes eran ni qué querían.
68:09
Tampoco volví a ver esa pick-up.
68:12
Visto en retrospectiva, no debió durar más de tres minutos desde que la camioneta se detuvo hasta que alcanzamos aquella casa.
68:19
Pero en su momento se sintió interminable.
68:23
Cada segundo se me quedó grabado, como una escena que no deja de repetirse sin importar cuánto tiempo pase.
68:35
Historia 8 Esto pasó en 2014, en mi primer año de universidad. Era la noche de Halloween y mis amigos y yo habíamos salido a uno de los bares grandes para estudiantes.
68:48
Iba disfrazada con poca imaginación, unas botas de tacón alto y una chaqueta de cuero.
68:54
Nada del otro mundo, pero servía para salir.
68:58
Después de unas copas, las botas empezaron a destrozarme los pies. Así que, en algún momento, me las quité y las dejé bajo la mesa donde estaba sentado nuestro grupo, pensando que ahí estarían seguras. Cuando la noche fue apagándose y la música empezaba a bajar, había bailado tanto que casi se me había pasado la borrachera.
69:19
Volví a recoger mis cosas, pero ya no estaba nuestra mesa, y tampoco mis botas ni la chaqueta.
69:26
Alguien se las había llevado.
69:28
Me molestó, aunque no me tiré de los pelos.
69:31
No eran caras y, la verdad, casi no las usaba.
69:35
El verdadero problema era volver a casa.
69:38
Tenía unos 15 minutos caminando hasta mi residencia de estudiante si no llevaba efectivo para un taxi.
69:44
Le pedí a un chico del grupo, ese al que todos toleraban pero en realidad a nadie le caía bien, que me acompañara, ya que era alto y con píntalo bastante intimidante. Se rió, me dijo que no y se fue con otra chica que también se había quedado sin zapatos.
70:03
Así que nada, estaba sola, descalza, intentando no pisar vidrio mientras cruzaba el centro.
70:10
Aún había movimiento alrededor de los bares, gente disfrazada tambaleándose de un club a otro o de camino a casa.
70:18
Pero conforme me alejé de las calles principales, todo se volvió más silencioso.
70:24
Iba más o menos a mitad de camino cuando un hombre me detuvo.
70:28
Parecía de Oriente Medio, tendría unos treinta y tantos, y me preguntó si estaba bien.
70:34
Al principio me sentí sinceramente agradecida.
70:38
Se sentía bien que alguien notara a una chica descalza sola de noche y se preocupara por si estaba a salvo.
70:44
Se presentó como Omar y se ofreció a acompañarme un trecho. Acepté, porque al comienzo parecía inofensivo y amable.
70:52
mientras caminábamos sin embargo el tono empezó a cambiar seguía siendo cortés pero comenzó a halagarme que si era preciosa que qué suerte la suya de haberse topado conmigo me incomodó pero traté de reírme y seguir cuando nos acercamos a mi residencia a un minuto si acaso le di las gracias por acompañarme y le dije que a partir de ahí estaba bien sola Su expresión cambió de golpe. «¿No quieres invitarme a pasar a tomar una taza de té para agradecerme?» preguntó.
71:27
Le dije que no y que no metía desconocidos en mi casa.
71:31
Fue cuando me agarró de la muñeca.
71:34
Entonces un beso por haber ayudado. Soltó. Volví a decirle que no y me apretó más. «¿Qué tal un abrazo para tu amigo?» dijo forzando una sonrisa extraña. A esas alturas lo único que quería era que me soltara.
71:49
Le di un abrazo rápido y torpe, pero no se quedó ahí. Me jaló más cerca e intentó besarme.
71:56
Giré la cara y apreté los labios. En su lugar me lamió la mejilla.
72:01
Aún recuerdo lo asqueroso que se sintió.
72:04
El aire frío, el sudor y una oleada de pánico.
72:08
Lo empujé y eché a andar tan rápido como pude.
72:12
Él me siguió.
72:13
Yo aceleré.
72:15
Él también. Fue entonces cuando me puse a correr.
72:18
Dejé de preocuparme por el vidrio o las piedras. Solo corrí. No miré atrás hasta sacar el teléfono y llamar a mi amigo Rob.
72:27
Con la voz temblorosa le conté lo que había pasado y le rogué que me esperara afuera del edificio.
72:33
para cuando llegué Omar ya no estaba pero Rob apareció unos minutos después con un cuchillo de cocina en la mano listo para espantar a cualquiera que me hubiera seguido al día siguiente le conté al grupo lo ocurrido y todos se sintieron fatal por haberme dejado caminar sola no los culpé pero quedé lo bastante trastornada como para irme a casa una semana y despejarme Después de aquella noche me impuse una regla. En nuestro grupo, nadie deja a nadie atrás, pase lo que pase.
73:07
Es de esas cosas en las que no piensas hasta que te ocurre algo así y luego ya nunca se te olvida.
73:18
Historia 9 Halloween siempre ha sido mi fiesta favorita.
73:24
Lo sigue siendo de hecho, incluso después de lo que ocurrió un año cuando tenía 16.
73:30
Supongo que eso dice mucho de cuánto me gusta, porque la mayoría probablemente sentiría lo contrario tras aquella noche.
73:38
En ese entonces vivía con mis padres, mi hermano menor, mi hermanastro mayor y mi primo. Estábamos todos apretados en una casa grande y vieja, al final de un cul de sac tranquilo, no muy lejos de la calle principal.
73:53
La casa tenía un patio trasero enorme que daba un callejón flanqueado por edificios de apartamentos antiguos, y mi dormitorio estaba en el sótano, con una ventana orientada hacia ese patio.
74:05
No era un mal lugar para crecer.
74:08
El pueblo era pequeño, mayormente silencioso y, aunque la casa crujía y gemía como si tuviera vida propia, siempre me sentí seguro allí.
74:18
Unos días antes de Halloween pasó algo un poco raro. Mi hermanastro y mi primo volvieron a casa una tarde y se encontraron una pica pieja estacionada al frente.
74:28
Había varios tipos sentados dentro y estaban tomando fotos de nuestra casa.
74:34
Dijeron que cuando los hombres los vieron les hicieron un gesto con la mano y empezaron a elogiar nuestras decoraciones de Halloween, que era uno de los mejores montajes que habían visto en el pueblo.
74:45
Después de eso se fueron y nosotros lo dejamos pasar.
74:49
Extraño, sí, pero a veces la gente se detenía a fotografiar el jardín por esas fechas.
74:55
Cada año lo decorábamos a tope.
74:58
Llegó la noche de Halloween y fue cuando las cosas empezaron a ponerse realmente extrañas.
75:03
Era tarde, alrededor de las 3.00 de la madrugada, cuando mi hermanastro y mi primo llegaron tambaleándose después de una noche de tragos con sus amigos.
75:14
Mi primo llegó primero, pero al intentar abrir la puerta su llave no entraba.
75:19
Pensó que estaba demasiado borracho como para atinarle bien, así que se sentó en el banco del porche a esperar a que alcanzara a mi hermanastro.
75:28
Unos treinta minutos más tarde apareció mi hermanastro y se rieron un rato antes de que él probara la puerta.
75:35
Lo mismo, la llave ni siquiera entraba en la cerradura.
75:39
Entonces llamaron a mi mamá. Ella estaba furiosa, claro, por despertarla en plena noche porque, según sus palabras, los idiotas borrachos no sabían usar una llave.
75:50
pero tras refunfuñar un poco, bajó a dejarles entrar.
75:54
Cuando intentó la suya, tampoco encajó.
75:57
Se frustró y decidió dejarlo para la mañana, diciéndoles que se fueran todos a dormir.
76:03
Esa parte de la noche yo, de hecho, me la dormí completa.
76:07
Había vuelto unas horas antes de una pequeña fiesta de Halloween y me había quedado profundamente dormido en mi habitación del sótano. Sin embargo, antes de que ocurriera todo aquello, Alrededor de la 1.00 de la madrugada, me había despertado de golpe con una extraña sensación de opresión en el pecho.
76:27
Ese tipo de inquietud que no sabes explicar.
76:30
Me quedé un minuto tendido, diciéndome que estaba sugestionado por la noche, quizá medio soñando aún. Entonces la vi.
76:39
Una sombra en mi ventana.
76:42
La silueta era la de una persona, completamente quieta.
76:46
Ese tipo de figura que el cerebro reconoce al instante, incluso con poca luz.
76:51
Se me cayó el estómago y me quedé helado.
76:54
Alcancé la lámpara, la encendí y la sombra desapareció.
77:00
Me quedé mirando un buen rato, intentando convencerme de que lo había imaginado, o de que quizá alguien cruzaba por el callejón detrás del patio. Eso a veces pasa.
77:11
No era lo bastante raro como para entrar en pánico, así que al final me di la vuelta y me obligué a dormirme otra vez.
77:18
Al día siguiente después de la escuela, llegué a casa y encontré patrullas de policía estacionadas al frente y la furgoneta de un cerrajero en la entrada.
77:28
Mis padres estaban afuera hablando con ambos.
77:31
No tenía ni idea de qué pasaba.
77:34
Resulta que mi mamá por fin había llamado al cerrajero esa mañana para arreglar la cerradura rota.
77:39
Cuando empezó a trabajar encontró algo atascado bien adentro.
77:44
Al sacarlo era la punta rota de una hoja de cuchillo.
77:48
Fue entonces cuando llamó a la policía. Mientras revisaban los alrededores de la casa notaron otra cosa.
77:56
Dos mosquiteros de ventana estaban rajados, uno en el garaje, el otro en la ventana de mi dormitorio.
78:03
En ese instante todo lo de la noche anterior cobró sentido. La cerradura atascada, la sombra en mi ventana, los tipos tomando fotos de la casa días antes.
78:14
A veces pienso en lo cerca que alguien estuvo de entrar de verdad mientras todos dormíamos.
78:20
Halloween sigue siendo mi celebración preferida, pero cada año, cuando se acerca, me aseguro de que todas las puertas queden cerradas y las ventanas revisadas dos veces.
78:36
Historia 10 Tenía unos 10 u 11 años, lo que nos remonta al año 2006 o 2007.
78:44
Era la noche de Halloween y mis padres, por fin, habían accedido a dejarme salir a pedir dulces con mis amigos sin la compañía de un adulto por primera vez.
78:53
Todos estábamos disfrazados y listos para divertirnos.
78:57
Crecí en un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conocía. Las calles estaban llenas de casas decoradas con luces y calabazas, y los adultos del vecindario vigilaban discretamente a los niños, asegurándose de que estuviéramos a salvo mientras llenábamos nuestras bolsas de dulces.
79:16
Sin embargo, nadie seguía a mi grupo. Solo éramos mis dos mejores amigos y yo, caminando juntos, riendo y conversando con total libertad.
79:27
Todo transcurría sin problemas mientras recorríamos las calles adornadas, con nuestras fundas de almohada vacías que poco a poco se llenaban de caramelos.
79:36
Eran alrededor de las siete de la tarde, y queríamos aprovechar al máximo antes de nuestro toque de queda a las ocho treinta.
79:44
Fue entonces cuando notamos que la mayoría de las casas estaban a oscuras, y cuando una casa está a oscuras en Halloween, normalmente significa que no debes tocar la puerta.
79:55
Sin embargo, una de las casas del vecindario tenía las luces encendidas, así que decidimos acercarnos, emocionados por conseguir más dulces.
80:05
Cuando la puerta se abrió, un hombre apareció.
80:09
Parecía tener unos 40 años, claramente de mediana edad. No lo reconocí como padre de ninguno de mis compañeros, pero se veía amable. Nos invitó a entrar para darnos caramelos y, como veníamos de un lugar tan seguro, nos sentimos miedo de aceptar.
80:26
Apenas cruzamos el umbral, noté la cálida iluminación del interior y un aroma dulce en el ambiente.
80:33
Por suerte no encontramos ningún peligro visible.
80:36
En una mesa había una cámara Polaroid, y el hombre sonrió diciendo que quería tomarnos una foto con nuestros disfraces para el periódico local.
80:45
Nos señaló un tablón de corcho en la pared, donde había al menos una docena de fotografías Polaroid de otros niños del vecindario, todos sonriendo con sus coloridos disfraces y mostrando sus bolsas de dulces.
80:58
Aunque sentí un leve malestar, nos tomó la foto, nos entregó los caramelos y seguimos nuestro camino a casa.
81:06
Esa noche, cuando le conté a mi madre lo ocurrido, se horrorizó.
81:10
Inmediatamente llamó a las otras madres y los tres recibimos una larga charla de advertencia.
81:17
Buscamos en el periódico local y en los de los pueblos cercanos para ver si aparecían las fotos de los niños en Halloween, pero jamás encontramos ninguna.
81:26
Nunca sentí que aquel hombre fuera a hacernos daño, pero me considero afortunado de que nada malo sucediera aquella noche.
81:39
Hace dos Halloweens hice algo realmente estúpido, pero déjame empezar desde el principio.
81:46
Había comenzado a trabajar en una pequeña pizzería de mi pueblo natal, y después de algunos días me hice buen amigo de la persona que limpiaba el bar de al lado por las mañanas.
81:58
Era una mujer muy interesante, con un estilo oscuro y una personalidad misteriosa.
82:04
También me hice amigo de varios de los cocineros, y con uno de ellos empecé a salir casi todos los fines de semana.
82:11
Con el tiempo la encargada de la limpieza, que se había vuelto nuestra amiga, nos permitió ir a su casa, aunque no estaba preparado para lo que vi al llegar.
82:21
El interior parecía como si una tienda de Halloween y artículos de terror hubiera explotado dentro. Tenía una gran cantidad de colecciones extrañas, piedras, flores secas, hierbas y muchos libros sobre brujas y magia.
82:36
Su objeto más preciado era un cráneo humano que, según nos contó, había obtenido de alguien hacía años.
82:43
Al principio me costó acostumbrarme al ambiente de su casa, ya que era algo escalofriante, aunque también tenía un aire acogedor.
82:52
Avanzando en el tiempo hasta Halloween de 2020, la noche coincidió con una luna llena.
82:59
Era la única festividad que mi amiga realmente celebraba, así que decidimos hacer algo especial.
83:05
Queríamos que esa noche fuera inolvidable, pero para entonces el cocinero con quien éramos amigos se había vuelto bastante molesto y era difícil soportarlo.
83:15
Así que planeamos una pequeña broma para asustarlo.
83:19
Mi amiga, su hija y yo nos reunimos una tarde para planear lo que haríamos.
83:24
Mencioné que esa noche abría luna llena y propuse que fuéramos al cementerio más antiguo de la zona a medianoche para grabar psicofonías con él.
83:33
Llamaré a mi amiga Evelyn. Ella era una apasionada de la magia y tenía una colección de objetos esotéricos, aunque yo sinceramente no creía mucho en esas cosas.
83:43
De todos modos, acepté participar por diversión.
83:47
Fue entonces cuando su hija tuvo una idea ingeniosa, crear una caja tibuk falsa.
83:53
Nos explicó que se trataba de una caja vieja y misteriosa que, según la leyenda, podía contener un espíritu maligno.
84:01
El plan era simple. Cuando llegáramos al cementerio, ella rompería la caja en el suelo y fingiría un comportamiento extraño para asustar al cocinero.
84:11
Claramente no pensamos bien en las consecuencias.
84:14
Yo mismo lo admito. Debimos haberlo meditado mejor.
84:19
Llegó la noche de Halloween.
84:21
Salimos un poco tarde, pero cerca de las once y treinta de la noche finalmente partimos desde la casa de Evelyn.
84:28
Ella había hecho un trabajo increíble con la caja. Parecía realmente antigua y maldita.
84:34
mientras conducíamos no le dimos mucha importancia a la caja yo llevaba conmigo mi grabadora de psicofonías y un detector de campos electromagnéticos coloqué el detector en la puerta del coche y lo dejé apagado de repente la hija de Evelyn soltó una risita y agitó la caja Sin explicación alguna, el detector de campos electromagnéticos comenzó a emitir sonidos y pitidos, a pesar de que seguía apagado.
85:02
Cuando llegamos al cementerio, bajamos del coche con nerviosismo. El lugar se veía casi mágico.
85:08
Las hojas brillaban bajo la luz plateada de la luna y las lápidas relucían con reflejos espectrales sobre el granito.
85:16
El cielo estaba despejado y no había nadie más allí, así que avanzamos lentamente hacia la parte trasera del cementerio.
85:25
Todo estaba tan silencioso que resultaba inquietante.
85:28
Encontramos un buen sitio y Evelyn nos indicó que nos sentáramos en círculo.
85:33
Abrió un pequeño recipiente y esparció una mezcla especial de sal a nuestro alrededor, advirtiéndonos que no saliéramos del círculo bajo ninguna circunstancia hasta que termináramos.
85:44
El cocinero parecía aterrado y yo mismo empezaba a sentir una presión extraña en el ambiente.
85:51
Evelyn colocó la caja en el centro del círculo, junto al detector de campos electromagnéticos y la grabadora de psicofonías.
85:59
Su hija abrió una aplicación de Spirit Box en el teléfono y los sonidos que empezaron a salir de allí nos dejaron helados.
86:06
Una voz digital, distorsionada, dijo claramente, déjame salir.
86:12
En ese mismo instante, el detector de campos electromagnéticos enloqueció, emitiendo pitidos descontrolados.
86:19
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y tuve la certeza de que ya no estábamos solos y de que algo terrible estaba a punto de suceder.
86:28
nos quedamos en silencio mirándonos sin decir palabra de pronto oímos pasos que venían del bosque cercano pasos firmes acercándose pero no había nadie allí cerré los ojos tomé la mano de Evelyn y le susurré «Oficialmente estoy asustado. Deberíamos detener esto».
86:49
Ella intentó calmarme. «Tranquilo, los fantasmas no existen.
86:54
Tú y yo sabemos que eso es mentira», le respondí.
86:58
En ese momento el cocinero se levantó bruscamente y dijo «Creo que tenemos que irnos ya.
87:05
Puedo escuchar gente a nuestro alrededor».
87:08
Con miedo rompió el círculo de sal con una patada y empezó a caminar hacia el coche.
87:13
La hija de Evelyn destrozó la caja y gritó, «Olvídenlo, vámonos».
87:18
Todos corrimos detrás de ellos. Pero cuando regresamos a casa, las tres nos dimos cuenta de que habíamos cometido un grave error.
87:26
No cerramos la puerta que habíamos abierto.
87:30
Evelyn estaba convencida de que habíamos atrapado algo dentro de la caja y lo habíamos liberado sin querer.
87:36
Desde esa noche nunca hemos vuelto a sentirnos igual.
87:41
Yo personalmente nunca siento que esté solo y cada vez que trabajo sin compañía tengo que mirar dos veces para asegurarme de que realmente no hay nadie más conmigo.
87:57
Historia 12 Entre septiembre y noviembre de 2021, trabajé en Spirit Halloween. Para quienes no lo sepan, Spirit Halloween es una tienda estacional que se instala en edificios vacíos o locales desocupados. En muy poco tiempo, los transforman en un mundo dedicado a Halloween, lleno de disfraces, decoraciones y artículos espeluznantes.
88:21
La tienda solo permanece abierta durante unas semanas, generalmente hasta el 2 de noviembre, justo después de Halloween.
88:29
Ese año 2021, Spirit Halloween abrió muchas nuevas sucursales en diferentes pueblos y ciudades, incluso en lugares donde nunca antes había habido una tienda de la marca.
88:42
Mi ciudad fue una de las afortunadas en recibir una, y por motivos de privacidad prefiero no decir exactamente dónde estaba.
88:50
Pero sí puedo contar que el local era antiguo.
88:54
El edificio había estado allí por muchos años, formando parte del centro histórico de nuestro pequeño pueblo.
89:01
Como soy un gran fanático del terror, en cuanto supe que abrirían la tienda en dos días, no lo dudé y envié mi solicitud de empleo.
89:10
Tuve suerte. Me contrataron y pasé por un breve periodo de capacitación, aprendiendo sobre los distintos disfraces y decoraciones que íbamos a vender.
89:20
Mis compañeros eran personas geniales y muy amables, aunque espero no haberles resultado molesto, ya que era el único estudiante de secundaria en todo el grupo.
89:31
Desde el principio demostré que podía ser un buen cajero, incluso cuando algunos clientes eran groseros o difíciles, mantenía la calma y los trataba con respeto.
89:41
Recuerdo un día particularmente ajetreado, estaba regresando del descanso para reanudar mi turno. Y mientras rodeaba una de las paredes donde se exhibían disfraces y adornos, escuché que alguien me llamaba por mi nombre desde la puerta del almacén.
89:57
Me giré pensando que sería algún compañero pidiendo ayuda, o tal vez un amigo que había venido a saludarme.
90:04
pero no había nadie.
90:06
Solo me rodeaban clientes ocupados mirando decoraciones y probándose máscaras.
90:11
Supuse que quien me había llamado aparecería en la caja o me buscaría después, pero mi gerente no dijo nada y ninguno de mis compañeros mencionó haberme llamado.
90:22
Fue un momento extraño, aunque en ese instante no le di demasiada importancia.
90:27
El 1 de noviembre fue el penúltimo día antes del cierre definitivo al público.
90:32
Aquel día trabajé el turno de cierre, de 4.00 a 8 de la noche, junto con algunos compañeros.
90:40
La tienda estaba muy tranquila, a pesar de que todo tenía un 25% de descuento.
90:46
Apenas entraban clientes.
90:49
Después de una hora, quedábamos solo cuatro personas. Yo, otro empleado de ventas, el gerente y el subgerente.
90:58
Durante un corto periodo me quedé completamente solo en la parte principal de la tienda. Mi compañero estaba en el almacén, el gerente también y el subgerente había ido al baño. Caminé por los pasillos dándome cuenta de que por primera vez tenía la tienda entera para mí.
91:15
Todo estaba en silencio salvo por el zumbido leve de las luces.
91:20
De repente, uno de los animatrónicos se encendió solo a unos seis o siete metros de la caja registradora.
91:27
Para quienes no los conozcan, los animatrónicos de Spirit Halloween se activan por sensores de movimiento o presión y pueden moverse o hablar.
91:36
También se pueden programar para funcionar automáticamente.
91:40
Sin embargo, esa noche ninguno estaba encendido.
91:43
Todos estaban apagados y quietos, listos para ser desarmados cuando la tienda cerrara.
91:49
Como ya no había clientes, supuse que se trataba de un fallo técnico o de que el aparato estaba averiado.
91:56
Hacia el final del turno estaba sentado sobre uno de los mostradores mientras el subgerente, frente a mí, llenaba unos formularios.
92:05
Mi compañero estaba en el baño y yo observaba distraídamente la tienda.
92:10
No prestaba mucha atención a lo que había detrás de mí y comencé a perderme en mis pensamientos.
92:16
El ambiente era tan tranquilo que el tiempo parecía moverse en cámara lenta.
92:21
De pronto algo captó mi atención por el rabillo del ojo.
92:25
Al principio creí que era un reflejo del escaparate, pero pronto me di cuenta de que no lo era.
92:31
Alcancé a distinguir una forma alargada de color azul blanquecino, como una mancha luminosa flotando cerca de uno de los estantes.
92:40
El subgerente también lo vio. Giró la cabeza hacia el punto donde estaba la luz y murmuró. ¡Qué raro! Creí ver algo.
92:48
Yo aún la veía, aunque empezó a desvanecerse, como si se disolviera en el aire hasta desaparecer por completo.
92:56
Lo más extraño fue que yo la observé por más tiempo que él, pero pareció esfumarse justo cuando él la miró.
93:03
Al principio pensé otra vez que podía tratarse de un reflejo, pero eso era imposible.
93:09
Las ventanas estaban cubiertas casi por completo con papel negro a modo de decoración.
93:15
Solo quedaba una franja de unos 30 centímetros sin cubrir, por donde no entraba suficiente luz como para causar un reflejo visible para los dos.
93:24
Esa imposibilidad hizo que me sintiera aún más intrigado y un poco inquieto.
93:29
Después de todo lo ocurrido, estoy convencido de que ese edificio estaba, de algún modo, encantado.
93:37
Spirit Halloween suele estar llena de energía y gente durante octubre, pero al llegar noviembre, cuando todo se vuelve silencioso y vacío, quizás algo en el lugar despertó buscando atención.
93:50
Le conté lo sucedido a mis compañeros al día siguiente, y varios confirmaron haber escuchado ruidos en el almacén, como si alguien estuviera adentro cuando no había nadie.
94:01
Algunos incluso aseguraron haber visto bolsas de disfraces moviéndose solas.
94:06
En general fue una experiencia muy extraña, aunque no llegó a ser aterradora.
94:11
El trabajo pagaba el salario mínimo, pero me divertí muchísimo. Y aunque quizás un fantasma curioso compartía el espacio con nosotros, no hacía nuestro trabajo más difícil, solo lo volvía mucho más interesante.
94:30
Historia 13 Esto ocurrió cuando tenía alrededor de siete u ocho años, así que no recuerdo todos los detalles con precisión, pero haré lo mejor que pueda por contarlo tal como pasó.
94:44
En ese tiempo vivíamos en una zona rural muy tranquila, donde mi familia tenía una pequeña granja.
94:51
La mayoría de las personas de la zona también poseían sus propias tierras, aunque las granjas no estaban cerca de las casas.
94:58
Los terrenos de cultivo quedaban aproximadamente a unos ocho kilómetros, cinco millas de las viviendas.
95:05
Durante aquella época solo teníamos un teléfono celular, que siempre llevaba mi padre.
95:11
En casa no había línea fija, así que si necesitábamos hacer una llamada, teníamos que ir a una cabina pública que estaba a dos cuadras.
95:20
Recuerdo que era verano cuando un grupo de gitanos comenzó a rondar por la zona.
95:26
Eran conocidos por robar cosechas de las granjas y, en ocasiones, incluso asaltar a la gente. Por eso las mujeres que trabajaban solas eran las más vulnerables, pues solían ser su blanco principal.
95:39
Mi padre tenía un trabajo regular además de encargarse del campo, por lo que salía muy temprano en la mañana y regresaba de noche.
95:47
Normalmente mi madre se ocupaba sola de los animales y las cosechas, pero cuando los gitanos comenzaron a robar a personas solas, decidió dejar de ir al campo por un tiempo.
95:58
Como yo era pequeño, se quedaba conmigo en casa, asegurándose de que ambos estuviéramos a salvo.
96:05
Nuestro vecindario era muy silencioso durante el día, ya que casi todos pasaban la jornada en sus tierras.
96:12
Solo unas pocas familias vivían a tres o cuatro cuadras y también estaban ocupadas, por lo que la calle parecía desierta.
96:20
Mi madre tenía la costumbre de cerrar bien todas las puertas y ventanas cada día, sin dejar nada al azar, especialmente con los gitanos rondando.
96:30
Gracias a eso nos sentíamos seguros dentro del hogar.
96:33
Un día mi abuelo materno vino de visita. Era un hombre alto, fuerte y corpulento. Yo estaba jugando en la mesa del comedor, de espaldas a la entrada principal, mientras mi madre preparaba la comida en la cocina, tarareando una melodía. Mi abuelo estaba en la habitación de huéspedes, probablemente cambiándose de ropa o descansando tras el largo viaje.
96:57
El problema fue que mi madre olvidó cerrar la puerta principal después de que mi abuelo entró y no se dio cuenta de ello.
97:04
Yo, completamente distraído con mi juego, no noté nada fuera de lo común.
97:10
Mientras hablaba con mi madre y le contaba sobre lo que hacía, la veía de frente. De pronto su expresión cambió por completo, y aunque entonces era muy niño para comprenderlo, hoy entiendo que su rostro mostraba miedo, sorpresa y preocupación al mismo tiempo.
97:27
En un segundo, soltó lo que tenía en las manos y se colocó entre la puerta y yo, sosteniendo un pequeño cuchillo de cocina y gritando.
97:36
Asomándome por detrás de ella, vi a una mujer parada dentro de la casa.
97:41
Sostenía una hoz en una mano. Parecía tranquila e incluso trataba de hablarnos con normalidad, como si no hubiera nada extraño en lo que estaba haciendo.
97:51
Sin embargo, era evidente que algo no estaba bien.
97:54
Parecía haber entrado pensando que solo mi madre y yo estábamos en casa, y al notar nuestro miedo, intentaba mantener una actitud serena.
98:04
Llevaba muchas joyas metálicas brillantes, típicas del estilo de los gitanos que merodeaban la zona, lo que la hacía aún más intimidante.
98:13
Mi madre me gritaba que corriera a buscar a mi abuelo, pero yo estaba llorando y negándome a dejarla sola.
98:20
Pasaron apenas un par de minutos cuando mi abuelo salió corriendo del cuarto, gritando con fuerza y enfrentando a la mujer.
98:28
Le ordenó que saliera inmediatamente de la casa, y al verlo, ella finalmente se fue.
98:34
En cuanto cruzó la puerta, mi madre la cerró con llave.
98:37
Mi abuelo trató de calmarla, ya que temblaba sin control.
98:42
más tarde mi madre me confesó que lo que más la había aterrorizado fue no haberse dado cuenta de que la mujer había entrado si lo hubiese notado un poco más tarde yo podría haber resultado herido o incluso haber sido llevado por ella lo que más recuerdo era la expresión de miedo en los ojos de mi madre un temor profundo no por sí misma sino por mí La mujer se mantuvo extrañamente tranquila, incluso cuando mi madre le gritaba.
99:12
No mostró miedo alguno, y eso era lo más inquietante.
99:16
Probablemente buscaba una oportunidad para aprovecharse de la situación, pensando que mi madre estaba sola.
99:23
ella era baja y menuda mientras que aquella mujer era mucho más alta e imponente aquel día aprendí que el peligro puede entrar en silencio y que a veces el valor de una madre es lo único que impide que ocurra una tragedia historia 14 esto ocurrió a mediados de octubre hace algunos años cuando tenía 20 y estaba en mi último año de universidad Era un jueves por la noche y acababa de salir de una clase tardía, alrededor de las 9.00.
99:59
Iba caminando hacia el centro para asomarme a un micrófono abierto en un lounge de hookah. En esa época el centro era terreno conocido para mí.
100:07
Tres años en esa escuela me habían enseñado qué cuadras eran seguras, qué callejones convenía evitar y qué calles te devolvían al campus.
100:16
Normalmente había un acordeonista apostado en una de las esquinas, lo que le daba cierto encanto al paseo.
100:23
Pero esa noche no lo vi.
100:25
El lounge de hookah estaba cerrado o quizá esa noche no se celebraba el evento de micrófono abierto.
100:30
Ya no lo recuerdo con exactitud. Solo que me di la vuelta y empecé a regresar, pensando en las tareas y en lo mucho que empezaba a enfriar.
100:40
Fue entonces cuando noté que algo se estaba desarrollando en la acera de adelante.
100:45
Una mujer muy ebria suplicaba a otras dos que la llevaran a casa.
100:49
Parecía que ellas estaban a punto de subirse a un Uber y que no podían o no querían llevarla.
100:56
Aflojé el paso, dudando si debía meterme.
101:00
No era precisamente algo raro en una ciudad universitaria un jueves por la noche, pero había algo extraño en lo desesperada que se veía. Cuando las otras mujeres la despacharon, ella se giró directo hacia mí.
101:13
Yo todavía llevaba la mochila puesta, tenía la batería del teléfono por las últimas y ni siquiera contaba con coche en ese momento.
101:22
Sólo mis pies y mi conocimiento de la zona.
101:25
Pero ella me dio una dirección a unos 15 o 20 minutos hacia el norte, y yo ubicaba más o menos por donde quedaba.
101:33
Como era una persona joven a la que se le había asignado el sexo femenino al nacer, pensé que estaba haciendo lo correcto al ayudar a una chica borracha a llegar a casa sana y salva.
101:43
Viéndolo en retrospectiva, ojalá hubiera atendido a esa vocecita interior que me dijo que no lo hiciera.
101:50
Ella me dio las gracias enseguida, casi eufórica, como si no pudiera creer que alguien hubiera aceptado ayudarla.
101:58
empezamos a caminar y dijo que tenía unas ganas terribles de ir al baño le aseguré que pronto estaríamos en su casa me contó de su novio que la había dejado tirada borracha y enojada en un bar y que ella era de fuera del estado yo asentí pensando en lo miserable que era eso y cuando me preguntó que estudiaba le conté que estaba terminando una licenciatura en tecnologías de la información Fue entonces cuando la conversación comenzó a tomar un rumbo extraño.
102:30
Comenzó a hablar de sus experiencias en las redes ocultas de Internet, haciendo comentarios extraños sobre actividades en línea.
102:38
Su ánimo iba cambiando de triste a exaltado y casi maníaco, y se me pegaba demasiado mientras andábamos.
102:45
Yo le pedía que caminara delante de mí o que guardara su espacio, pero igual volvía a colocarse a mi lado.
102:52
A media milla de trayecto, quizá a menos de una milla de la dirección que me había dado, sonó su teléfono.
102:58
Era el novio. Lo puso en altavoz y, por lo que decía, sonaba como un imbécil total.
103:05
Se me colmó la paciencia, así que le solté que se calmara y le dije dónde estábamos.
103:10
Y en un instante su tono pasó de agresivo a extrañamente amistoso. Se me erizó hasta el último vello del cuerpo.
103:18
Entonces ella comenzó a soltar cosas como que me la iba a pasar bien en su casa, como si ya estuviera decidido.
103:25
Mis instintos se dispararon. Algo estaba muy, muy mal.
103:30
Llegamos a una intersección donde había una gasolinera. Le dije que necesitaba parar y usar el baño. Ella respondió que ya no le hacía falta, lo cual me revolvió aún más el estómago, pero insistí. Me metí al baño, eché el pestillo y le mandé un mensaje a una amiga para preguntarle si podía venir a recogerme o si mejor llamaba al servicio de transporte seguro del campus.
103:55
Me dijo que tardaría un poco, pero que venía en camino.
103:59
Cuando salí, la mujer ya no estaba.
104:02
Ni en la tienda, ni afuera en el estacionamiento. Había desaparecido.
104:07
No fui a buscarla.
104:09
Compré un refresco. Me senté y esperé bajo las luces intensas y las cámaras de seguridad hasta que llegó mi amiga con otras dos personas.
104:18
Me llevaron a uno de sus dormitorios y pasamos la noche juntos hasta que se me pasó el susto.
104:24
Más tarde alguien me comentó que los piercings dérmicos, como el que ella tenía en la mejilla, a veces se asocian con la trata de personas. No sé si eso sea cierto, pero sumado a los cambios de ánimo tan raros, la historia extraña del novio y la forma en que desapareció en cuanto estuve en un espacio público y seguro, A mí me pareció claramente una trampa.
104:47
Meses después la volví a ver en un bar drag y me pasé toda la noche en pánico silencioso en nuestra mesa.
104:53
Nunca sabré qué habría pasado si hubiera seguido caminando con ella hasta su casa, pero me alegra haber hecho caso a mi instinto y detenerme cuando lo hice.
105:06
Historia 15 Este octubre se cumplirán tres años desde que viví algo que parecía sacado de una película de terror de bajo presupuesto.
105:16
En ese momento llevaba alrededor de un año saliendo con mi entonces novio.
105:21
Para celebrarlo, reservamos un fin de semana en una de esas cabañas en los árboles de Mohaikin, en Ohio.
105:28
Había leído reseñas entusiastas en internet sobre lo hermoso y apartado del lugar.
105:33
Y las fotos de las cabañas, con vigas de madera y lucecitas tipo hada enredadas entre las ramas, lo hacían ver como la escapada romántica perfecta.
105:44
Aquel fin de semana el clima estaba fresco y luminoso, las hojas apenas comenzaban a tornarse de color.
105:51
Y cuando llegamos a nuestra cabaña, recuerdo pensar qué afortunados éramos.
105:57
El primer día fue, de verdad, tan bueno como prometían las reseñas.
106:02
Nos tiramos a descansar en el balcón, vimos películas dentro y deambulamos por los senderitos que se retorcían entre el bosque.
106:11
Se sentía en paz, casi demasiado perfecto.
106:15
Me acosté esa noche ya pensando en explorar al día siguiente el pueblito cercano.
106:20
El segundo día hicimos exactamente eso.
106:23
Curioseamos en unas tiendas de antigüedades y paramos en un pequeño diner para almorzar.
106:29
Ya por la tarde, mi novio quería ir a algún sitio donde pudiera ver por televisión a su equipo favorito, porque nuestra casa del árbol no tenía cable.
106:39
Yo andaba con un resfriado leve y no me sentía al cien, pero pensé que podía aguantar, tomarme una o dos cervezas y hacerle compañía mientras veía el juego.
106:50
Llegamos al bar alrededor de las ocho y de inmediato noté el cambio de ambiente.
106:56
No era un bar de barrio amistoso, era de esos lugares donde todos se conocen y se nota que los forasteros no son precisamente bienvenidos. El bartender conversaba con un grupito de hombres locales y apenas nos miró.
107:09
A mi novio, sin embargo, no le importó.
107:12
Se acercó tan campante, pidió nuestras bebidas y no dejaba de intentar chocar las manos con los parroquianos cada vez que pasaba algo bueno en el partido.
107:22
vergüenza ajena en su máxima expresión.
107:25
Mientras tanto, el barman seguía deslizándome cerveza sin preguntar.
107:30
Yo había estado tomando cervezas Blue Moon para sobrellevar la vergüenza ajena que me provocaba el comportamiento de mi novio, y al principio pensé que el cantinero simplemente estaba siendo generoso.
107:42
Pero algo en la manera en que me rellenaba el vaso una y otra vez empezó a inquietarme.
107:47
Decidí parar.
107:49
Soy de aguante ligero y ya me sentía regular.
107:52
Entraron algunos hombres más y mi novio, porque no sabe guardarse nada.
107:57
Le contó a uno de ellos que no éramos de allí y que nos estábamos hospedando en las casas del árbol.
108:03
Ahí se me fue el estómago al suelo.
108:06
De pronto me sentí mareada, aturdida. como si el aire del bar hubiera cambiado.
108:12
Tal vez fue el resfriado, tal vez el alcohol, tal vez solo nervios.
108:17
En cualquier caso, el lugar se iba vaciando y la vibra se estaba poniendo oscura.
108:23
Le dije que quería que nos fuéramos. Salimos hacia el coche, pero en cuanto él giró la llave, algo no parecía estar bien.
108:31
aparcó en un Taco Bell al otro lado de la calle y se bajó a revisar nos habían rajado las llantas todas yo estaba medio dormida y no procesé lo que pasaba hasta que él soltó una maldición su propia llave de tuercas estaba doblada e inservible así que dijo que regresaría al bar a ver si alguien tenía una que pudiera prestarle dejándome en el auto cruzó la calle trotando dentro sólo quedaba un hombre sentado a una mesa Antes de que mi novio abriera la boca, el tipo levantó la vista y dijo, un pajarito me contó que tienes una llanta ponchada.
109:06
Esa sola frase le heló la sangre.
109:10
Aún así le preguntó si tenía una llave para las tuercas. El hombre dijo que sí, que la tenía en su apartamento a la vuelta de la esquina y le dijo que lo siguiera.
109:21
Él fue, pero apenas cruzó la puerta se le encendieron todas las alarmas. El lugar estaba lleno de pilas de papeles, cajas y enormes barriles de plástico, del tipo que se usa para desechos peligrosos.
109:34
El sujeto se movía despacio, hurgando, murmurando que sólo necesitaba revisar un par de lugares más para encontrar la llave.
109:43
fue en ese momento cuando a mi novio le cayó el 20 lo habían apartado del coche de mí sin decir palabras se dio la vuelta y salió disparado corriendo de regreso al auto tan rápido como pudo se subió encendió el motor y se fue rodando sobre los rines salían chispas mientras avanzaba por una carretera oscura y vacía rumbo a la cabaña en el árbol Sin faroles, sin otros carros, solo el bosque negro cerrándose a ambos lados.
110:13
Sentíamos que nos perseguían, aunque no veíamos a nadie. Cuando volvimos, la realidad nos golpeó.
110:20
La gente de ese bar ahora sabía exactamente dónde nos alojábamos.
110:25
Casi no dormimos. Nos quedamos sentados en la casa del árbol con un hacha en el suelo entre los dos, atentos a cualquier sonido afuera.
110:34
Con la primera luz llamamos a alguien para que viniera a cambiar las llantas y nos fuimos sin mirar atrás.
110:41
He repasado esa noche un sinfín de veces y siempre llego a la misma conclusión.
110:47
Querían alejarlo de mí y ni quiero imaginar qué habría pasado después si él no hubiera confiado en su instinto y echado a correr.
111:00
Historia 16.
111:02
Han pasado seis años, pero esa mañana sigue repitiéndose en mi cabeza como una escena que no puedo borrar.
111:09
En aquel entonces cursaba segundo año de secundaria y mis mañanas eran bastante rutinarias.
111:15
La escuela empezaba temprano, así que si quería pasar por los detectores de metal y aún así llegar puntual a mi primera clase, tenía que salir por la puerta a las seis y treinta de la mañana en punto.
111:28
El trayecto no era largo, quizá diez o quince minutos si mantenía un paso constante. Pero a esa hora las calles siempre estaban silenciosas y un poco inquietantes.
111:39
Fue por finales de octubre o tal vez inicios de noviembre, cuando el aire es lo bastante frío como para picarte las mejillas, aunque todavía no hiela.
111:48
Lo recuerdo porque aún estaba oscuro cuando salí. Era esa oscuridad azulada de antes del amanecer en la que puedes ver tu aliento bajo las farolas.
111:58
Aquella mañana estaba subiéndome el cierre de la chaqueta y ajustándome las correas de la mochila cuando noté a mi tía forcejeando en la puerta con unas bolsas de lavandería gigantes.
112:08
Por entonces alquilábamos un lugar pequeño y la lavandería quedaba a una cuadra, así que ella cargaba los bultos hasta allí cada semana.
112:18
Calculé que aún me quedaban unos minutos de margen, así que la ayudé a cargar el carrito, le di un abrazo rápido de despedida y me di la vuelta para ir rumbo a la escuela.
112:29
Ahí fue cuando lo vi.
112:30
Estaba parado quizá unos quince pies junto al borde de la acera.
112:35
Grande, fácilmente más de seis pies de estatura, con hombros anchos y un cuerpo pesado. Llevaba una chaqueta gris, una gorra de béisbol calada hasta abajo, jeans azules deslavados y tenis.
112:48
A sus pies había un bolso tipo duffel, pero lo que más me impactó fue la manera en que simplemente miraba.
112:55
Hice lo de siempre cuando me cruzo con hombres solos en la calle. Bajé la mirada y aceleré, como si al no interactuar pasara desapercibida.
113:05
Se había vuelto una reacción automática, una especie de mecanismo de defensa por experiencias previas.
113:12
Pero antes de que pudiera pasar, él se agachó, dejó caer el dúfel en el suelo, y abrió los brazos de par en par como si esperara que yo corriera hacia él.
113:22
Su voz, áspera y fuerte, retumbó cuando gritó, «Dame un abrazo, nena. ¿Te ves tan bien?».
113:30
Se me revolvió el estómago.
113:32
Instintivamente giré la cabeza hacia mi tía, que por suerte acababa de empezar a rodar el carrito de la ropa por la calle.
113:40
Enseguida me pescó la mirada, vio mi cara y preguntó en voz alta, ¿Lo conoces?
113:46
Cuando negué con la cabeza, me gritó que regresara adentro.
113:51
No lo pensé. Simplemente corrí.
113:54
Me di la vuelta y salí disparada hacia la puerta. Y en cuanto me moví, él también lo hizo.
114:01
El sonido de sus tenis golpeando el pavimento justo detrás de mí me hizo sentir el corazón en la garganta.
114:07
Podía notar el aire cambiar a mi espalda cuando su mano casi alcanzó la parte posterior de mi camisa.
114:14
De algún modo mi tía y yo logramos cerrar la puerta justo cuando él se estrelló contra ella.
114:20
Echamos el cerrojo y nos apoyamos con el cuerpo mientras empezaba a golpear con ambos puños.
114:25
Su voz a través de la madera era peor que su cara.
114:29
La próxima mami no te va a salvar.
114:32
Sé dónde vives. Voy a volver. Te voy a agarrar.
114:36
nunca olvidaré cómo temblaba la puerta bajo sus golpes mi tía estaba al teléfono con la policía las manos le temblaban mientras dictaba nuestra dirección tras quizá un minuto aunque se sintió muchísimo más los martillazos cesaron oímos sus pasos alejarse y luego una especie de gruñido cuando espiamos por la ventana había tomado las bolsas de ropa que mi tía había dejado junto a los escalones las arrastró hasta la mitad de la cuadra Las desgarró y desparramó la ropa por la calle.
115:09
No sé qué pretendía lograr con eso, pero ver nuestras prendas tiradas allí se sintió como una violación en sí misma.
115:17
La policía tardó más de 30 minutos en llegar, a pesar de que la comisaría quedaba literalmente a un par de minutos.
115:25
tomaron mi declaración anotaron su descripción pero nos dijeron que no había mucho con qué trabajar durante las dos semanas siguientes el papá de mi novio me llevó en auto a la escuela cada mañana incluso entonces iba mirando por encima del hombro todo el camino temiendo encontrar de nuevo a ese hombre plantado en alguna acera no mucho después nos mudamos Historia 17 Esto ocurrió hace tanto tiempo que casi parece un sueño, excepto que todavía recuerdo cada detalle con la misma nitidez que si hubiera pasado ayer.
116:08
Era 1988 o tal vez 1989, y yo tenía unos 10 años, viviendo con mi familia en Calgary, Alberta.
116:19
Teníamos una casa modesta en un pequeño cul-de-sac tranquilo donde todos los vecinos se conocían.
116:25
Y de niña, yo pensaba que era el lugar más seguro del mundo.
116:30
Cada mañana y cada tarde tomaba un atajo para volver de la escuela. En lugar de rodear por la calle, saltaba a la cerca del patio trasero.
116:39
Era alta, probablemente de unos siete pies, pero del otro lado había dos grandes cajas de cable pegadas a la barda, lo que hacía fácil trepar y pasar.
116:49
Llevaba años haciéndolo y nunca me lo cuestioné.
116:53
Justo detrás de nuestro cul de sac había una franja de área verde que separaba nuestra calle de una hilera de casas adosadas.
117:00
Todos los niños de la cuadra íbamos en bici y jugábamos a las atrapadas allí, zigzagueando entre las hileras de viviendas y subiendo y bajando por los caminillos.
117:11
Era nuestro parque.
117:12
Aquel día de octubre era el de las fotos escolares, y recuerdo que venía caminando a casa aún con el atuendo que mi mamá me había elegido. sosteniendo el pequeño peine que nos daban para el cabello.
117:25
El sol estaba brillante pero bajo en el cielo, proyectando sombras largas sobre el pasto.
117:31
Todo se sentía normal, hasta que dejó de serlo.
117:35
Mientras avanzaba por la franja verde frente a las casas adosadas, vi a alguien delante de mí. Un hombre.
117:43
Estaba barriendo hojas cerca de la puerta de una de esas viviendas. Tenía la espalda vuelta. No era grande. De hecho, era más bien delgado, con una mata de cabello cobrizo rizado que casi resplandecía a la luz del sol.
117:57
Parecía un vecino cualquiera haciendo una tarea cualquiera.
118:01
Pero en el instante en que lo vi, mi cuerpo se heló.
118:04
Mis pies se detuvieron antes de que siquiera me diera cuenta.
118:08
Aún puedo recordar cómo se sentía el aire a mi alrededor.
118:12
pesado quieto y como el corazón me empezó a golpear como si hubiera estado corriendo aunque no me había movido ni una pulgada se me anudó el estómago no tenía ninguna razón para temerle a ese hombre pero estaba paralizada cada nervio en mi cuerpo me gritaba que me alejara solté un jadeo involuntario Una bocanada aguda que sonó demasiado fuerte en el silencio.
118:40
Él se dio la vuelta lentamente, con el rastrillo en la mano, y me miró directamente.
118:47
Su voz no fue dura en absoluto, casi suave, como si tratara de tranquilizarme. «No tienes por qué tenerme miedo», dijo.
118:57
Y en ese instante sentí que el hechizo se rompía.
119:00
Me oí tartamudear.
119:02
No, no lo tengo. Pero en cuanto las palabras salieron de mi boca, eché a correr.
119:08
Esta vez ni me molesté en usar las cajas de cable.
119:12
Prácticamente volé por encima de la cerca y me lancé a la puerta trasera de nuestra casa. La cerré con llave y me quedé con la espalda pegada a ella hasta que el corazón se me calmó.
119:23
Me senté ahí un largo rato, esperando a que mis padres volvieran. Cuando llegaron les conté acerca del hombre y de lo asustada que me había sentido, porque en realidad no había pasado nada.
119:35
No me había tocado.
119:37
Ni siquiera había levantado la voz.
119:40
Mis padres lo atribuyeron a que me había sugestionado, y al cabo de unos días, incluso yo empecé a pensar que quizá había exagerado.
119:49
El hombre no volvió a aparecer, y pronto la vida volvió a la normalidad.
119:54
Un par de semanas después me desperté a mitad de la noche con destellos rojos y azules proyectando sombras raras en las paredes de mi cuarto.
120:03
Mi mamá entró y me dijo que algo estaba pasando detrás de la casa.
120:07
Me preguntó si quería mirar desde el balcón del segundo piso.
120:11
A mis diez años sonaba emocionante, así que la seguí escaleras arriba.
120:16
Lo que vi allí se me quedó grabado para siempre. Los coches de policía llenaban la calle.
120:22
agentes con equipo pesado cruzaban el césped con perros tensando las correas incluso había un ariete pequeño que dos hombres llevaban hasta la puerta de una de las casas adosadas en el aire fresco de la noche con las luces las radios y el sonido de las botas sobre el pavimento se sentía como una escena de película entonces lo vi el mismo hombre delgado con el cabello rojo brillante siendo sacado de la casa esposado La cabeza baja, el rostro pálido bajo las luces intermitentes.
120:58
Recuerdo que me giré hacia mi mamá, casi histérica, repitiendo una y otra vez.
121:04
Es él, ese es el hombre que vi.
121:07
Por primera vez, sentí que mi miedo se había justificado.
121:11
No supimos de inmediato qué había pasado dentro de esa casa.
121:15
No fue sino hasta uno o dos días después que mi mamá se sentó conmigo con el periódico.
121:21
Aquel vecino amable, el que me dijo que no tenía por qué tener miedo, tenía a dos niñas de mi edad encadenadas en su sótano.
121:29
El periódico decía que las habían sometido a cosas inimaginables.
121:33
Pienso mucho en ese día, lo cerca que estuve, lo fácil que habría sido convertirme en otro nombre en ese artículo.
121:42
Aún me estremece recordar lo educado que sonó cuando me dijo que no tuviera miedo, porque él era exactamente la persona a la que debía temer.
121:55
Historia 18 Este año cumplo 19, y aunque todo ocurrió cuando tenía 15, todavía se me hace un nudo en el estómago cada vez que lo recuerdo. En aquel entonces cursaba mis estudios de secundaria en Francia, torpe sola y pegada a Internet todo el tiempo.
122:15
Acababa de abrir mi primera cuenta de Twitter, pequeña, con quizá 20 o 30 seguidores, y me gustaba que nadie del colegio ni de mi familia supiera de ella.
122:26
Mi foto de perfil era un avatar genérico y había puesto París como ubicación, aunque en realidad vivía en las afueras.
122:34
Se suponía que sería mi pequeño rincón privado en Internet.
122:38
Una tarde de octubre apareció una notificación. Era un mensaje privado de alguien que no conocía.
122:45
La cuenta tenía unos 200 seguidores. Su mensaje era educado, escrito en francés, pero con un nombre que sonaba extranjero. «Hola, me llamo Mark. Tengo 17 y pronto me mudaré a tu ciudad.
122:59
Voy a ir al instituto de allí y aún no conozco a nadie».
123:03
El nombre de mi pueblo aparecía escrito tal cual en el mensaje. Se me cortó la respiración. Sabía que nunca lo había puesto en mi bio.
123:12
Por un segundo pensé que me estaba acosando, pero recordé que semanas antes había tuiteado sobre los autobuses de mi zona y había mencionado el pueblo.
123:22
Tal vez solo buscó la palabra clave y me encontró.
123:25
Me repetí que no era nada. Su edad tampoco me pareció rara.
123:30
Yo había adelantado un curso y la mayoría de mis compañeros eran más jóvenes que yo de todos modos. Así que tras dudar unos minutos le respondí.
123:39
Al principio todo fue normal, incluso divertido. Hablamos del comedor escolar, de profesores, del trayecto. Por la noche empezó a deslizar preguntitas personales. ¿Vives lejos del colegio, en casa o en piso? ¿Vives con tus dos padres? No te quedas sola en casa muy a menudo, ¿verdad?
123:59
Me hicieron sonar una pequeña alarma interna. Las ignoré, pensando que si insistía lo bloquearía, pero no lo hizo. Era demasiado sutil. Seguimos hablando al día siguiente y al siguiente.
124:13
Él siempre contestaba a mis dudas con una sinceridad fácil, como si quisiera construir confianza.
124:20
Mientras tanto yo no le daba detalles sobre mi casa, pero poco a poco empecé a tomarle cariño.
124:27
Era amable, atento, siempre decía lo que yo necesitaba oír.
124:33
Después de años de acoso escolar, eso era como agua en el desierto.
124:38
Bajé la guardia.
124:39
En Francia tenemos un descanso de dos semanas en octubre.
124:43
El día antes de retomar clases me dijo que por fin se mudaría a mi pueblo y que vendría a mi instituto.
124:50
Preguntó dónde podíamos vernos el primer día de vuelta.
124:54
Yo sugerí que nos encontráramos en el vestíbulo durante el recreo, pero él dijo que quizá no me reconocería entre tanta gente y que no quería perder tiempo buscándome.
125:05
Quizá en algún sitio más tranquilo, propuso.
125:08
Era una bandera roja que ignoré. Le dije que nos viéramos en el baño de la tercera planta durante el recreo de la mañana. Un lugar fuera de límites durante el descanso, para estar solos.
125:20
Me pareció un poco inquietante, pero me convencí de que en un recinto escolar no podía pasar nada malo.
125:27
Al día siguiente me arreglé un poco, emocionada por conocerlo al fin.
125:31
Cuando sonó el timbre del recreo, corrí escaleras arriba y esperé. Y entonces entró.
125:37
Era él. Se parecía a su foto de perfil, pero mayor. No 17 a 20, quizá más.
125:45
Charlamos un rato y era encantador, igual que en línea.
125:49
Al acabar el recreo me pidió ir a comer a un fast food. Me negué porque no tenía dinero y nunca dejó que me paguen.
125:56
Puso cara de decepción, pero ofreció acompañarme a la parada del autobús después de clase.
126:02
Eso se convirtió en nuestra rutina.
126:05
Nos veíamos en el baño durante el recreo y él me llevaba a la parada por la tarde.
126:10
Extrañamente no lo veía en ningún otro sitio, ni en los pasillos ni en el comedor.
126:16
pero siendo un instituto tan grande asumí que simplemente no coincidíamos así estuvimos unas seis semanas luego el 14 de diciembre cometí un error le conté lo sola que estaría esa noche mi padre fuera del país mi madre trabajando hasta tarde mis hermanos ausentes para entonces había acumulado tanta confianza que me pareció inofensivo compartirlo Esa tarde me acompañó a la parada como siempre. Subí al autobús, le hice adiós con la mano, me puse los auriculares.
126:51
Ya estaba oscuro.
126:52
Dos paradas después me bajé y lo sentí de inmediato.
126:57
ese instinto inexplicable el hormigueo en la nuca dejé la música en pausa pero mantuve los auriculares puestos para que pareciera que no oía pasos detrás de mí lentos constantes no miré atrás mi barrio por la noche era silencioso nadie alrededor mis dedos buscaron las llaves en el bolsillo temblando cuando llegué a mi puerta corrí de algún modo logré entrar golpear la hoja al cerrarla y echar el seguro.
127:29
Mi alarma pitó, confirmando lo que ya sabía. Estaba sola en casa.
127:35
A través del panel de vidrio de la puerta, lo vi. Mark, de pie a pocos metros, con una expresión que me heló la sangre. Me había seguido.
127:45
Durante un minuto nos quedamos mirándonos. Cuando se me pasó el estupor, corrí a la cocina, agarré un cuchillo y volví a la puerta.
127:53
Él seguía allí. Ahora golpeaba el cristal con tanta fuerza que pensé que podía romperse.
128:00
Rodeó la casa aporreando las contraventanas. Yo me apreté contra la puerta rezando para que resistiera.
128:07
Por fin aparecieron unos faros.
128:09
El coche de mi vecino entrando en su entrada.
128:12
Mark salió disparado hacia la oscuridad.
128:15
Mi teléfono vibró con mensaje tras mensaje suyo.
128:19
Lo bloqueé. Creó cuentas nuevas. Cada una apenas un amasijo de números con su inicial. Y desde cada una envió insultos y amenazas hasta que eliminé mi perfil por completo.
128:31
Más tarde, por curiosidad, hablé con chicos del instituto que supuestamente estaban en su clase.
128:37
Ni uno solo había oído hablar de un Mark, no era estudiante, nunca lo fue, y por eso jamás lo vi en ninguna parte salvo cuando y donde él quería que lo viera.
128:49
Aún no sé qué habría pasado si no hubiera corrido, si la puerta no hubiera aguantado, si mi vecino no hubiera llegado justo entonces, pero sí sé que nunca más voy a subestimar mis instintos.
129:06
Historia 19 Todo empezó hace poco más de un año, cuando mi familia y yo acabábamos de mudarnos al vecindario en el que vivimos ahora.
129:17
Era octubre y la casa se sentía inusualmente calurosa por las noches. A mi hermana le pareció buena idea abrir la ventana para que entrara aire fresco mientras terminaba la tarea.
129:28
Yo estaba en mi cuarto preparándome para dormir cuando, de pronto, ella irrumpió pálida y nerviosa.
129:35
Dijo que había escuchado pasos afuera, el sonido de alguien moviéndose entre las hojas caídas justo debajo de su ventana.
129:42
Al principio lo descarté y supuse que sería un animal. Pero cuando la seguí de vuelta a su habitación y me quedé allí unos minutos, yo también lo oí. Clarísimo.
129:53
Hojas crujiendo bajo pasos lentos, deliberados.
129:57
Miramos hacia el patio justo a tiempo para escuchar algo corriendo hacia el bosque. Nos inquietó, pero no pensé que fuera nada grave.
130:06
resultó ser el comienzo de algo mucho más extraño.
130:10
Con la llegada del invierno, pasé bastante tiempo explorando el bosque detrás de la casa. Me gustaba trepar árboles y adentrarme hasta los campos abiertos del fondo.
130:20
Después de la primera nevada de verdad, estaba emocionado por salir y me subí a mi árbol de siempre para contemplar el paisaje blanco.
130:29
Fue entonces cuando vi algo que me dejó helado, huellas en la nieve que iban directamente hacia mi casa.
130:35
Al principio no me pareció raro, pero luego caí en cuenta de que no venían de nuestro jardín.
130:41
Empezaban en algún punto profundo del bosque, avanzaban en línea recta hasta nuestra vivienda y luego se devolvían.
130:49
No serpenteaban ni se desviaban como las de alguien dando un paseo. Se movían con intención, como si quien fuera nos hubiese estado observando.
130:59
Las seguía hasta que se perdían en una cerca oxidada cubierta de nieve.
131:03
pasaron meses e intenté no darle vueltas pero en octubre del año siguiente ocurrió algo que hizo imposible ignorarlo una noche estaba acostado mi cuarto completamente a oscuras cuando escuché el picaporte girar despacio con cuidado alguien empujó la puerta para abrirla se me detuvo el corazón yo siempre cierro la puerta al irme a la cama Me quedé rígido bajo las sábanas, cada músculo en tensión.
131:33
Pensando que quizá había sido mi hermana, le mandé un mensaje rápido para preguntarle si había entrado a mi habitación.
131:40
Respondió casi al instante.
131:42
Ni siquiera estaba en casa.
131:45
Estaba al otro lado de la ciudad con una amiga. Ahí me invadió el pánico. Metí la mano bajo la almohada y agarré la porra que guardo allí. Luego le escribí a mi papá.
131:56
Entró corriendo minutos después con un cuchillo, encendiendo las luces mientras registrábamos la casa de arriba abajo.
132:03
Todo estaba cerrado.
132:05
La alarma seguía activada y nada parecía fuera de lugar, pero yo sabía lo que había oído y no podía quitarme de encima la sensación de que alguien había estado dentro.
132:17
más tarde ese invierno unos parientes vinieron de visita y se quedaron en el sótano una noche mi tío se despertó alrededor de las tres cero cero de la madrugada con esa sensación inquietante de que alguien lo observaba a medida que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad vio a un hombre afuera junto a la ventana del sótano Lo describió como delgado, con el pelo largo agitándose en el aire frío, temblando mientras miraba hacia adentro.
132:46
Mi tío gritó, agarró al bebé y subió a toda prisa.
132:50
Por la mañana salí a buscar alguna prueba y encontré la marca tenue de una zapatilla en la nieve, justo al lado de la ventana donde él lo había visto. Encajaba a la perfección con su relato.
133:02
El hombre se había apoyado contra el costado de la casa para asomarse.
133:06
Las cosas se calmaron por un tiempo, pero anoche pasó algo que me llevó al límite.
133:12
No podía dormir y, como las luces navideñas que suelo dejar encendidas me estaban molestando, las desconecté y traté de descansar en la oscuridad total.
133:22
Justo cuando me estaba quedando dormido, escuché el sonido agudo de las cuerdas de mi guitarra siendo rasgueadas, seguido de algo que se caía, como si alguien lo hubiera golpeado y luego intentara atraparlo.
133:36
Mi cuerpo se paralizó.
133:38
Cada instinto me gritaba que no estaba solo.
133:41
Mi porra estaba en el escritorio, demasiado lejos para alcanzarla sin exponerme.
133:47
Así que hice lo único que podía. Fingí estar dormido.
133:52
Los minutos se arrastraron como horas, hasta que oí un quejido tenue proveniente del cuarto de mi hermana.
133:59
Eso bastó para romper mi parálisis. Agarré el teléfono, encendí la linterna y me armé con la porra.
134:06
Irrumpí en su habitación gritando, esperando lo peor. Pero ella estaba bien, tan sobresaltada por mí como yo aterrorizado por ella.
134:16
Me quedé allí temblando, con lágrimas corriéndome por la cara, mirando el pasillo negro que llevaba a mi cuarto.
134:24
Nunca me he sentido tan convencido de que alguien estaba dentro de nuestra casa, observándonos, aguardando.
134:31
Después de todo, los pasos entre las hojas, las huellas en la nieve, el picaporte girando, el avistamiento de mi tío y ahora esto...
134:42
No puedo evitar creer que alguien ha estado acechando a mi familia, quizá colándose por las noches, tal vez planeando algo peor. Y solo pensarlo me ha dejado más aterrado que cualquier otra cosa que haya vivido.
135:01
Historia 20 Acepté el trabajo del laberinto porque necesitaba un respiro de las computadoras y de las llamadas de clientes.
135:09
Aire fresco, tareas sencillas y un salario que alcanzara para el alquiler sonaban perfectos.
135:15
Para octubre, fichaba, tomaba mi radio y mi linterna frontal, metía un puñado de pulseras y el mapa del laberinto en el bolsillo y me dedicaba a ayudar a la gente a perderse con seguridad.
135:28
El laberinto estaba en la parte trasera de una granja familiar a las afueras de Peoria, Illinois. El señor y la señora Kay lo administraban todo. Paseos en carreta, sidra, cabras y el laberinto de maíz de seis acres que se suponía era la atracción principal.
135:45
Me gustaba el trabajo, las noches olían a tierra y azúcar, y mis compañeros eran adolescentes del pueblo que aún encontraban todo gracioso.
135:55
Teníamos el caos habitual, niños perdidos, papás que creían poder atajar a través del maíz, parejas que se escabullían buscando privacidad, nada que no pudiera manejar.
136:07
Era una noche tranquila cuando lo vi por primera vez. Estaba de pie sobre una bala de heno para contar los grupos que entraban cuando noté un movimiento que cortaba en diagonal entre las hileras, cruzando el patrón, no siguiéndolo.
136:21
Nuestros recorridos nunca se cruzaban así.
136:24
El diseño del laberinto era simétrico, sin atajos, sin diagonales.
136:30
Pero aquella figura se movía con seguridad.
136:33
como alguien que conociera una ruta privada. ¿Ves eso? Le pregunté al chico que controlaba las pulseras. Entrecerró los ojos. ¿Dónde?
136:44
Allí, por la estación 2, cruzando en línea recta. Se encogió de hombros. Será Ed revisando el riego.
136:52
Pero Ed no caminaba así. Ed se bamboleaba. Ese se deslizaba.
136:58
Antes de que pudiera decir algo más, la figura se fundió de nuevo con el maíz, tragada por el ruido y las risas.
137:05
Aquella noche lo dejé pasar. El laberinto confunde la percepción de profundidad. Las luces parpadean. Los sonidos rebotan. Es fácil imaginar a alguien donde no hay nadie.
137:17
Aún así, cuando terminó mi turno, conduje a casa intranquilo.
137:22
El patrón del mapa impreso del laberinto, las líneas perfectas, seguían destellándome en la cabeza. No había ninguna diagonal en ninguna parte.
137:32
La noche siguiente empezó igual.
137:34
Viento entre las cañas, niños riendo, radios crepitando con los altibajos de objetos perdidos y hallados.
137:42
Hacia las nueve, cuando la última luz del día se desvanecía, lo volví a ver.
137:47
la misma silueta alta silenciosa observando no iba por uno de nuestros senderos estaba entre ellos alguien patrullando el lado oeste pregunté por la radio estática y luego voces Estoy en el puesto de sidra. Eh, en el estacionamiento. Nadie.
138:09
Revisé la fila de salida y lo vi otra vez, de pie junto a la puerta de emergencia. La cabeza ligeramente vuelta hacia el laberinto, inmóvil como un espantapájaros.
138:20
Señor, pulsera, por favor. Le llamé.
138:24
Levantó la mano a medias. Luego la bajó y se metió de nuevo en el campo, atravesando la pared de maíz. no por la salida.
138:32
Fue cuando me cayó el 20. No era un cliente.
138:36
Estaba entrando desde afuera y solo yo me daba cuenta.
138:40
Empecé a ponerlo a prueba. En mis descansos vigilaba distintas salidas y cada vez reaparecía en un lugar nuevo.
138:48
Una vez cerca del remolque de comida, otra junto al puente.
138:53
Nunca se quedaba mucho.
138:55
Solo iba y venía como si tuviera accesos secretos.
138:59
La noche siguiente tomé el vehículo todoterreno y recorrí el terraplén exterior, una cresta de tierra que usábamos para las rondas del personal.
139:09
Mi linterna barría el campo, partiéndolo en oro reluciente y oscuridad reptante.
139:15
A mitad del lado oeste vi una hendidura estrecha entre las cañas, paralela al sendero del laberinto. como si alguien hubiera tallado un pasillo privado las hojas estaban dobladas con limpieza no aplastadas y en la base huellas de botas frescas copiado dije por la radio «Tengo un corte en el cuarto oeste. Definitivamente no es natural mantente ahí». Llegó la voz tranquila del señor Kay.
139:44
Apagué el todoterreno y escuché. La noche se quedó quieta. Luego, tenuemente, un solo paso, no en el laberinto, sino afuera, en ese corredor oculto. Volví a encender la linterna, nada más que maíz. Las huellas se veían nítidas, los bordes limpios. Había estado allí hacía minutos.
140:05
«Ciérrenlo», dijo por fin el señor Kay.
140:09
Luces encendidas, todos fuera.
140:12
Los reflectores retumbaron al encenderse. Las familias se quejaron, pero salieron en orden. Escané cada rostro al salir, esperando que él estuviera entre ellos.
140:23
Si lo estaba, se confundía a la perfección.
140:26
Cuando la multitud se afinó, lo oí de nuevo. Un paso rápido y pesado justo más allá del alcance de la luz.
140:34
Luego silencio.
140:35
Eso fue todo.
140:37
Un solo sonido que no debería haber estado ahí. No encontramos a nadie. A la mañana siguiente caminé por el sendero oeste. El corredor privado seguía visible y, en una de las curvas ciegas, alguien había atado un trozo de bramante a la altura de la cintura, cruzando el camino, como un lazo.
140:57
Lo corté, me quedé mirándolo y entendí que quienquiera que fuera no intentaba asustar a nadie.
141:04
Estaba planeando algo, nos repetimos que era una broma, sabíamos que no lo era, después de eso la granja añadió nuevas reglas, dos personas por patrulla, cámaras en la cabeza, nadie entraba solo al laberinto, aún así cada noche se sentía un poco distinta, más callada, como si el campo estuviera esperando.
141:27
Tres noches después, Ross me habló por radio desde dentro.
141:31
Estación 5, escucho desgarros en el lado oeste.
141:35
Copiado, dije, ya en camino hacia el terraplén.
141:39
El sonido iba y venía, como si alguien arrastrara un palo por las cañas.
141:45
Cuando llegué a la cresta, apagué la luz para escuchar.
141:49
Mis latidos se acompasaron con el ritmo del viento.
141:52
Entonces el maíz se movió, tres hileras frente a mí, demasiado parejo para ser viento, demasiado bajo para ser un venado.
142:02
Alcé la lámpara y alcancé a ver el más leve temblor de movimiento entre los tallos.
142:06
Ninguna figura, solo el rastro sacudiéndose como si alguien se retirara rápido por ese pasadizo oculto.
142:14
Me llevé el silbato a la boca y soplé tres veces, nuestra señal de cierre.
142:19
Todos los visitantes se quedaron inmóviles, las radios crepitaron.
142:24
La voz del señor Kay entró clara.
142:26
Todo el personal, guían hacia las salidas.
142:30
Para cuando llegó el refuerzo a mi posición, el sendero ya estaba vacío otra vez.
142:36
Pero las huellas frescas contaban la misma historia. Él había estado allí.
142:41
Cerramos antes de tiempo, devolvimos el dinero de las entradas y llamamos al sheriff.
142:47
un agente vino tomó notas y nos dijo que estuviéramos atentos eso en un pueblo pequeño significa no podemos hacer mucho a menos que agarre a alguien pasaron días sin avistamientos luego el miércoles por la mañana antes de abrir llegué temprano para revisar el terraplén el maíz se erguía lo bastante alto como para tapar el sol di un paso y sentí algo engancharse en mi espinilla Otra cuerda de bramante está atada entre los postes de la cerca del lado del personal, lo que significaba que había estado fuera del laberinto, caminando por donde solo nosotros pasábamos.
143:27
Lo informé por radio, desaté la cuerda y me la guardé en el bolsillo.
143:32
Por primera vez noté lo quieto que estaba todo, sin viento, sin insectos, solo el crujido bajo de la puerta metálica detrás de mí.
143:42
Me quedé más tiempo del necesario, fingiendo revisar la cerca mientras intentaba no mirar por encima del hombro.
143:50
Esa tarde me ofrecí para la patrulla del terraplén, linterna frontal, silbato, radio, herramientas simples.
143:58
Al principio solo oía risas dentro del laberinto, familias, linternas, el sonido del maíz rozando abrigos.
144:06
Pero alrededor de las 9.00, esas risas se diluyeron.
144:11
Los grupos avanzaron y por un momento no quedó nada más que el maíz respirando con el viento.
144:18
Luego dos golpecitos suaves, como la punta de una bota dando impaciente contra la tierra.
144:24
«Terrapleno este», susurré. «Posible movimiento cerca de la estación cinco».
144:30
Ross respondió. «Mantengo a mi grupo. ¿Quieres que revise?» «Negativo. Quédate donde estás».
144:38
Me agaché, apuntando la lámpara a través de la cresta. El maíz más cercano a mí se inclinó apenas.
144:45
Una leve reverencia y rebote, como si lo hubiera rozado un hombro al pasar.
144:51
No veía ninguna figura, pero sabía que había alguien allí, usando el mismo pasillo oculto de antes.
144:58
Arranqué el todoterreno, no para perseguir, sino para hacer ruido, para que quien estuviera ahí supiera que no estaba solo.
145:07
El motor llenó de sonido la oscuridad y, a los pocos segundos, las hojas volvieron a quedarse quietas.
145:14
Aquella noche no atrapamos a nadie. Nunca lo haríamos.
145:19
Para el fin de semana, el laberinto volvió a la normalidad. Llegaban familias, chillaban los niños y la temporada avanzaba hacia Halloween. Pero incluso cuando no pasaba nada, no podía dejar el hábito de escanear las esquinas.
145:33
Una vez que ves movimiento contra el mapa, dejas de confiar en los mapas.
145:38
Nuestro día final de limpieza llegó a principios de noviembre. El maíz ya estaba quebradizo, medio colapsado por la helada.
145:47
Recorrí el terraplén por última vez, en parte para cerrar el ciclo, en parte porque no podía evitarlo.
145:55
El pasillo privado seguía marcado en el campo, una cicatriz pálida donde los tallos no lograban levantarse de nuevo.
146:02
Lo seguía hasta la línea de la cerca.
146:05
Más allá estaban los árboles y la zanja, el escondite perfecto para alguien lo bastante alto como para moverse sin ser visto.
146:13
De pie allí, entendí lo fácil que le habría sido observarlo todo desde ese hueco en sombras.
146:20
Años después todavía pienso en aquel otoño. El laberinto funciona cada año.
146:25
Ahora es más seguro. Más luces, cámaras, patrullas.
146:30
A veces me llaman para consultar. Les digo qué buscar. Cortes limpios en el maíz. Nudos de bramante a la altura de la cintura. Senderos que corren en paralelo en lugar de cruzarse.
146:43
La gente supone que el miedo nace de no saber dónde estás. Pero trabajar allí me enseñó que el miedo real es saber que otra persona sabe exactamente por dónde pasarás y esperar a que dobles esa esquina.
146:56
Nos repetimos que era una broma. Sabíamos que no lo era.
147:00
Las revisiones del perímetro importan. Tu mapa no es su mapa.
147:09
Historia 21 Llevaba meses trabajando desde casa, ahogándome entre hojas de cálculo y cenas de microondas. Así que cuando encontré una aplicación de intercambio de hogares que permitía a la gente cambiar de lugar por el fin de semana, me sonó ajuste fácil. Sin hoteles, sin multitudes, solo casas reales y gente real.
147:31
Así conocía a Kurt y Dana.
147:33
Su cabaña en las Smoky Mountains parecía perfecta.
147:37
Terraza de madera, luz cálida saliendo por las ventanas, vistas al bosque.
147:43
Escribieron, «Nos vamos a la ciudad este fin de semana. Es toda tuya. Disfruta de la tranquilidad».
147:51
Parecían normales, perfiles verificados, reseñas entusiastas.
147:57
Intercambié mi apartamento en Nashville con ellos por dos noches y salí a la carretera temprano el viernes.
148:04
Cuando por fin tomé el camino de grava, me llegó ese olor otoñal, humo de pino y hojas húmedas.
148:11
La cabaña estaba delante tal cual las fotos.
148:14
Acogedora, silenciosa, invitante. Solo hubo algo que no encajó.
148:20
Su SUV seguía aparcado junto al porche.
148:23
Dentro, el lugar estaba cálido.
148:26
Demasiado cálido. Dos abrigos colgaban junto a la puerta, húmedos en las mangas.
148:32
En la mesa de centro, una taza a medio llenar. Y en la estufa, una sartén todavía con salpicaduras de salsa de tomate.
148:40
Me habían dicho que se habían ido una hora antes, pero la casa contaba otra historia.
148:46
Hola, llamé. Nada, recorrí las habitaciones esperando encontrar a alguien haciendo maletas.
148:53
El espejo del baño seguía empañado. Una toalla retorcida en el suelo.
148:59
Me repetí que se marcharon con prisa.
149:02
Tal vez se les olvidó recoger. Les escribí.
149:05
Hola, acabo de llegar. El lugar se ve genial. Gracias de nuevo.
149:11
Aparecieron los tres puntos y luego se desvanecieron. Sin respuesta, deshice algo de equipaje, intentando no darle vueltas.
149:20
Entonces llegó un golpe sordo desde debajo del entarimado. El anuncio mencionaba un sótano.
149:27
Encontré la puerta, pequeña, cerca de las escaleras de la cocina, cerrada con un pestillo sencillo. Me agaché a escuchar. Nada salvo un soplido tenue por la rejilla, como aire corriendo por las tuberías.
149:42
Otro sonido, un clic suave, como metal contra madera al otro lado.
149:48
Retrocedí, medio riéndome para mis adentros.
149:52
Cabaña vieja, ruidos nuevos, pero en el fondo algo no cuadraba.
149:58
Encendí la tele solo para tener ruido de fondo, pero cada poco minuto el piso crujía bajo mis pies.
150:05
Un paso, pausa, otro. Me dije que eran los conductos de calefacción dilatándose.
150:11
Entonces vibró la tablet que había en la mesa.
150:14
termostato sala ajustado a 73 grados raro yo no la había tocado la tomé y se abrió una pantalla de control de hogar inteligente aparecían dos termostatos planta principal y sótano el del sótano estaba activo configurado a 68 grados lo toqué La aplicación me bloqueó pidiendo una contraseña.
150:38
Fue cuando noté una lucecita roja encendida en la estantería.
150:42
Una cámara, pequeña, discreta, como esas de monitor para bebés.
150:48
La tablet volvió a emitir un aviso. Alguien acababa de acceder a la cámara de forma remota. La levanté y la apunté hacia la pared.
150:57
Entonces entró un mensaje de Kurt. «Hey, ¿todo bien?» Respondí. «Sí, pero ¿se les olvidó apagar el sistema de cámaras?» «Nada. Diez minutos después, otro golpe desde abajo.
151:10
Más fuerte esta vez. Me quedé quieto, mirando la puerta del sótano. Volví a escribir».
151:18
¿Seguro que se fueron? Suena como si aún hubiera alguien abajo. Llamé a la línea de ayuda de la aplicación de intercambio.
151:26
La agente sonaba serena. Si te sientes inseguro, sal y llama a las autoridades locales.
151:32
Colgué y agarré mi bolso.
151:34
No estaba en pánico. Solo se me había acabado la cortesía. Al girar hacia la puerta principal, oí un crujido amortiguado.
151:43
El pestillo del sótano se movió.
151:46
No mucho, sólo lo justo para ese sonidito que hacen las puertas cuando cambia la presión al otro lado.
151:53
Aceleré el paso hacia afuera, bajé los escalones.
151:57
Las llaves me temblaban en la mano.
151:59
El bosque estaba inmóvil. La niebla había espesado.
152:03
Lancé el bolso al coche y abrí la puerta.
152:06
Entonces volvió a vibrar el teléfono.
152:09
Otro texto de Kurt.
152:11
Todo está bien. No te preocupes por el sótano. Sin puntuación esta vez.
152:17
Sin carita.
152:18
Sólo esas palabras.
152:20
No contesté.
152:22
Arranqué y puse marcha atrás.
152:24
Los faros barrieron el porche. Fue cuando vi la puerta. Bien abierta y un hombre de pie a mitad de la escalera. Descalzo. Mirándome.
152:34
No le distinguía bien la cara con la luz. Sólo su contorno. Alto y rígido.
152:41
Puse la marcha hacia adelante de golpe y salí disparado por el camino.
152:45
Me temblaban tanto las manos que casi se me cae el móvil intentando marcar el 911.
152:51
Pero otra vez no había señal.
152:53
Sin cobertura en el valle. Conduje hasta ver un diner con un neón y me metí. Mi primer pensamiento coherente fue llamar al sheriff. Dos ayudantes me encontraron allí veinte minutos después. Les expliqué todo.
153:07
La puerta abierta, el mensaje, la cámara, la pareja.
153:12
Intercambiaron miradas indescifrables. «Iremos a echar un vistazo», dijo uno. «Puedes seguirnos si quieres».
153:20
Lo hice, aunque cada instinto me gritaba que no. La cabaña se veía tranquila cuando llegamos.
153:27
Luz del porche encendida, sin movimiento dentro.
153:31
Los agentes llamaron, se identificaron y luego abrieron.
153:35
El calor nos golpeó primero. Ese mismo bochorno atrapado. Pero ahora todo estaba impecable. Sin tazas, sin abrigos, sin sartén en la estufa, sin bao en el baño.
153:48
La puerta del sótano estaba cerrada, con el pestillo echado otra vez.
153:53
Los ayudantes bajaron con linternas.
153:56
Yo esperé arriba, clavando la vista en la mesa de centro vacía donde antes había estado la tablet. Cuando subieron uno dijo, «Hay una cama hecha ahí abajo. Parece que alguien ha estado viviendo aquí, pero no hay nadie».
154:10
Antes de que pudiera responder, unos faros cruzaron el porche.
154:14
Un SUV plateado entró, el mismo que vi al llegar.
154:19
kurt y dana se bajaron tranquilos como siempre sonriendo ay gracias a dios dijo la mujer acercándose directo a nosotros estábamos tan confundidos los agentes pidieron aclaraciones ella explicó alegre que hubo un malentendido que se les olvidaron un par de cosas antes de salir y que sólo volvían a recogerlas yo dije me dijeron que se habían ido hacia horas ella se rió como si yo dramatizara «Ay, habrá sido el autocorrector.
154:51
Ya sabes cómo es». Su marido se quedó ahí con las manos a la espalda.
154:57
Los oficiales nos miraron alternativamente. «Parece una confusión», dijo uno. «No ha pasado nada.
155:04
Tomaron una declaración rápida. Me recomendaron quedarme en otro sitio esa noche y se marcharon».
155:11
Al darme vuelta para irme, algo en la mesa me llamó la atención.
155:15
Una nota doblada.
155:16
Perdón por las molestias. Por favor no menciones el sótano.
155:21
Me la metí al bolsillo y salí sin mirar atrás. Me registré en un motel carretera abajo y me quedé despierto hasta el amanecer.
155:28
No dormí. No pude.
155:31
Por la mañana presenté un informe a través de la aplicación, adjunté capturas de los mensajes y describí todo. El representante prometió una investigación. Dos días después el anuncio había desaparecido. Ni rastro de Kurt y Dana. Sus fotos de perfil, sus mensajes, borrados.
155:51
Una semana más tarde me llegó un correo de la aplicación pidiendo disculpas por las molestias y reembolsando mis créditos. Y ya.
155:59
Sin explicación, sin confirmar quiénes eran.
156:02
Empecé a preguntarme si la cabaña siquiera era de ellos. Dos meses después recibí un email promocional de la aplicación. Encuentra tu próxima escapada.
156:13
Hice clic por costumbre. Ahí estaba. Misma cabaña, mismas fotos. ese mismo resplandor amarillo por las ventanas, pero ahora listada con nombres nuevos. Kelsey y Mark.
156:26
La reporté otra vez.
156:28
El anuncio desapareció al día siguiente. Llamé a la aplicación, furioso. El agente solo dijo, «Gracias por avisarnos».
156:37
Sin respuestas, solo ese tono corporativo al que no le importa lo que viste.
156:43
A veces, cuando repaso ese fin de semana, me pregunto qué habría pasado si hubiera bajado esas escaleras, si hubiera ignorado esa corazonada y abierto la puerta del sótano.
156:53
Porque cuanto más lo pienso, menos creo que fuera un malentendido.
156:58
la sincronización de los acontecimientos, los retrasos en los mensajes y la calefacción que seguía funcionando en el sótano.
157:06
Todo se sentía ensayado como si ya lo hubieran hecho antes. Tal vez la aplicación no era la trampa, tal vez lo era el intercambio. Dijeron que se iban todo el fin de semana, pero no se habían ido en absoluto. Han pasado tres años, y ahora cuando mis amigos presumen de fines de semana baratísimos o de Airbnbs acogedores, yo sonrío y les digo que se aseguren de que los dueños de verdad se marcharon.
157:33
Porque a veces la gente no se muda afuera, solo se muda al piso de abajo.
157:42
Historia 22 Pasé la mayor parte de ese otoño caminando solo por el monte.
157:49
Empezó como una salida de un apartamento estrecho, una forma de sentir algo distinto al aire reciclado.
157:56
Cada mirador se sentía como un premio al final de una semana larga. Cinco minutos de paz, un par de fotos y el regreso a casa bajo una luz anaranjada. Aquel sábado fue uno de esos días perfectos de mediados de octubre en que el valle de Shenandoah parece irreal, rojos y dorados mezclándose entre sí.
158:16
Aire lo bastante fresco para espabilarte, pero no tanto como para arder.
158:21
Ya había hecho dos senderos y me dirigí a un último mirador antes de volver.
158:26
Cuando aparqué, el sitio estaba vacío.
158:29
Un muro bajo de piedra corría a lo largo del borde, agrietado y con musgo, con un cartel que advertía no alimentar a la fauna. Estacioné, saqué mi mini trípode y sujeté el teléfono.
158:42
Temporizador activado. Tres pitidos. Clic. No buscaba nada elaborado. Solo una foto para mí. Prueba de que había estado allí. El viento agitaba los árboles abajo. Y en algún punto de la ladera, un cuervo protestó antes de callarse otra vez.
159:00
Fue entonces cuando entró un sedán. Se deslizó despacio desde la carretera principal, un cuatro puertas azul oscuro, y aparcó dos plazas más allá, con los faros apagados. El conductor no salió.
159:14
El motor siguió encendido. Nada gritaba peligro de inmediato. La gente se detiene en miradores todo el tiempo. Pero hubo algo en la manera en que estacionó, el morro apuntando a la carretera, El ángulo cerrado para salir rápido, que se me quedó grabado.
159:32
Volví la vista a la pantalla del teléfono y alcancé a ver el reflejo tenue del coche detrás. El conductor estaba desplomado, bajo, casi invisible.
159:43
Al darme la vuelta para comprobar, se incorporó de golpe.
159:47
Me dije que quizá estaba comiendo o que era tímido, pero cada vez que miraba hacia otro lado, volvía a hundirse en el asiento.
159:55
Seguí sacando fotos, fingiendo no notar nada. El valle lucía perfecto con la luz de la tarde.
160:02
Nubes tensadas como cintas finas, pero ya no podía concentrarme en el paisaje.
160:08
Cuando me agaché para ajustar el trípode, el sedán rodó hacia delante unos pies.
160:13
escuché el crujido suave de la grava al desplazarse me giré para encararlo de frente el conductor se quedó inmóvil volví a alzar el móvil como si encuadrara otra toma en el reflejo el asiento del conductor estaba vacío pero no había oído abrir ninguna puerta y el coche no se había movido viéndolo ahora creo que fue cuando mi cuerpo entendió lo que mi cabeza no quería admitir me repetí que no era nada que estaba pensando de más pero cuanto más rato permanecía allí más raro se sentía todo quien estuviera en ese coche estaba sincronizando sus movimientos con los míos decidí recoger y marcharme caminar recto hacia mi puerta del conductor implicaba pasar por el espacio entre los dos En cambio, hice un rodeo amplio, manteniendo mi coche entre esa persona y yo.
161:07
Procuré parecer casual, como alguien que termina una sesión de fotos.
161:12
El sedán avanzó de nuevo, cerrando parte de la distancia. Desbloqué mi coche, entré por el lado del pasajero y me deslicé hasta el asiento del conductor.
161:22
El corazón me martillaba, pero las manos se movían como si supieran qué hacer.
161:28
Arranqué el motor y eché el seguro a las puertas.
161:31
El sedán se quedó al ralentí. Luego se adelantó hasta que el parachoques delantero casi tocó el mío trasero, bloqueándome.
161:40
Le mandé a mi amiga Liv un pin de ubicación y tecleé a toda prisa.
161:44
Mirador escénico. Coche raro detrás. Sin luces. No se va.
161:50
Su respuesta llegó casi al instante. Llámame ya.
161:55
Antes de hacerlo, apreté el claxon. Una nota larga y sostenida que rebotó por la ladera.
162:01
El conductor dio un respingo, sobresaltado, y luego volvió a quedarse quieto.
162:07
Mantuve el claxon pulsado hasta que me dolió el brazo.
162:11
Liv escribió de nuevo, llamando a la estación de guardabosques, «Quédate en el coche».
162:18
El sedán se acercó otro poco, luego giró las ruedas delanteras a la izquierda, intentando cruzarse sobre la línea central como para encerrarme en el apartadero.
162:28
Eso fue todo.
162:29
Pisé a fondo. Mi coche saltó hacia adelante, cortando por el estrecho hueco frente al sedán antes de que pudiera meterse del todo en el carril.
162:39
En el retrovisor el sedán no me siguió, simplemente volvió a desplazarse hacia el muro como si nada hubiera pasado.
162:47
Unas curvas más abajo vi un todoterreno del guardabosques detenido en el arsén.
162:53
El alivio me golpeó tan fuerte que casi me reí. Me puse detrás con las intermitentes, aún temblando.
163:00
El guardabosques bajó la ventanilla a medio bloc de notas, claramente sin esperar compañía.
163:06
Hay un coche más arriba. Solté.
163:09
Sedán azul, sin luces. Me estaba observando. Intentó bloquearme.
163:15
No perdió tiempo. Encendió las luces del techo y me indicó que lo siguiera.
163:20
Dimos la vuelta y subimos de nuevo la montaña. El mirador reapareció.
163:25
Las marcas de mis neumáticos seguían visibles.
163:29
El sedán estaba aparcado en el mismo sitio. El guardabosque se cruzó del lado, bloqueando la salida.
163:36
Bajó con calma, la mano flotando cerca del cinturón. Se acercó a la ventanilla del conductor.
163:43
nada señor dijo baje la ventanilla por favor silencio repitió más alto por fin el cristal zumbó hasta la mitad el conductor era un hombre treintañero largo quizá ojos ocultos por el reflejo El tono del guardabosque se mantuvo neutro.
164:04
Esta zona cierra al anochecer. ¿Le importa explicar por qué está aquí sentado con las luces apagadas?
164:11
El hombre sonrió.
164:13
No quería arruinarle las fotos a nadie, dijo.
164:16
Licencia y registro.
164:19
El hombre entregó la licencia. Al pedirle el registro, respondió que estaba en el maletero.
164:25
«No se mueva», dijo el guardabosques rodeando el coche.
164:29
Golpeó con los nudillos la placa.
164:32
Una cubierta oscura tintada deformaba los números. «Ilegal.
164:37
Va a tener que quitar esto», señaló.
164:40
El conductor no se movió, no discutió. Se quedó mirando al frente como si la conversación no fuera con él.
164:48
El guardabosques leyó la matrícula en ángulo, la apuntó y dijo... «Vamos, se va del parque ahora mismo». El hombre asintió, arrancó y se marchó despacio, como si nada extraordinario hubiera ocurrido. El guardabosques regresó a mí. «Hiciste lo correcto», dijo.
165:08
«Esa cubierta vuelve la placa ilegible para las cámaras. Presentaremos un informe».
165:14
Pregunté qué significaba.
165:17
Suspiró, podría no ser nada, podría ser alguien esquivando peajes, podría ser peor.
165:24
Hiciste bien en no enfrentarte.
165:27
Lo seguí cuesta abajo hasta que alcanzamos una zona más concurrida.
165:32
Me dijo que pasara por la oficina si quería dejar constancia por escrito, pero que no era obligatorio.
165:39
La próxima vez, añadió, si alguien te sigue sin luces, conduce directo a un lugar público. No esperes saber qué quiere.
165:49
Asentí. ¿Sólo me lo pareció a mí o tenía pinta de haberlo hecho antes?
165:55
El guardabosques no respondió.
165:57
Conduce con cuidado, dijo, y lo dejó ahí. Más tarde me detuve en un mirador concurrido, cerca de una tienda de recuerdos y una fila de casas rodantes.
166:08
El móvil vibraba con mensajes de Liv.
166:11
El guardabosques me llamó. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Quieres que vaya a buscarte?
166:18
Contesté.
166:20
Todo bien ahora, solo con mal cuerpo.
166:23
Vuelvo en breve.
166:25
Mientras escribía, miraba cada coche que pasaba.
166:28
Durante horas después, no pude dejar de revisar el retrovisor. Me repetía cómo él solo se movía cuando yo no miraba.
166:36
Siempre me había dicho que el mundo era mayormente bueno. que hacer rutas sólo significaba estar atento y ser prudente.
166:44
Pero me cayó encima lo pequeño que era ese mirador.
166:47
Un claro abierto de asfalto, sin cámaras, sin cobertura y a una decisión de un desconocido de que todo fuera peor.
166:55
Dos días después, el guardabosques me envió por correo un informe breve.
167:00
Vehículo identificado, dirección local verificada, sin órdenes de arresto pendientes.
167:06
y ya volví a leer esa línea una y otra vez sin órdenes pendientes como si eso equivaliera a seguro el lunes volví al trabajo me senté en el escritorio y repasé las fotos de ese día las tomas del mirador quedaron preciosas hojas doradas cielo limpio la neblina leve del valle abajo pero detrás de mí en dos de ellas se distingue el contorno borroso de aquel sedán aparcado lo bastante atrás como para que el parabrisas pareciera negro cada otra foto de ese otoño transmite calma esas dos no no las he borrado pero tampoco se las he mostrado a nadie ahora cuando amigos hablan de viajes en solitario o de rincones tranquilos para fotos Les digo esto, si llega un coche y mantiene las luces apagadas, vete.
168:01
No seas cortés, no esperes a confirmar lo que te dice el instinto.
168:06
Escénico es mejor con testigos, porque allá arriba, bajo toda esa belleza, un desconocido puede convertir el silencio en otra cosa por completo.
168:21
Historia 23 Todo empezó como una invitación inocente. Él estaba en mi seminario de literatura estadounidense, callado, atento, de esos que hablan poco, pero cuando lo hacen dicen algo que se te queda grabado.
168:38
Cuando mencionó la casa del lago de su familia en los Adirondacks y dijo, «Debería ir a ver los colores del otoño», aquello me pareció inofensivo.
168:47
Solo habíamos conversado un par de veces después de clases sobre los parciales y autores favoritos.
168:54
La invitación se sintió adulta, como ese tipo de fin de semana que tienen los personajes en las películas antes de que la vida se complique.
169:02
Me repetí que no era una cita.
169:04
Solo dos compañeros aprovechando el otoño antes de que cambiara el tiempo. El trayecto fue precioso. Cada milla adentrándome en la montaña se sentía como ir dejando atrás el semestre.
169:16
La señal del GPS iba y venía, pero aún así di con el camino de tierra estrecho flanqueado por abedules y arces.
169:24
Él había escrito antes.
169:26
Llegó tarde. La clase se alargó. Ponte cómoda. La cabaña parecía sacada de una postal. Revestimiento de cedro, ribetes verdes, un pequeño muelle al borde del agua.
169:40
La niebla flotaba sobre el lago.
169:43
Por un momento pensé que de verdad había entrado en una postal.
169:47
La puerta principal no estaba cerrada.
169:50
Al acercarme noté que quedaba entornada.
169:53
No mucho, lo justo para que no encajara. «Hola», llamé. «Nada». Empujé esperando ver quizá a alguien de limpieza o un técnico rematando algo. En cambio, lo que vi me dejó clavada en el umbral.
170:08
Había huellas mojadas por todo el suelo del salón, descalzas, que iban desde las puertas correderas de vidrio hacia el pasillo.
170:16
Las tablas aún brillaban de agua.
170:19
Eli, volví a llamar.
170:21
Silencio. La casa olía a sudor y cerveza vieja.
170:25
Una lámpara estaba encendida en la esquina.
170:28
En algún lugar más al fondo sonaba música.
170:31
Se me erizó hasta el último vello de los brazos.
170:35
Entré despacio, las zapatillas chirriando sobre la madera húmeda.
170:39
Mi plan era mirar solo la sala principal, llamar a Ellie y largarme al coche.
170:45
La mesa del comedor tenía dos platos servidos, ambos usados, restos, migas y una botella de vino abierta a la mitad. Alguien había estado allí hacía nada.
170:56
Saqué el teléfono para escribirle. «Oye, seguro que no hay nadie en la casa. La puerta estaba abierta y hay luces encendidas».
171:05
Antes de enviar, un ruido llegó del pasillo.
171:09
Algo húmedo, como un talón resbalando en la madera.
171:13
Luego pasos, lentos, descalzos. Me quedé helada.
171:18
Un hombre apareció. No era Eli. No era nadie que conociera. Estaba completamente desnudo. Trazas de barro le subían por las piernas, el pelo enmarañado, las pupilas dilatadas como si no hubiera dormido en días.
171:34
El pecho se le alzaba y bajaba rápido, corto, como un animal acorralado.
171:40
Por un segundo los dos nos quedamos mirando.
171:43
Entonces sonrió, una mueca nerviosa, antinatural, y dio un paso hacia mí. ¿Quién eres? Solté. Me miró como si no hubiera entendido y salió disparado directo a mí.
171:55
Grité y corrí hacia la salida, casi resbalándome con las huellas mojadas mientras él embestía por el pasillo detrás de mí.
172:04
Sus pies golpeaban la madera fuerte, rápido y regular.
172:08
Se reía, de verdad se reía.
172:11
Salía a trompicones, el corazón aporreando tanto que casi no podía respirar. Y bajé los escalones hasta el coche. Las manos me temblaban mientras arrancaba la puerta y me lanzaba dentro, cerrándola de un portazo.
172:26
un segundo después él chocó contra el vidrio la cara aplastada los ojos desorbitados baba en la barbilla empezó a aporrear la ventanilla con ambos puños gritando algo que no llegaba a entender tenía la piel tan pálida que casi relucía busqué las llaves a tiendas se me cayeron las recuperé la cabeza dejó de funcionarme el coche no arrancaba tenía las manos empapadas de sudor la llave no daba en la ranura él golpeaba más fuerte cada impacto hacía vibrar todo el bastidor por alguna razón nunca probó la manija sólo seguía golpeando con la palma dejando barro y agua embarrados en el cristal recuerdo pensar si se da cuenta si toca esa manija estoy muerta me pegué al respaldo temblando susurrando por favor por favor por favor mientras acertaba la llave una y otra vez por fin el motor rugió metí la marcha atrás tan brusco que casi me llevo la barandilla del porche Él pegó un alarido agudo, casi alegre, y dio un salto atrás.
173:40
Cambié a primera y pisé a fondo.
173:43
Por una fracción de segundo lo vi en el retrovisor, aún desnudo, aún con esa sonrisa, corriendo hasta que los árboles se lo tragaron.
173:52
No paré, ni por las señales, ni por el teléfono vibrando.
173:57
Nada.
173:59
La carretera serpenteaba cuesta abajo durante millas hasta que vi un cartel de madera.
174:04
Estación de guardabosques, 1,2 millas.
174:08
Giré tan rápido que las llantas chillaron.
174:11
Dos guardas estaban fuera, conversando junto a una camioneta. Cuando llegué, aún temblaba tanto que apenas podía articular.
174:20
Hay un hombre en la casa del lago. Está desnudo. Me... me persiguió. ¿Qué propiedad? preguntaron.
174:29
Les alargué el móvil con la dirección.
174:31
Uno la reconoció al instante.
174:34
Esa es la vieja cabaña de los Dwyer, dijo agarrando el abrigo.
174:38
Hemos tenido problemas ahí antes.
174:41
Me dijeron que esperara adentro mientras salían.
174:44
Me quedé en el vestíbulo de madera con las zapatillas salpicadas de barro.
174:49
abrazándome a mí misma y mirando el reflejo de los árboles oscuros en la ventana.
174:54
Cada vez que parpadeaba veía de nuevo su cara pegada al vidrio.
174:58
Volvieron unos cuarenta minutos después. El guarda mayor se inclinó a mi lado.
175:04
Ahora no está, pero encontramos ropa, botellas vacías, parafernalia de drogas.
175:11
Parece que alguien ha estado ocupando el lugar.
175:14
Dijiste que te invitaron. Asentí débil y les enseñé los mensajes de Eli.
175:20
«Llámalo», dijo el joven. «Aclaremos esto». Así que llamé.
175:26
Cuando Eli contestó sonaba animado. «Ya llegaste», dijo. «Ili», respondí con la voz temblorosa. «Hay alguien en tu casa».
175:36
Hubo una pausa y luego desconcierto. no no hay nadie mi primo a veces ayuda se interrumpió a mitad de frase espera dijo en voz baja cómo era se lo describí alto delgado pelo rubio oscuro treinta y pico y le soltó una maldición por lo bajo Ese es Ryan, mi primo. Él no debería estar ahí. Tiene problemas. O sea, consume.
176:06
Me quedé intentando procesarlo.
176:09
Él siguió hablando deprisa, las palabras atropelladas.
176:13
Pensé que estaba en rehabilitación.
176:15
Te juro que jamás te habría enviado si lo supiera.
176:19
El guardabosques me tomó el teléfono. Se presentó y le dijo a Eli que ellos se harían cargo.
176:25
Presentaron un parte del incidente. Me dieron un número para llamar por novedades y me ofrecieron quedarme esa noche en la cabaña de literas detrás de la estación.
176:35
No dormí nada.
176:36
Cada vez que cerraba los ojos veía la silueta del hombre en la ventana, su sonrisa, el sonido de sus manos golpeando el cristal.
176:46
A la mañana siguiente, Illy subió en persona, pálido y con aspecto enfermo. Se disculpó una y otra vez. Se ofreció a apagarme la gasolina. Incluso lloró un poco.
176:57
Dijo que su primo tenía antecedentes de brotes psicóticos y que a veces desaparecía semanas para drogarse en el bosque.
177:05
Por lo visto, la casa del lago era su escondite habitual.
177:09
La policía lo confirmó después.
177:11
Encontraron a Ryan dos pueblos más allá, otra vez desnudo, pagando por la autopista y balbuceando incoherencias.
177:19
Ni siquiera recordaba la noche anterior.
177:22
Debería haber sentido alivio, pero no.
177:25
Saber por qué no deshace lo que se sintió.
177:28
La sensación de ser presa. El olor a madera mojada y cerveza rancia. El sonido de pies descalzos golpeando el suelo mientras corría.
177:37
Esas cosas se me quedaron clavadas como astillas.
177:41
Han pasado años y aún no soporto el sonido de alguien caminando descalzo sobre madera. Me devuelve de inmediato a ese instante.
177:49
La gente siempre dice que sabría cuándo llega el peligro.
177:53
Se imagina que pelearía, que gritaría, que tendría un plan.
177:57
Yo no, yo solo me quedé rígida y corrí, y todavía ahora cuando alguien me invita a un sitio apartado, incluso por algo tan inocente como una escapada de fin de semana, me descubro dudando, porque sigo viendo esas huellas mojadas perdiéndose por el pasillo, sigo oyendo su risa detrás de mí, y sigo sintiendo el peso de aquel segundo en que creí que el coche no arrancaría, y entendí lo cerca que estuve de no salir nunca de esa casa.
178:25
cuando entres en un lugar que te da mala espina hazle caso las puertas no se abren solas los suelos no se quedan mojados sin motivo y a veces lo que te espera dentro no es un fantasma es algo peor alguien real revisa siempre antes de entrar y si algo te chirría vete la curiosidad no vale lo que cuesta tener razón Historia 24 Nuestro pueblo vive para octubre.
179:00
Si has venido a Burlington en otoño, sabes que todo huele a sidra, masa frita y hojas húmedas.
179:07
He sido voluntaria del Festival Otoñal desde la adolescencia, y a estas alturas básicamente me encargaba de la electricidad, los pases y los problemas.
179:17
Montamos todo en la pradera del pueblo el primer lunes del mes. Yo con mi portapapeles, un chaleco neón y demasiado café. Para el mediodía los niños ya corrían entre los puestos. La música del acordeonista del autobús resonaba sobre el lago y el vapor de la sidra se enroscaba en el aire. Era un caos enfundado en franela y me encantaba cada segundo.
179:41
La primera vez que lo vi, pensé que era otro turista grabando.
179:45
Sudadera con capucha, gorra, móvil en vertical.
179:50
Estaba junto al templete, con la lente apuntándome directamente.
179:54
Cuando le pedí que se moviera unos pasos, sonrió. Tranquilo, educado. Y lo hizo.
180:01
Nada del otro mundo.
180:03
Pero al día siguiente volvió.
180:06
Chaqueta distinta, la misma funda con una esquina rota.
180:10
Yo estaba enrollando un cable alargador cuando lo atrapé en el reflejo de un cartel metálico.
180:16
La cámara seguía apuntándome.
180:19
No apartó la mirada.
180:21
Mantuvo el teléfono levantado como si yo fuera parte del espectáculo.
180:25
Para el viernes ya era un patrón. Lo veía, o veía a alguien lo bastante parecido, cada día.
180:32
Corro diferente, otro lugar, la misma carcasa quebrada.
180:37
Cuando se lo conté a mi amiga Jess, se encogió de hombros.
180:41
Seguro está filmando la feria.
180:43
Sí, dije forzando la risa.
180:46
Debo ser fotogénica cuando pego cables al suelo.
180:50
Pero empecé a sentir esa punzada de que su lente me seguía incluso cuando él no estaba a la vista.
180:56
El sábado trajo lluvia de la constante que convierte el césped en barro y hace que el olor a palomitas sea más intenso.
181:03
Abrimos igual.
181:05
La gente vino con paraguas, perros y suéteres. Y entonces lo vi de nuevo junto a la fila del kettle corn. Cada vez que lo miraba de frente bajaba el móvil. Cada vez que me giraba lo alzaba otra vez.
181:18
Se lo dije a Jess. Dijo que se lo comentaría al director de parques. pero a nadie le gusta armar un escándalo por un tipo que graba.
181:26
Así que seguí trabajando, fingiendo que no pasaba nada.
181:31
El cierre era el domingo por la noche. La pradera se veía cansada como exhalando después de una semana larga.
181:38
Los puestos medio desmontados, las guirnaldas de luces todavía brillando bajo la bruma.
181:44
Yo estaba en la limpieza final. Bolsa industrial en una mano, pinza de basura en la otra.
181:50
Fue cuando lo vi.
181:52
Un teléfono sobre un banco junto al roble. Pantalla negra, esquina rota.
181:57
Al principio pensé que a alguien se le cayó.
182:00
Pasa todo el tiempo. Pero cuando lo levanté, la pantalla se encendió sola mostrando una foto.
182:08
Yo descargando cajas de la furgoneta de suministros el día anterior, tomada desde detrás de un árbol.
182:14
La pantalla de bloqueo fue rotando imágenes, yo barriendo junto al puesto de sidra, caminando hacia mi coche, incluso una en la que aparecía abriendo la puerta lateral de mi apartamento.
182:26
Fue entonces cuando el aire a mi alrededor cambió.
182:30
Todo, grillos, viento, voces lejanas, se quedó mudo.
182:34
Puse el teléfono boca abajo y caminé directo a mi coche.
182:38
Llamé a la línea no urgente de la policía. Encontré un móvil, dije, con la voz lo bastante temblorosa para delatarme.
182:47
Hay fotos mías de toda la semana.
182:50
Enviaron a una agente para reunirse conmigo junto al kiosco.
182:54
Llegó rápido, calmada, con cara de quien ya ha visto de todo. Le pasé el teléfono por la ventanilla. Pulsó el botón de encendido e incluso con la luz azul de la pantalla le vi cambiar el gesto.
183:08
¿Lo encontraste aquí, en ese banco? Asentí.
183:12
Quédate en tu coche. Si alguien lo está rastreando, puede volver a buscarlo.
183:17
Caminó por el borde de la pradera con su linterna, peinando los árboles. Llegó otra patrulla.
183:24
Pasaron diez minutos.
183:26
Luego la vi regresar hablando por el micrófono de su chaleco. Se inclinó hacia mi ventanilla. Quienquiera que sea el dueño acaba de intentar localizar el teléfono mediante la función buscar mi iPhone, dijo.
183:40
La señal se está desplazando junto a los árboles.
183:43
Me quedé helada.
183:45
Está aquí.
183:46
No respondió de forma directa.
183:49
Cierra los seguros.
183:51
Entonces se giró, la linterna cortando la oscuridad hacia los arces.
183:56
Desde donde estaba, vi el haz parpadear entre troncos. Una vez atrapó algo. tela, quizá, y se esfumó.
184:05
El segundo oficial se le unió, avanzando en arcos amplios. Mi aliento empañaba el cristal. Lo oí antes de ver nada. El roce rápido de una chaqueta contra la corteza.
184:17
Luego una figura agachada, deslizándose entre los árboles hacia el estacionamiento.
184:23
—¡Policía, alto! —gritó la agente.
184:27
La silueta se hundió más en la oscuridad. Mi mano se tensó sobre el claxon, lista para atronar. Pero algo en mí dijo, quédate en silencio. Ellos lo siguieron entre los árboles. Yo esperé y esperé.
184:42
Los minutos se estiraron. Llegó una tercera patrulla, con las luces atenuadas, y después una unidad K-9.
184:50
Alcanzaba a ver destellos de movimiento, voces cantando distancias.
184:55
Borde norte revisa el aparcamiento. Luego nada. Por fin volvió la primera agente, el pelo húmedo de sudor o de bruma. Quizá ambas cosas.
185:06
Se fue, dijo.
185:08
La señal se perdió cerca del estacionamiento. Patrullaremos la zona esta noche.
185:13
Me dio una tarjeta.
185:15
Si recuerdas algo, lo que sea, llama a este número.
185:20
Pensé que ahí terminaría, pero dos noches después no.
185:25
La policía pasó el número del teléfono por su sistema. Al día siguiente me dijeron que habían encontrado a un hombre caminando a tres cuadras de mi apartamento. capucha arriba con tres móviles encima lo ficharon por allanamiento y violación de la libertad condicional no confirmaron si era el único seguí trabajando en el festival al año siguiente la gente preguntaba por qué volver y sinceramente no sabía explicarlo El miedo te hace esconderte o redoblar tu apuesta.
185:56
Yo elegí lo segundo. El pueblo añadió torres de cámaras, nueva iluminación y una norma. Ningún voluntario se va solo después de oscurecer.
186:08
Imprimieron recordatorios de seguridad en los paquetes de orientación. Si te están grabando, muévete en parejas. Llama a la policía de inmediato.
186:17
Ese apartado fue mío.
186:19
Aún así, el hábito se quedó.
186:22
Miro los espejos cuando camino hacia el coche. Llevo una pequeña alarma en el llavero.
186:28
Llamo a alguien cada vez que salgo de un evento de noche, aunque sea Jess medio dormida murmurando al teléfono.
186:35
Y pienso en lo que dijo la agente cuando lo vio por primera vez.
186:39
La prueba no siempre trae una cara. Tenía razón. Puedes atrapar a alguien, sí. Pero nunca capturas del todo la sensación de que te estaban mirando antes de que supieras que existían.
186:51
El octubre siguiente, la feria volvió. Más grande que nunca. Yo también. Chaleco. Radio. El mismo trabajo. El mismo olor a sidra.
187:02
Me reí cuando el músico volvió a tocar su viejo tema de acordeón.
187:07
Ate cables y fingí que todo estaba bien. Pero cuando llegó la última noche y los puestos se apagaron, lo seguí sintiendo.
187:15
Ese cosquilleo en la nuca que dice que alguien podría estar ahí. Quizá sea paranoia. O quizá el mundo recuerda.
187:23
En todo caso, cuando hago mi barrido final, siempre miro ese banco bajo el roble para asegurarme de que esté vacío.
187:30
Y cada vez que regreso al coche, me llevo a alguien conmigo.
187:34
Porque lo más aterrador de aquella semana no fueron las fotos.
187:38
Fue comprender lo fácil que es convertir la atención en posesión.
187:43
Él no gritó, no corrió, no habló. Solo miraba. Y ahora cada vez que veo un teléfono alzado entre la multitud, una parte de mí se pregunta si está pasando otra vez.
187:59
Historia 25.
188:02
Ocurrió hace dos años, a inicios de noviembre, el día que cumplí 28.
188:07
Recuerdo que el aire tenía ese frío quieto que solo sientes en el noroeste del Pacífico, con la niebla pegada al suelo y todo pesado.
188:16
Llevaba alrededor de un año trabajando en un pequeño puesto de café con doble ventanilla para autos, escondido junto a una carretera secundaria a unos 30 minutos de Seattle.
188:27
La mayoría de quienes pasaban eran habituales que volvían del trabajo, las mismas caras de cada tarde.
188:34
Siempre hacía cierres entre semana y aperturas los fines de semana.
188:39
No me molestaba.
188:40
El silencio nunca me inquietó.
188:43
Incluso cuando caía la noche y me quedaba sola, me sentía segura, encerrada en esa cajita de luz rodeada de árboles y asfalto.
188:52
Había escuchado historias de otras baristas sobre tipos raros que las seguían a casa, o se quedaban rondando los puestos después del cierre. Pero siempre me parecían cosas que les pasaban a otras.
189:04
Esa sensación se terminó en mi cumpleaños.
189:07
Era jueves, 7 de noviembre, como a las 6 y 45 de la tarde.
189:13
Estaba pasando un paño por las encimeras, limpiando la máquina de expreso. ya pensando en irme.
189:19
Después de las 6.30 casi no llegaba nadie.
189:23
Afuera estaba negro, el estacionamiento vacío salvo por mi coche, aparcado bajo la única farola que parpadeaba.
189:31
Recuerdo que me agaché para tomar el spray desinfectante cuando algo me llamó la atención.
189:37
Un movimiento justo del otro lado del vidrio. Me quedé rígida.
189:42
Un hombre estaba de pie afuera, junto a la ventana cerrada.
189:46
No había hecho ningún ruido, ni un paso, ni el crujido de la grava, nada.
189:53
Simplemente estaba allí, totalmente inmóvil, sonriéndome a través del cristal como si hubiera estado esperando a que yo lo notara.
190:01
La sonrisa no parecía natural, demasiado amplia, demasiado tensa.
190:07
Al principio pensé que podía ser uno de los transeúntes que a veces pasaban pidiendo agua.
190:12
Normalmente no atendía a gente a pie después de anochecer, pero como ya me había visto, supuse que no podía ignorarlo.
190:20
Abrí la ventana apenas una rendija y le di un saludo cortés, de esos que usas cuando ya estás intranquila.
190:27
Se presentó como Iván. Lo dijo despacio, como queriendo que lo recordara.
190:33
parecía de mi edad ropa limpia pelo corto y oscuro un ligero acento de europa del este quizá ruso pero fueron sus ojos lo que me descolocó eran claros y brillantes pero a la vez vacíos cuando me miró sentí una incomodidad inmediata e inexplicable como si mi cuerpo supiera algo que mi cabeza todavía no no pidió nada al principio se quedó ahí observándome le pregunté dos veces que quería que le preparara y las dos veces sólo sonrió antes de preguntarme de dónde era cuánto llevaba trabajando ahí si me gustaba estaba tranquilo incluso amable pero había algo en la manera de hablar que me erizaba la piel no era lo que decía sino lo deliberado que se sentía todo De pronto, sin venir a cuento, preguntó, ¿tienes novio?
191:28
Y me molesté en ocultar el fastidio.
191:31
Le dije que no, que debía terminar de cerrar, y me giré para dejar claro que la conversación había acabado.
191:39
Al apartarse de la ventana volvió a sonreír. «Te veré muy pronto», dijo en voz baja y se alejó en la oscuridad.
191:48
Era lo último que quería oír.
191:50
Aquella noche eché el cierre más rápido de lo normal.
191:54
Incluso al subir al coche sentí que me observaban.
191:58
Al día siguiente me repetí que estaba exagerando.
192:01
Solo otro cliente raro, nada más.
192:04
Ese viernes por la tarde, casi a la misma hora, estaba cuadrando la caja cuando noté movimiento afuera.
192:11
Al girarme hacia la otra ventanilla, el pecho se me apretó.
192:15
Iván estaba de pie, sonriendo y saludándome a través del cristal. Pero esta vez, en lugar de esperar, alargó la mano y deslizó él mismo la ventana para abrirla.
192:26
Nadie hacía eso. La forma en que lo hizo, con calma, despacio, como si el lugar le perteneciera, me dejó el cuerpo en tensión absoluta. «Estoy cerrada», le dije, con voz baja pero firme. «Tendrás que volver mañana».
192:44
él solo ensanchó la sonrisa y respondió está bien no vine por café vine por ti sentí una descarga de rabia mezclada con miedo le dije que se fuera que mi jornada había terminado y tenía que marcharse la sonrisa se le borró de golpe sustituida por esa misma mirada fría fija sin parpadear «Entonces te veré mañana», dijo, en un tono plano, antes de darse la vuelta y desaparecer detrás del edificio.
193:17
No me moví durante casi un minuto.
193:20
Podía sentir que seguía cerca, aunque ya no lo viera.
193:24
Por fin me obligué a apagarlo todo y correr hacia el coche.
193:28
En todo el trayecto a casa no pude quitarme de la cabeza aquella expresión ni la extraña seguridad en su voz cuando dijo que me volvería a ver.
193:37
La mañana siguiente era sábado, mi turno temprano, empezando a las 5.00.
193:43
Aún estaba oscuro cuando abrí, y me pasé rato mirando de reojo las cámaras de seguridad mientras trabajaba, medio esperando que apareciera en alguna pantalla.
193:53
Las primeras horas transcurrieron con normalidad.
193:57
Luego, alrededor de las 8.30, vi entrar a un viejo pick-up conocido en el estacionamiento. Era mi ex Jonathan.
194:05
No habíamos hablado en meses. Me engañó y ahí se acabó.
194:09
Así que, cuando se detuvo frente a la ventanilla, me quedé confundida.
194:14
Dijo que sólo quería felicitarme por mi cumpleaños, que había estado pensando en mí.
194:20
Estaba a punto de decirle que no quería conversar cuando vi a alguien cruzando el aparcamiento en dirección al puesto.
194:27
Iván.
194:29
Esta vez se veía distinto, pálido, con los ojos enrojecidos como si no hubiera dormido. Lloraba o parecía recién llorado.
194:38
Susurré rápido a Jonathan que no se fuera. Debió ver algo en mi cara, porque asintió sin preguntar.
194:46
Iván se detuvo en la ventana opuesta.
194:49
Le dije que no lo atendería y que debía irse, pero me interrumpió a mitad de frase y lanzó algo por la abertura.
194:56
Cayó con un golpe seco sobre el mostrador.
194:59
Un pasaporte, su pasaporte.
195:03
Ya no lo necesito. Dijo, «Ahí se me revolvió el estómago. Nadie entrega su pasaporte a menos que esté a punto de hacer algo irreversible».
195:13
Me miró como sabiendo que yo lo entendía.
195:16
Luego casi en un susurro dijo, «Dios vino a mí anoche». Me dijo, «Tú eres mi esposa. Me perteneces. Te vienes conmigo ahora».
195:28
Empezó a subirse al alféizar de la ventana.
195:31
La deslicé de golpe para cerrarla. Eché el seguro. Me temblaban tanto las manos que casi dejó caer la traba.
195:39
Su cara cambió al instante. Se le secaron las lágrimas y los ojos se le pusieron abiertos y desquiciados.
195:46
Luego desapareció de mi vista. Segundos después escuché el pitido del teclado de la puerta trasera.
195:53
Estaba intentando entrar.
195:55
Me repetí que sería imposible que adivinara el código y entonces lo oí. El clic del cerrojo liberándose.
196:02
La puerta empezó a abrirse. Primero se asomó una hoja larga.
196:07
Su mano apretada alrededor del mango.
196:10
Grité tan fuerte que el eco rebotó en las paredes.
196:13
Corrí hacia la ventanilla delantera. Golpeé el vidrio y le grité a Jonathan.
196:18
«Tiene un cuchillo».
196:20
Jonathan salió de la camioneta en cuestión de segundos.
196:23
Apenas me dio tiempo a girarme cuando Iván cruzó la puerta, cuchillo en mano, murmurando una y otra vez lo mismo. «Eres mi esposa, eres mi esposa».
196:35
Entonces, de la nada, Jonathan apareció detrás. Le rodeó el cuello con un brazo y lo tiró hacia atrás con tanta fuerza que los pies de Iván se levantaron del suelo.
196:46
Los dos se estrellaron fuera. Jonathan le trabó los brazos alrededor del cuello, gritándole que lo dejaría inconsciente si se movía.
196:55
Iván se quedó flojo, sin lucha, sin resistirse, solo esa misma mirada serena y escalofriante clavada en mí.
197:04
La policía llegó pocos minutos después, aunque a mí me parecieron horas.
197:08
Inundaron el lugar, requisaron el cuchillo y arrastraron a Iván hasta el patrullero.
197:14
No se resistió.
197:16
Siguió repitiendo.
197:18
Ella es mi esposa. Dios me dijo. Me pertenece.
197:22
Dejé ese trabajo poco tiempo después. Cada vez que llega noviembre aún pienso en ese cumpleaños, en el que bien pudo haber sido el último.
197:36
Historia 26.
197:39
Era noviembre de 2011 y acababa de cumplir 21. Había terminado la universidad unos meses antes y me había mudado a Manila para hacer una pasantía en una organización no gubernamental de construcción de paz.
197:52
Al mismo tiempo, jugaba fútbol semiprofesional en la Liga Nacional del país.
197:57
una mezcla rara de mundos que, de alguna forma, me encajaba entonces.
198:02
Era joven, idealista y, quizá, demasiado confiado para mi propio bien.
198:08
Aquella tarde de sábado llovía a mares de esa lluvia cálida e implacable que vuelve la ciudad un laberinto de paraguas y reflejos.
198:17
Cancelaron el entrenamiento porque la cancha estaba inundada. Así que, en vez de regresar a mi piso, decidí ir a conocer un mercado de frutas que había visto en mi guía de Lonely Planet.
198:29
Esto fue antes de que Google Maps estuviera en todas partes, así que andaba prácticamente a la deriva, siguiendo unas direcciones garabateadas en papel y una confianza mal ubicada en mi sentido de orientación.
198:42
En algún punto cerca de una intersección transitada, debía de verme perdidísimo, porque dos mujeres, una de mediana edad y otra de veintitantos, se me acercaron bajo un paraguas compartido.
198:56
Me preguntaron a dónde iba y les hablé del mercado de frutas.
199:00
Empezamos a conversar y, de esa manera casual en que a veces las charlas dan un giro, Mencionaron que habían vivido en Londres, en el mismo barrio del que yo venía.
199:11
Parecía demasiada coincidencia como para cuestionarla.
199:15
Tal vez era nostalgia, o tal vez sólo ganas de creer en la buena suerte, pero ese hilo mínimo de conexión derribó cualquier cautela que pudiera haber tenido.
199:26
Me dijeron que el mercado que buscaba no era gran cosa y que ellas conocían uno mejor, aunque tendríamos que tomar un taxi para llegar. Dudé, pero eran amables, sonrientes e insistentes, y no quería parecer grosero ni desagradecido.
199:41
Así que me subí al taxi con ellas.
199:44
El conductor nos metió por callejones angostos y retorcidos que parecían más pasajes que calles.
199:50
Los edificios se apretaban cada vez más y el ruido del tráfico se fue diluyendo, hasta quedar reemplazado por el rumor lejano de música y el golpeteo de la lluvia sobre techos de metal corrugado.
200:04
Cuando el taxi se detuvo, me di cuenta de que no estábamos cerca de ningún mercado, al menos no de uno que vendiera fruta.
200:12
Nos guiaron a través de un pequeño laberinto de callejuelas hasta llegar a una casa sencilla de dos plantas, igual a cualquier otra de esa zona.
200:20
Dijeron que primero debíamos entrar a descansar y comer algo.
200:25
cada instinto en mí se encendió con inquietud pero me repetí que estaba bien hospitalidad cultural no por dentro el lugar estaba en penumbra atiborrado de cosas y olía levemente a cigarrillo y fritura Una televisión pequeña pasaba videos de karaoke y, sentado cerca, había un hombre que casi no habló.
200:48
Solo asintió cuando entramos. Me ofrecieron una cerveza y me fijé con atención en cómo la abrían frente a mí.
200:55
Recuerdo pensar que mientras viera destapar la botella, estaría a salvo.
201:00
Cantamos algunas canciones, nos reímos un poco y yo hice lo posible por mantener la naturalidad, aunque sentía una presión rara en el pecho.
201:10
Esa sensación de que algo no encaja, pero todavía no puedes ponerle nombre.
201:15
Al rato una de las mujeres sacó una bandeja de cerdo a la barbacoa. Tenía hambre y, siendo sincero, ni lo pensé dos veces.
201:24
Si cuidé algo, fue la bebida, no la comida.
201:28
di un bocado y de inmediato percibí un gusto extraño amargo casi químico antes de procesar lo que significaba empecé a sentirme pesado los párpados me pesaban como sacos de arena La última imagen nítida que se me quedó grabada fue la de la chica más joven, muy cerca de mí, con el micrófono en la mano, cantando Hey Jude, con una sonrisa rara, casi juguetona.
201:56
El estribillo retumbaba en mi cabeza mientras la vista se me nublaba. Luego todo se apagó.
202:02
Lo siguiente que recuerdo es despertar en un cuarto oscuro con un aire denso, ajeno.
202:08
Me incorporé desorientado, tratando de recomponer dónde estaba.
202:13
Me martillaba la cabeza, tenía la boca seca y por un momento pensé que estaba soñando.
202:20
Cuando por fin salí tambaleando, ya era de noche y ya no estaba en Manila.
202:25
De algún modo estaba en Davao, a casi mil kilómetros de distancia. Lo más aterrador es que, en realidad, tenía programado volar a Davao al día siguiente por trabajo.
202:37
Técnicamente, debía estar allí, pero no conservo memoria alguna de cómo subía ese avión.
202:44
Mi colega dijo que cuando llegué, aparentaba estar bien, solo cansado.
202:50
Pero no recuerdo el aeropuerto, ni el vuelo, ni el taxi, nada.
202:56
Al revisar mi cuenta bancaria, habían retirado 200 dólares.
203:00
La cartera y el teléfono seguían conmigo. lo que lo hacía aún más extraño.
203:06
Más tarde supe que una droga llamada Adaban, común en Filipinas, podía volver a alguien dócil mientras borraba por completo sus recuerdos.
203:15
La gente podía caminar, hablar, incluso funcionar con normalidad.
203:20
Pero después no recordaba nada de lo ocurrido. No sé qué pasó en esas horas perdidas, si solo me drogaron y me robaron o si sucedió algo mucho peor.
203:32
Los detalles se disolvieron en algún punto entre aquel último bocado de barbacoa y el despertar en otra ciudad. Lo único que sé es que me ocurrió algo terrible y que esas horas extraviadas no volverán jamás.
203:49
Historia 27 Llegué a Estados Unidos desde Serbia cuando tenía 13 años, a comienzos de los 90.
203:57
Mi madre y yo veníamos para reunirnos con mi hermano mayor, que llevaba algunos años viviendo en New Jersey.
204:04
Él me sacaba 15 años, ya estaba casado y con la vida establecida. Me dijeron que por fin volveríamos a vivir juntos como familia, aunque entonces yo no sabía que mi madre no pensaba quedarse de forma permanente.
204:19
Cuando aterrizamos en el aeropuerto internacional John F. Kennedy de Nueva York, estábamos cansadas y nerviosas, pero emocionadas.
204:28
El plan era que mi hermano nos recogiera allí.
204:31
Recuerdo que apretaba en la mano un papelito con su dirección y su número de teléfono.
204:36
Era todo lo que teníamos.
204:38
Pero al pasar por inmigración y salir al área de llegadas, él no estaba.
204:43
Esperamos lo que se nos hizo eterno, revisando cada rostro, y no hubo rastro de él ni de su esposa.
204:51
Era antes de que todo el mundo tuviera móvil, así que no había una forma fácil de llamar o comprobar dónde estaba.
204:58
Tras unos treinta minutos de espera angustiosa, un hombre alto se acercó de repente. Pronunció nuestros nombres en un serbio impecable, sonrió con calidez y se presentó como compañero de trabajo de mi hermano.
205:11
Dijo que conducía taxis con él y que mi hermano no había podido venir porque su esposa se había puesto de parto.
205:18
El bebé se adelantaba. Nos pidió que no nos preocupáramos. Lo habían enviado para recogernos y llevarnos a la casa de mi hermano en New Jersey.
205:28
Mi madre se relajó de inmediato al oírlo hablar nuestra lengua. Parecía amable, cortés y bien enterado de detalles sobre mi hermano y su mujer.
205:37
Empezaron a charlar con naturalidad, riéndose de lo impredecibles que pueden ser los bebés, pero yo no lograba sacudir una sensación extraña.
205:47
Tal vez era la manera en que me miraba por el retrovisor o esa sonrisa que nunca le alcanzaba los ojos.
205:54
No lo sé, solo sabía que no me gustaba.
205:57
Viajamos por lo que parecieron horas, por carreteras desconocidas. Mi madre intentaba mantener la conversación mientras yo miraba por la ventana cómo la ciudad se desvanecía en suburbios.
206:09
Al cabo de un rato, el hombre dijo que haríamos una parada para desayunar.
206:14
ya que llevábamos mucho tiempo viajando, sonó razonable, hasta que se detuvo frente a una casa en lugar de un restaurante. Con tono jovial, nos dijo que su esposa estaba dentro cocinando y que debíamos entrar a comer antes de seguir.
206:30
Mi madre vaciló, pero no quería parecer descortés.
206:33
Cuando le susurré que algo no iba bien me reprendió en voz baja y dijo que debíamos agradecer la amabilidad del hombre.
206:41
Lo seguimos hasta la casa.
206:43
Dentro estaba oscuro, desordenado y hacía frío.
206:47
El aire olía a humedad y a comida pasada.
206:50
Mi madre intentó conversar con cortesía, pero pude notar que también empezaba a percibir que algo no encajaba.
206:57
Cuando le preguntó de nuevo cuándo iríamos a la casa de mi hermano, la expresión de él cambió.
207:03
Le sujetó la muñeca y dijo algo que me heló la sangre.
207:07
Aseguró que necesitaba una esposa que lo cuidara, que su casa necesitaba una mujer.
207:13
y que cuando oyó a mi hermano hablar de que ella venía de Serbia, decidió que sería la elegida.
207:19
Mi madre gritó e intentó soltarse.
207:22
Yo me lancé contra él, a puñetazos y patadas, pero me golpeó tan fuerte que vi destellos blancos y casi perdí el sentido. Me encerró en el sótano mientras arrastraba a mi madre escaleras arriba.
207:36
El cuarto era frío, de cemento, y olía a detergente y moho.
207:41
Grité y golpeé la puerta, pero fue inútil. El sonido apenas se filtraba a través de las paredes. Aquello se volvió nuestra rutina durante una semana. Nos dejaba salir muy temprano para que mi madre le preparara el desayuno.
207:56
Después nos volvía a encerrar abajo antes de irse a trabajar.
208:00
Había un baño pequeño y una vieja zona de lavandería allí, y nada más.
208:05
Por la noche, al volver, abría la puerta y se quedaba mirándonos mientras comía.
208:10
Era vivir dentro de una pesadilla. Una mañana mientras él no estaba, encontré una ventanita alta cerca del techo, apenas lo bastante grande para pasar, pero me subí a unas cajas y conseguí abrirla.
208:24
Mi madre me susurró que debía irme, que tenía que buscar ayuda.
208:29
Yo no quería dejarla, pero me empujó hacia la abertura, rogándome que corriera.
208:35
Me arrastré hacia el aire helado de noviembre, descalza, con solo unos shorts y una camiseta.
208:41
Tenía la piel amoratada del frío y apenas veía por dónde iba, pero corrí por la calle hasta que la gente empezó a fijarse en mí.
208:49
Algunos vecinos trataron de hablarme, pero no entendía lo que decían.
208:54
Movía los brazos, intentando que me siguieran. Finalmente, alguien llamó a la policía.
209:01
Cuando los agentes llegaron, uno intentó convencerme de que subiera a su coche.
209:06
Entonces lo vi a él. Había parado su taxi al final de la calle. En cuanto divisó a la policía, dio la vuelta y salió disparado. Yo empecé a gritar y a señalar en dirección a la casa, y los oficiales me siguieron.
209:21
Forzaron la entrada y encontraron a mi madre aún dentro.
209:25
Pasaron horas hasta que localizaron a alguien que pudiera traducir del serbio para explicar lo que había ocurrido.
209:32
Avisaron a mi hermano y, cuando llegó, estaba en shock. Su amigo le había dicho que nunca aparecimos.
209:39
Mi hermano llevaba llamando a la familia en nuestro país, aterrorizado con la idea de que hubiéramos perdido el vuelo o que nos hubieran retenido.
209:49
El hombre desapareció antes de que pudieran arrestarlo.
209:53
En aquella época, antes de controles más estrictos en los aeropuertos y de los registros digitales, era fácil esfumarse.
210:01
Mi madre no pudo con el trauma y regresó a Serbia poco después.
210:05
Yo me quedé, terminé la escuela y más tarde ingresé en la policía militar, inspirado por el agente bondadoso que ayudó a salvarnos aquel día.
210:15
A una hora, décadas después, sigo oyendo el sonido de la puerta del sótano cerrándose a mis espaldas, y revivo el instante en que me deslicé por aquella ventana hacia el aire glacial.
210:26
Fue el día en que comprendí que los instintos nunca se equivocan.
210:34
Historia 28 Crecí en el apacible campo del norte de Inglaterra, donde las noches eran de un negro absoluto y, por lo general, lo más ruidoso era el viento cortando entre los árboles. Cuando me mudé a Londres hace seis años, sentí que entraba en otro mundo por completo.
210:54
El zumbido constante de los autobuses, el resplandor anaranjado de las farolas, la sensación de que la vida de la gente no se detenía nunca.
211:04
Mi pareja había conseguido un nuevo trabajo en la ciudad.
211:07
Así que la seguí, intentando adaptarme al caos que reemplazó la quietud a la que estaba acostumbrada.
211:14
Por entonces no conducía, así que la mayoría de las noches tomaba el mismo autobús de vuelta del trabajo y luego caminaba el tramo corto hasta nuestro piso.
211:25
El paseo nunca era largo, quizá diez minutos, y siempre atravesaba una zona animada, con restaurantes que aún servían a los comensales tardíos y escaparates encendidos incluso después de anochecer.
211:38
Allí solía sentirme segura.
211:41
Eso fue antes de que llegara noviembre, trayendo esa oscuridad temprana que vuelve distintos incluso los lugares familiares, casi distorsionados.
211:51
ocurrió un viernes por la noche apenas un par de meses después de mi mudanza una colega una mujer con la que me había hecho amiga recientemente me preguntó si quería tomar algo después del trabajo mi pareja estaba haciendo turno tarde y yo seguía acostumbrándome a la vida en londres así que pensé ¿Por qué no?
212:12
Fuimos a un pub pequeño cerca de su barrio, no muy lejos del mío, aunque yo no conocía bien la zona.
212:19
Bebí solo dos o tres tragos, lo suficiente para sentir calor, pero sin llegar a embriagarme.
212:26
Alrededor de las 10.00 me despedí, con ganas de alcanzar un autobús antes de que se hiciera demasiado tarde.
212:34
Recuerdo que me detuve junto a la barra para dejar mi vaso y eché un vistazo por el mostrador.
212:40
Un hombre sentado allí me cruzó la mirada por un instante, alto, delgado, quizá de mi edad, el pelo muy corto, rapado casi al cuero cabelludo.
212:52
Esbocé una media sonrisa cortés, ese gesto torpe que hacemos cuando coincidimos con los ojos de alguien sin querer.
212:59
y me fui sin darle más vueltas afuera el aire era cortante con esa humedad fría que parece flotar sobre londres en noviembre la parada del autobús estaba al otro lado de la calle a unas 200 yardas y podía verla desde la puerta apenas había recorrido la mitad cuando una sensación extraña me recorrió la nuca Ese cosquilleo instintivo que te avisa de que alguien te está mirando.
213:26
Me giré procurando que pareciera casual y me quedé helada cuando lo vi. El hombre del bar.
213:32
Caminaba detrás de mí, no demasiado cerca, tal vez a unas veinte zancadas, pero con los ojos clavados en mí.
213:41
Repetí que me lo estaba imaginando.
213:44
Era viernes por la noche, al fin y al cabo.
213:47
Había gente por todas partes, volviendo a casa o yéndose a otro pub.
213:52
Intenté actuar con normalidad y seguí andando.
213:55
Al llegar a la parada consulté el panel y, en silencio, di gracias a Dios de que mi autobús llegara en pocos minutos.
214:03
Un instante después él también llegó, deteniéndose a apenas unos pasos.
214:08
Fijé la vista en el móvil, fingiendo desplazar la pantalla, pero podía sentir su mirada encima.
214:16
Cuando por fin levanté la vista, esperando que apartara los ojos, no lo hizo.
214:21
Su expresión no varió en absoluto.
214:24
Era una mirada tan intensa, sin parpadeos, que empecé a sentirme atrapada por ella.
214:30
Entonces me lanzó un guiño lento, deliberado.
214:34
No juguetón, no burlón.
214:37
Frío, como si me hiciera saber que veía a través de mí.
214:42
que yo sabía que me observaba y que eso le gustaba.
214:45
Cuando llegó el autobús, subí deprisa, con la esperanza de que él no me siguiera.
214:51
Se me vino el alma a los pies al oír sus pasos justo detrás de mí.
214:55
Me senté cerca del conductor, intentando aparentar calma, pero el pulso se me disparaba. El asiento de mi lado estaba ocupado, así que él se sentó al otro lado del pasillo.
215:07
No apartó los ojos de mí en todo el trayecto.
215:10
Su rostro era inescrutable salvo por un amago mínimo de sonrisa que me erizaba la piel.
215:16
Cada parada se me hacía eterna.
215:18
Seguía esperando que se bajara antes que yo, que hubiera exagerado, que todo fuera una coincidencia rara.
215:25
Pero a medida que avanzábamos me di cuenta de que el autobús se había desviado de la vía principal hacia una urbanización tranquila.
215:33
Entonces me golpeó la realidad. No iba en mi ruta habitual.
215:38
Las calles afuera eran desconocidas, flanqueadas por casas silenciosas y con apenas farolas.
215:44
El tipo de sitio donde si gritas nadie te oye. Toqué el timbre en el último segundo, con la esperanza de coger lo desprevenido. En cuanto se abrieron las puertas, salí disparada del autobús. Ni siquiera miré atrás. Caminé rápido, fingiendo saber a dónde iba. A los pocos segundos escuché el golpeteo de su zapato sobre el pavimento detrás de mí. Él también se había bajado.
216:10
Pensé en llamar a alguien, pero mi pareja estaba trabajando y no podía atender el teléfono.
216:15
Mi familia estaba a horas de distancia.
216:18
La única persona cerca era la compañera con la que acababa de estar y no contestó.
216:23
Yo me quedé allí, en pánico, mientras él se recostaba contra la parada, a apenas unos pasos, con las manos en los bolsillos y una sonrisita tenue, como si aquello fuera un juego.
216:37
Tras unos minutos que se sintieron interminables, habló de pronto. ¿Cómo te llamas?
216:43
Su voz era baja, casi casual. Mi mente se quedó en blanco un segundo antes de que soltara una mentira.
216:50
Amy. Fue el primer nombre que me vino.
216:54
Él esbozó una mueca. Dame tu número, Amy. Seamos amigos.
216:59
Lo dijo como si no fuera una pregunta. Le respondí que no, intentando mantener firme la voz.
217:05
Se le tensó la cara.
217:07
La mueca desapareció y volvió más afilada, más fina. «¿Dónde vives?», preguntó después, acercándose un paso. «Te acompaño».
217:17
Le dije que estaba esperando a un amigo que venía a recogerme.
217:21
Otra mentira, pero esperaba que bastara para que se echara atrás.
217:25
Él se quedó allí mirándome en silencio por un instante.
217:30
Luego entre dientes dijo, «Dame tu número».
217:34
Yo retrocedí.
217:35
Él avanzó.
217:37
Antes de que pudiera moverme otra vez, me agarró la muñeca con fuerza y La expresión le cambió al instante. El encanto se borró, sustituido por un destello feo de rabia. «No hace falta que seas tan desagradable por esto», siseó.
217:54
Su agarre era tan fuerte que quemaba.
217:57
Giré el brazo y de algún modo conseguí soltarme, tambaleándome hacia atrás.
218:03
Fue entonces cuando algo en mí se rompió. Corrí, no pensé, no miré atrás, al menos hasta que oí pisadas golpeando el suelo tras de mí.
218:13
Al mirar por encima del hombro, lo vi persiguiéndome, la cara retorcida de ira. Los pulmones me ardían, las piernas me flaqueaban, pero seguí corriendo porque sabía que, si me alcanzaba, ahí se acababa todo.
218:29
De la nada había dos agentes de policía acercándose desde el final de la calle.
218:35
La sola visión me golpeó tan fuerte que estuve a punto de echarme a llorar allí mismo.
218:40
Eché a correr hacia ellos, gritando, pidiendo ayuda.
218:44
Cuando los alcancé, apenas podía articular palabra entre sollozos y jadeos.
218:50
Me giré para señalar detrás de mí. El hombre seguía allí, pero ahora caminaba con calma en dirección contraria, como si nada hubiera pasado.
218:59
uno de los agentes fue tras él pero desapareció al doblar la esquina y cuando llegaron a la avenida principal ya se había esfumado el otro se quedó conmigo tomó mi declaración y al final me acompañó a casa cuando admití que no estaba segura de dónde me encontraba temblé todo el camino apenas capaz de abrir la puerta cuando por fin entré me dejé caer en la cama y lloré hasta quedarme dormida Nunca volví a saber nada de la policía al respecto, no creo que lo hayan encontrado, pero sé lo que vi en su rostro aquella noche, alguien cazando a una víctima, alguien que sentía placer en el miedo, y a veces, sobre todo cuando estoy sola en la ciudad de noche, todavía noto ese mismo cosquilleo en la nuca, la misma certeza helada de que otra vez hay unos ojos fijos en mí.
219:58
Historia 29 Tenía 13 años y estaba en mi segundo año de secundaria.
220:04
Cada invierno circulaban historias extrañas.
220:08
Año tras año, justo cuando los días se acortaban y el aire se volvía más frío, la gente volvía a hablar de un hombre en una furgoneta blanca que supuestamente recorría las calles raptando niños.
220:21
Nadie sabía nunca de dónde salía el rumor.
220:24
pero bastaba para poner a todos los nervios de punta cuando oscurecía temprano en noviembre. Aquel día en sí había sido de lo más normal.
220:34
Volví caminando del colegio con mi amiga Emma, como siempre.
220:38
Íbamos sin prisa, riéndonos de cualquier tontería, arrastrando los pies porque ninguna de las dos tenía ganas de empezar los deberes todavía. Al llegar al final de su calle, ella me saludó con la mano y se desvió. Yo seguí colina abajo por el camino largo hacia mi casa.
220:56
En ese tramo apenas había unas cuantas viviendas, y la nuestra quedaba en el borde, pegada a un campo abierto que se extendía por detrás.
221:06
Cuando entré todo estaba en silencio. Mis padres estaban trabajando y no volverían al menos en un par de horas.
221:13
Fui directa a la cocina, cogí unas galletas y encendí la tele, como de costumbre.
221:18
Ya estaba oscureciendo afuera y la luz de la cocina hacía que las ventanas reflejaran mis propios movimientos tenuemente, como si estuviera mirando a otra persona.
221:29
Durante una pausa de anuncios noté algo raro, una lucecita que se movía vista a través del cristal de la puerta trasera.
221:37
Me giré y vi unos faros cruzando lentamente el campo detrás de la casa.
221:42
Un coche rojo iba dando saltos sobre la hierba desigual, lo que me pareció en el acto extraño, porque no había ningún camino por allí.
221:51
Se detuvo a unos cincuenta pies de la puerta. Me quedé observando un momento, confundida, hasta que un hombre bajó del coche. Al principio pensé que quizá estaba perdido o que su vehículo se había averiado.
222:05
Abrí la parte superior. la pequeña hoja basculante de la ventana de la cocina y le grité ¿estás bien?
222:13
no respondió de inmediato simplemente empezó a caminar hacia mí a medida que se acercaba sentí una oleada helada de inquietud recorrerme el cuerpo Tendría unos 30 años, pelo oscuro y ropa corriente. Al llegar a la puerta habló con un tono bajo y plano. ¿Podrías abrir la puerta por favor?
222:34
Le dije que no tenía la llave, aunque en realidad estaba en el bolsillo de mi chaqueta, sobre el sofá.
222:40
Entonces preguntó si había alguien más en casa y sin pensar respondí que no.
222:46
No apartó los ojos de los míos y de repente agarró el picaporte e intentó girarlo para abrir.
222:52
Se me revolvió el estómago y corrí hacia el teléfono del salón.
222:56
Me temblaban tanto las manos que casi se me cayó. Llamé a mi padre y le grité que alguien estaba intentando entrar.
223:04
Él me preguntó si las puertas estaban cerradas con llave.
223:07
La de atrás sí lo estaba, pero caí en la cuenta de que la de la entrada no.
223:12
Eché a correr hacia allí, mientras oía un leve sonido de movimiento afuera y rebuscaba torpemente la llave en los bolsillos de la chaqueta.
223:21
Mi padre se mantuvo en la línea con la voz tensa, diciéndome que cerrara todo y que gritara que estaba llamando a la policía.
223:30
Por fin conseguí echar la llave a la puerta principal.
223:33
Regresé a la ventana de la cocina y grité que iba a llamar a los agentes.
223:38
El hombre se quedó inmóvil un segundo, mirando la casa fijamente.
223:43
Luego se dio la vuelta, caminó rápido de regreso a su coche y se marchó campo a través.
223:49
Las luces traseras se perdieron en la oscuridad.
223:53
Después de esa noche todo cambió.
223:55
Cada atardecer de invierno empezaba a correr en cuanto me despedía de mis amigas.
224:00
y no paraba hasta estar dentro de casa con las puertas aseguradas. La historia del hombre de la furgoneta blanca dejó de asustarme porque ya sabía lo que podía estar esperándote al otro lado de tu puerta cuando menos te lo imaginas.
224:18
Historia 30 Me llamo Lea y vivo en el norte de Francia, en uno de esos barrios familiares tranquilos donde todos se reconocen de vista.
224:29
Tenía 15 años cuando pasó esto.
224:32
Mis padres estaban separados y, como mi madre hacía turnos nocturnos largos como enfermera, estaba acostumbrada a quedarme sola en casa muchas veces.
224:42
Era noviembre de 2021, frío, húmedo, y ese tipo de mes en el que la oscuridad se instala antes de que te des cuenta de que la tarde se ha ido.
224:52
Aquella tarde, alrededor de las siete, estaba viendo algo en el móvil cuando de repente escuché unos golpes fuertes en la puerta principal.
225:01
No eran toquecitos, eran golpes contundentes, deliberados, que me dejaron totalmente paralizada.
225:09
No esperaba a nadie.
225:10
Tras unos segundos todo volvió a quedarse en silencio y me obligué a moverme, a mirar por la mirilla.
225:17
Nada.
225:18
La luz del porche parpadeó un poco, pero no había nadie allí.
225:23
Me quedé un momento de pie, con el corazón desbocado.
225:27
Y luego me dije que seguro había sido alguna broma de chicos del vecindario.
225:32
Las noches siguientes transcurrieron tranquilas.
225:35
Cuatro días después, el sábado, vinieron dos amigas, Luis y Satín, para una noche de películas.
225:42
Mi madre trabajaba otra vez ese turno, así que estábamos solo nosotras tres en la casa.
225:49
Hicimos palomitas, nos acurrucamos en el salón y llevábamos media película cuando subía por el cargador del teléfono.
225:56
A los pocos minutos oí a Luis llamarme desde abajo, con la voz un poco inquieta.
226:03
Cuando llegué a la escalera las dos estaban tensas.
226:06
Me dijeron que habían escuchado los mismos golpes fuertes de los que yo había hablado.
226:11
Al principio pensaron que podía ser mi madre llegando temprano, pero cuando abrieron la puerta, el porche estaba vacío. Intentamos tomárnoslo a broma. Luis dijo que seguramente era la imaginación desbocada.
226:25
Con el tiempo el ambiente se calmó y el resto de la noche fue bien.
226:29
Durante un tiempo quise creer que todo había sido mala suerte al azar.
226:33
pero el miércoles siguiente por la noche cambió todo.
226:37
Ya estaba oscuro cuando regresé del súper, con una bolsa pequeña y una caja de pasta para la cena.
226:43
Comí sola, recogí, y luego subí a terminar algunos deberes. Me puse los auriculares y subí la música para concentrarme.
226:53
No sé cuánto llevaba sentada cuando empecé a notar algo raro, vibraciones suaves a través del suelo, como golpes muy tenues que venían de abajo.
227:02
pensé que sería mi conejo que tenía la costumbre de golpear la jaula cuando tenía hambre así que lo ignoré pero los ruidos se hicieron más fuertes más secos como si alguien estuviera golpeando las paredes entonces oí el tintinear de los platos en la cocina como si los armarios estuvieran sacudiendo me quité los auriculares la casa quedó en silencio un segundo y luego llegó otro golpe sordo esta vez contra el cristal me acerqué a la parte alta de las escaleras y miré hacia el salón a través del reflejo en un espejo colgado en la pared Vi movimiento.
227:43
Alguien afuera.
227:45
Se me retorció el estómago al comprender lo que estaba viendo.
227:49
Un hombre de pie junto a mi ventana trasera, golpeando el vidrio con lo que parecía una pata de cabra.
227:56
Era alto, vestía de oscuro, y desde donde estaba podía ver el sacudón de su brazo con cada impacto.
228:03
Aún no me había visto. Me quedé clavada, observando cómo se dirigía hacia la parte delantera de la casa.
228:11
Entonces llegó el sonido del metal contra la madera.
228:14
Ahora estaba golpeando la puerta principal.
228:17
Algo se activó dentro de mí. Agarré un cuchillo de cocina y apoyé todo mi peso contra la puerta, rezando para que aguantara.
228:26
Los golpes se hicieron más fuertes, más violentos.
228:29
Cada impacto sacudía todo el marco. El corazón me latía tan fuerte que apenas podía respirar.
228:36
Aún así grité a través de la puerta que tenía la policía al teléfono y que debía irse.
228:42
En realidad no estaba llamando, pero debía de haber surtido efecto.
228:47
Tras un último golpe, el ruido cesó. Luego oí pasos corriendo y, a lo lejos, el arranque de un motor.
228:54
Entonces sí llamé a la policía de verdad.
228:58
Al colgarme quedé sentada allí, temblando y llorando. Había estado a segundos de lo que podía haber sido la peor noche de mi vida.
229:06
Unos diez minutos después llegó un patrullero.
229:09
Registraron los alrededores de la propiedad, pero quienquiera que fuese ya había desaparecido.
229:16
Me dijeron que estarían pendientes de la zona durante las noches siguientes, aunque en el fondo yo sabía que para entonces él estaría muy lejos.
229:25
Aquella noche se me quedó grabada.
229:28
Sigo viviendo en esa casa.
229:30
Y a veces me descubro escuchando ruidos que ojalá no vuelva a oír.
229:35
Si aprendí algo de todo esto, es esto.
229:38
Cuando algo se siente mal, no lo ignores.
229:42
Porque a veces lo que crees que es una broma infantil puede ser algo mucho más peligroso.